{Reseña} Ángel Olgoso: Las frutas de la luna (Menoscuarto)

Cada nuevo libro de Ángel Olgoso supone un festín no solo para los degustadores del relato sino también para los amantes de la literatura fantástica. Las veinte nuevas historias recogidas en Las frutas de la luna nos muestran visiones oscuras y atmósferas inquietantes, desde perspectivas siempre vertiginosas. El autor, cuentista de culto y referencia ineludible en la narrativa breve actual en español, vuelve a entretejer con lirismo la lógica y el asombro, la maravilla y el horror. La imaginación desbordante de este libro brinda al lector páginas llenas de mundos posibles e imposibles, tan extraños como poblados de belleza. (Sinopsis de la editorial).

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Con cada nueva publicación Ángel Olgoso va forjando un mundo particularísimo, surgido de las sombras de su fértil imaginación y plagado de historias insólitas e inquietantes, misteriosas y extravagantes, lúgubres y crueles, pero también costumbristas, irónicas y grotescas, con finales siempre sorpresivos, y con una prodigiosa versatilidad capaz de transportar al lector a distintos y sombrosos escenarios geográficos y temporales. En Las frutas de la Luna  sigue fiel a este universo personal, en este caso con relatos más largos de lo habitual en el autor (a excepción de un par de microrrelatos), y en los que se aprecia un pesimismo casi existencialista que tiñe la mayoría de ellos y que nos deja con una cierta sensación agridulce al terminar la lectura.

“Un buen día, a media mañana, el mundo quedó a oscuras. Fue cuestión de segundos.”

Es apabullante la variedad de registros empleados por Olgoso en la veintena de piezas que componen Las frutas de la Luna: un melancólico relato maravilloso en Contraviaje, la alegoría apocalíptica (que recuerda a Buzzati) en Materia oscura, un delicioso cuento chino en La torre de Hunan, la presencia del doble del propio Olgoso en Dybbuk, la locura en El síndrome de Lugrís (sincero homenaje a Álvaro Cunqueiro). Uno de los mejores es Las Montañas de los Gigantes a la caída de la tarde, una fascinante recreación de unos días de la vida del pintor romántico alemán Caspar David Friedrich. Esta colección presenta una coherencia absoluta debido a la materia común de todos ellos, que es la presencia de la muerte, el paso del tiempo, lo onírico y lo ominoso, y todo ello empleando un estilo literario barroco e inimitable, a veces cercano al poema en prosa.

Termino diciendo que Las frutas de la Luna es un título que hará disfrutar a los seguidores de Olgoso y a los amantes de la literatura fantástica más sugerente. La edición, a cargo de Editorial Menoscuarto, es inmejorable. Muy recomendable.

Puntuación: 5 (de 5)

Editorial Menoscuarto (2013)
Colección: Reloj de arena, 63
216 págs.

Designaciones (pág. 23)

Levantó una casa y a ese hecho lo llamó hogar. Se rodeó de prójimos y lo llamó familia. Tejió su tiempo con ausencias y lo llamó trabajo. Llenó su cabeza de proyectos incumplidos y lo llamó costumbre. Bebió el jugo negro de la envidia y lo llamó injusticia. Se sacudió sin miramientos a sus compañeros y lo llamó oportunidad. Mantuvo en suspenso sus afectos y lo llamó dedicación profesional. Se encastilló en los celos y lo llamó amor devoto. Sucumbió a las embestidas del resentimiento y lo llamó escrúpulos. Erigió murallas ante sus hijos y lo llamó defensa propia. Emborronó de vejaciones a su mujer y lo llamó desagravio. Consumió su vida como se calcina un monte y lo llamó dispendio. Se vistió con las galas de la locura y lo llamó soltar amarras. Descargó todos los cartuchos sobre los suyos y lo llamó la mejor de las salidas. Mojó sus dedos en aquella sangre y lo llamó condecoración. Precintó herméticamente el garaje y lo llamó penitencia. Se encerró en el coche encendido y lo llamó ataúd.

A._Olgosod

Ángel Olgoso Estudió Filología Hispánica en la Universidad de Granada. Miembro de la Academia de Buenas Letras de Granada y de la Amateur Mendicant Society de estudios holmesianos, Auditeur del Collège de Pataphysique de París, y fundador y Rector del Institutum Pataphysicum Granatensis, donde ha otorgado el rango de Sátrapa Trascendente −entre otros escritores y artistas− a José María Merino y a Umberto Eco.

En 1991 publicó Los días subterráneos, primer libro de relatos al que seguirán en este género La hélice entre los sargazos (1994), Nubes de piedra (1999), Granada, año 2039 y otros relatos (1999), Cuentos de otro mundo (1999, 2003 y 2013), Tenebrario (2oo3), El vuelo del pájaro elefante (2006), Los demonios del lugar (2007), Astrolabio (2007 y 2013), La máquina de languidecer (2009), Los líquenes del sueño. Relatos 1980-1995 (2010), Cuando fui jaguar (2011), Racconti abissali (2012), Las frutas de la luna (2013), Almanaque de asombros (2013), Las uñas de la luz (2013) y Breviario negro (2015).

Muchos de sus relatos han sido traducidos a varios idiomas y han sido recogidos en más de cuarenta antologías sobre el cuento. Está considerado por la crítica especializada como un maestro del cuento, «uno de los autores de referencia del relato breve y fantástico en español».

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 (Pintura de Caspar David Friedrich)

 

 

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