Anna {#historiasdemiedo}

HACÍA   frío   cuando   salí   de   la   casa   de   Anna.   Era   de   noche,   muy
tarde, y la calle estaba desierta. Llovía, pero menos que unas
horas antes. Los adoquines brillaban bajo las farolas de gas y
el silencio, sólo roto por la lluvia, era acogedor. Me disponía
a disfrutar de un agradable paseo por la ciudad solitaria. Subí
la   solapa   de   mi   abrigo   y   me   ajusté   el   sombrero   como   un
caballero. Estaba muy cansado, pero contento. Bajé por la calle
y   giré   a   la   derecha   en   dirección   a   la   plaza.   Todo   estaba
cerrado. Hasta el casino había apagado sus luces.

De pronto me di cuenta de que no tenía mis llaves. Busqué en los
bolsillos   sin   encontrarlas.   Seguramente   se   habían   caído   al
quitarme   la   ropa.   Ahora   debía   volver   y   despertarla.   Regresé
sobre mis pasos, disgustado.

Llegué al   portal  y  mi   enfado aumentó.  No   funcionaba el   timbre
eléctrico.   Tendría   que   usar   el   llamador   y   alertaría   a   los
vecinos.   Al   golpearlo   contra   la   puerta,   ésta   se   abrió.   Me
extrañó, pues recordaba haberla cerrado. Entré a hurtadillas.

Percibí   un   raro   olor   a   humedad,   a   abandono.   El   suelo   del
recibidor   estaba   sucio   y   algunas   hojas   secas   crujían   a   mis
pasos. Sin pensarlo, corrí hacia el dormitorio entre penumbras,
pues sólo podía ver gracias a la luz de la calle que entraba a
través   de   las   ventanas.   Miré   dentro.   La   cama   y   otros   muebles
estaban   ocultos   por   empolvadas   sábanas   blancas.   Las   flores
marchitas y los espejos rotos.

En una mesita de noche había una vela consumida, y entre la cera
distinguí mi llavero de cuero negro. Lo guardé en un bolsillo y
salí   deprisa   de   aquellas   habitaciones   tan   familiares   y   tan
cambiadas.   Desconcertado   y   con   miedo,   sólo   podía   pensar   en
dormir y en que tenía que trabajar a la mañana siguiente. Estaba
tan cansado…

{Microrrelato de Eduardo Raban, 2016}

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Llaman a la puerta. Es la hora del cartero. Abro. Un ser verde con antenas en la cabeza me mira fijamente…

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