{Reseña} Tomás Borrás: Cuentos gnómicos (Anthropos Editorial)

Tomás Borrás denominó “gnómicos” a los muy breves cuentos que, a partir de la guerra, incluyó en sus trece libros de narraciones, desde Unos y otros fantasmas (1940) hasta Agua salada en agua dulce (1969). Su extensión oscila entre unas pocas líneas y tres o cuatro páginas y, más que cuentos, se trata de miniensayos narrativos que, muy vanguardistamente, participan de la fábula moral, del caso ejemplar, del apunte poemático y hasta de la boutade. En ellos se encuentran varias de las mejores virtudes del escritos: su proteica cultura, sus dotes de observación, su original inventiva, su riqueza de vocabulario en el que, naturalmente, no faltan los neologismos y las piruetas vanguardistas y, otras veces, transita por el casticismo ola libre y rotunda flexibilidad de los clásicos. El autor publicó un total de doscientos tres cuentos gnómicos de los que se han seleccionado sesenta y cuatro, casi la tercera parte, con el fin de remediar el desconocimiento en que se los tiene, después de casi veinte años de instalarse la moda del microrrelato. (Sinopsis de la editorial).

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Reconozco que hasta que no vi este libro no conocía a Tomás Borrás, salvo alguna referencia a su pertenencia al grupo de escritores afiliados a la Falange durante la guerra. Estos Cuentos gnómicos son una antología de 64 de los 200 cuentos que escribió y constituye una excelente presentación de este autor totalmente olvidado en las últimas décadas.

Borrás fue un cuentista nato, lo que se muestra en la tremenda variedad de temas y formas: fábulas, cuentos fantásticos, cuentos orientales, prosas vanguardistas e incluso piezas más costumbristas y castizas. En una época dominada por la novela social no es de extrañar que la aparición de colecciones de cuentos con títulos como La cajita de asombros o Historias de coral y de jade pasara absolutamente inadvertida.

La niña y el espejo (pág. 27)

Aquella niña que se cría en el bosque encuentra un espejo, redondo. Inclinada sobre el espejo redondo, ve un rostro que la mira con curiosidad. —¿Cómo te caíste al pozo, pequeñita? —pregunta la infantil a la que emerge entre la lámina pálida. No le contesta. Y la niña que se cría en el bosque murmura con tristeza: —Está ahogada con los ojos abiertos.

Los textos vienen precedidos por un amplio estudio biográfico de José Antonio Martín y un magnífico análisis literario del exjugador de fútbol Miguel Pardeza (que se está mostrando como un gran rescatador de escritores raros) y que recomiendo no saltarse al leer el libro.

La buena educación (pág. 41)

Llegó la señora de visita y sus amigos la recibieron con sus acostumbrados distinguidos modales; el padre, la madre y los tres hijos mayores, semicírculo de actitudes atentas hacia la señora, puesta en el centro del sofá frente a la curva de sillones.
—¡Oh, sí, los sueños son muy raros! Anoche, precisamente, soñé que me había convertido en vaca. Pues, nada, que me despertaba y, sin saber cómo, yo era una vaca. Y arreglaba el cuarto y salía a la calle, iba de compras y, lo inaudito, yo era una vaca…
—Sí, los sueños son tremendos —aseveró la dueña de la casa.
—Tremendos —reforzó el cabeza de familia.
—Los sueños… Algunos sueños… Hay sueños… —conjugaban entre dientes los tres hijos mayores.
Al despedirse la señora, le hicieron desde la puerta las habituales ceremonias de urbanidad. Y cada cual se dirigió a su cuarto, sin comentar —hubiera sido de mala educación— que, en efecto, la señora aquélla se había convertido en vaca.

Cuentos gnómicos es un título oportuno para los lectores y estudiosos del género de la minificción y para los rebuscadores de autores (injustamente) olvidados. La edición de Anthropos Editorial es impecable. Totalmente recomendable.

Puntuación: 5 (de 5)
Anthropos Editorial (2013)
Edición e introducción Javier Barreiro. Estudio biográfico J. A. Martín Otín. Análisis literario M. Pardeza
LXXXVIII + 104 págs.

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Tomás Borrás nació en Madrid el 10 de febrero de 1891, estudió el bachillerato en el Instituto de San Isidro y comenzó la carrera de Derecho en la Universidad Central. Abandonó los estudios para dedicarse al periodismo: colaborador y crítico teatral de Fígaro, La Tribuna, Nuevo Mundo, El Sol, La Voz, ABC Blanco y Negro, etcétera. También se dedicó al teatro y a la novela con gran brillantez por su estilo y la profundidad de su temática. Ha dirigido compañías teatrales y ha traducido y adaptado numerosas obras.

En 1953 fue nombrado Periodista de Honor y Cronista Oficial de la Villa de Madrid. Obtuvo también el Premio Nacional de Periodismo y el Premio Nacional de Literatura.

Entre sus obras, llenas de agilidad, gracia y sensibilidad, se pueden destacar las novelas La pared de tela de araña, Checas de Madrid, Madrid gentil, torres mil, La sangre de las almas. Sus obras de teatro más significativas fueron El pájaro de dos colores, La esclava del Sacramento, Fígaro, Fantochines…

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