{Reseña} Andrés Ibáñez: El perfume del cardamomo (Impedimenta)

Audaces y carnales, sutiles y sorprendentes. Así son los «cuentos chinos» que Andrés Ibáñez ha reunido en El perfume del cardamomo: historias de bandidos compasivos, de viudas crueles, de damas vengativas, delicadas historias de honor y sangre. Hallamos así a una de las hijas del juez Wang, poseída mientras duerme por uno de los más intrépidos caballeros ladrones del lugar; a una mujer seducida por un zorro mientras desespera de que su marido, ausente durante largos años en una guerra lejana, regrese al hogar; o a Chi Hsin Mien, un hombre tan insaciable en sus apetitos voluptuosos que tiene a sus tres esposas desesperadas. Historias de transformaciones y encuentros, de puentes invisibles y de intrigas, de perros sabios y de bellas cortesanas del mundo flotante. (Sinopsis del editor).
9788493592745

 

Desde la llegada a Europa de las primeras traducciones de poesía y cuentos chinos han sido muchos los escritores que a lo largo de este tiempo se han visto influidos por los escenarios y por las formas peculiares de este tipo de literatura. Son incontables las obras de este tipo, incluso entre los cautivadores de la más tradicional literatura española (por ejemplo, Juan Valera).

Andrés Ibáñez nos ofrece una colección de veinticinco cuentos de variada extensión que transitan por algunos de los temas tradicionales del imaginario chino. Derivan, como confiesa el autor, de unas pocas, pero  intensas lecturas de autores como Pu SongLing. El mismo autor nos refiere en un epílogo que no ha pretendido un pastiche sino  “un homenaje a una cultura, a un sistema poético y a un cierto tono de decir las cosas que, una vez escuchado, jamás puede olvidarse”. Encontramos cuentos más narrativos o leyendas (como en Las hermanas Wang, El Regreso y El puente colgante de Bosha), mientras que otros son más bien estampas filosóficas y poéticas. Tenemos historias de engaños y disimulos, de amor, encuentros con monjes, peregrinaciones a montañas legendarias, historias de piratas, barcos gobernados por animales, zorros que se transforman en hombres, etc. El estilo del autor es directo y ágil, totalmente adecuado a las historias, todo con el aroma inconfundible de las leyendas chinas.

El Perfume del cardamomo es un título recomendable para todos los amantes del cuento y de literatura de ambientación oriental. La edición, a cargo de Editorial Impedimenta, es bellísima como es usual. RECOMENDABLE.

Puntuación: 5 (de 5)

Editorial Impedimenta (2006)
Introducción de Félix Romeo
160 págs.

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EL ARTE DEL DISIMULO (pág. 112)

Un hombre llega a un hotel en una pequeña localidad de montaña y pide una habitación para pasar la noche. Está muy cansado, ya que lleva todo el día viajando, de modo que sube, se tumba en la cama y se queda dormido. De pronto, en mitad de la noche, se despierta y descubre que hay alguien en la habitación, una figura oscura e informe que está fisgoneando en su equipaje. ¿Será un ladrón?, se dice muerto de miedo. Como en su hatillo no lleva nada de valor, prefiere hacerse el dormido a arriesgarse a que el otro le corte el cuello. De modo que permanece allí inmóvil y temblando, y ve cómo el otro finalmente se carga su hatillo al hombro y sale de la habitación.
El hombre suspira y vuelve a dormirse. Ha perdido un hatillo en el que solo había unas pocas ropas viejas, pero ha salvado la vida. Su dinero, su pipa y sus gafas las tiene con él, bien metidas debajo de la almohada. La vida a cambio de un hatillo, se dice, no parece tan mal negocio. Luego se dice que lo que pasa en realidad es que es un cobarde.
Este hombre se parece a una muchacha está recogiendo ciruelas en un huerto. Se trata de un huerto construido en la ladera de una montaña y formado por una serie sucesiva de escalones. En cada escalón crece una única y larga hilera de árboles, y la muchacha va llenando la cesta que lleva en el regazo con las ciruelas de las ramas más bajas. Cuando ve ciruelas maduras en las ramas más altas, se dice: «Están demasiado pasadas y picadas de insectos, ésas ya no se pueden comer».
Esta muchacha se parece a la zorra, que ve el reflejo de la luna en el agua y se abalanza al lago en mitad de la noche. Y cuando se encuentra con que lo que había tomado por una gran sandía pálida no era más que un poco de luz y de agua fría, se dice a sí misma: «Bueno, de todas formas no tengo hambre».
Este hombre, esta muchacha y esta zorra se parecen al grillo, que canta de forma incesante en las noches de estío y que calla temeroso en cuanto siente la proximidad de alguien que se acerca.

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Andrés Ibáñez nació en Madrid en 1961. Hombre de cultura en el más amplio sentido de la palabra, a los cinco años escribió una versión muy personal de Don Quijote y desde entonces la escritura y la música han marcado su vida. En 1989 se fue a vivir a Nueva York donde residió siete años y escribió obras de teatro en inglés, alguna de las cuales llegó a estrenarse allí. Ha escrito poesía pero sobre todo novelas como La música del mundo (1995), El mundo en la Era de Varick (1999), La sombra del pájaro lira (2003), El parque prohibido (2005),  Memorias de un hombre de madera (2009), La lluvia de los inocentes (2012) y Brilla, mar del Edén (2014), además del volumen de cuentos El perfume del cardamomo (2008). Colabora habitualmente en ABC Cultural donde escribe una columna titulada “Comunicados de la tortuga celeste”. Ha sido durante muchos años pianista de jazz.
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