Recordando “Castalia Bárbara” de Ricardo Jaimes Freyre

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Ricardo Jaimes Freyre nació el 12 de mayo de 1868 en Tacna (Perú), pero su nacionalidad es boliviana al ver la luz por primera vez en el consulado de Bolivia radicado en el país peruano. Su padre, el periodista y escritor Julio Lucas Freyre, era boliviano, y su madre, la escritora Carolina Freyre, peruana. En 1916 Jaimes Freyre se nacionalizó argentino.

Se dedicó a actividades políticas y diplomáticas y residió durante largo tiempo en Argentina, en donde entabló amistad con Rubén Darío, con quien creó en 1894 la publicación modernista “Revista de América”. Otros escritores modernistas que coincidieron con Jaimes Freyre fueron Leopoldo Lugones o Eugenio Díaz Romero.

Debutó como poeta con “Castalia Bárbara” (1899). Años después apareció su segundo libro poético, “Los Sueños Son Vida” (1917). También escribió teatro, como “La Hija De Jefté” (1889) o “Los Conquistadores” (1928), y ensayos literarios, como “Leyes De La Versificación Castellana” (1912).

Fue profesor de Literatura y Filosofía en la Universidad de Tucumán. Allí realizó diversos estudios históricos sobre la zona. Murió el 24 de abril de 1933 en Buenos Aires (Argentina). Tenía 64 años.

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El llamado “príncipe de los poetas bolivianos”, sorprendió a la crítica con su libro Castalia bárbara (1899), de temática insólita: el conflicto entre el mundo pagano y los valores cristianos, en el que el mundo antiguo está caracterizado por la violencia y la visión cristiana conlleva la sumisión y el amor. Se ha dicho que se inspiró en los Poémes barbares de L. de LIsle para reconstruir la cosmología de los mitos escandinavos, pero en todo caso demostró ser un excelente forjador de ritmos de articulación cambiante y poderosa, con una orquestal sonoridad y un magistral dominio de la idea y de la retórica.

En su desarrollo aparecen desde los cisnes de Iduna, la diosa cuyas manzanas restituyen la juventud, hasta las andanzas de Bragi, dios de la poesía, y Thor, el rudo y terrible guerrero que se ofrece en el poema “Aeternum vale”, para destruir a la divinidad invasora; sin embargo, aquí el poeta prefirió renunciar a la concreción de la violenta y fallida acción, recreando en su lugar una atmósfera brumosa e ideal. Todo ello expresado con una marcada acentuación europea que demostró la densa variedad de sus conocimientos, desde la estética wagneriana del Tanhauser hasta la poesía de G. Carducci, lo que manifestaba el decantado bagaje intelectual adquirido en sus viajes y actividades políticas y pedagógicas.

El-fin-del-mundo-sera-el-22-de-febrero-del-2014-segun-la-mitologia-nordica

Lea Castalia Bárbara en:

http://actaliteraria.blogspot.com.es/2014/10/ricardo-jaimes-freyre.html

 

 

 

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