{Reseña} Gustav Meyrink: Murciélagos (Eneida Editorial)

Seguramente Murciélagos (Fledermäuse, 1915) es uno de los libros de cuentos fantásticos más justamente celebrados de la historia. Meyrink lo publicó un año después de El Golem, la genial novela que lo catapultó al éxito y con la que demostró su extraordinaria capacidad para recrear atmósferas siniestras y ominosas que envuelven al lector como una segunda realidad y ejercen una hipnótica fuerza de atracción.

Estos relatos participan y se alimentan de los temas que siempre obsesionaron a Meyrink: extrañas tradiciones procedentes del folklore europeo, la alquimia, la cábala, la teosofía,  religiones como el budismo y el taoísmo, el sueño (entendido como la puerta de apertura a otra dimensión), la inmortalidad del hombre, la figura del doble y la amada idealizada, son los temas recurrentes en toda su obra, eso sí, reinterpretados desde una perspectiva simbolista y esotérica. Meyrink creía que el reino de los muertos entra en el de los vivos y que nuestro mundo visible está, sin cesar, penetrado por el otro invisible. Como ya he indicado, con frecuencia sus textos generan una atmósfera extraña y de tonos místicos, y muestran una visión triste y desengañada de la existencia. En otras ocasiones el horror se funde con el absurdo en una simbiosis angustiosa, prefigurando en cierto modo la obra de Kafka.

Murciélagos se compone de siete relatos de diferente extensión. Maese Leonhard es una nouvelle de trama compleja donde se amalgaman la decadencia de una familia (incesto incluido) y otra que lleva a Leonhard en busca de Jacobo de Vitriaco, el místico Gran Maestre de Temple. Se trata de una historia extraordinaria que serviría de modelo a toda una generación de autores del género. El juego de los grillos, De cómo el Dr. Job Paupersum le llevó rosas rojas a su hija y Amadeus Knödlseder el infatigable buitre de los Alpes, sin abandonar lo fantástico, participan del tono satírico y grotesco ya cultivados por Meyrink en El cuerno maravilloso del burgués alemán (1913), y en los que se aprecia el impacto que provocó la Gran Guerra en Europa. Los tres relatos restantes fueron incluidos por Borges en su famosa colección de literatura fantástica La Biblioteca de Babel de Franco Maria Ricci. El propio Borges escribió que “Los cuatro hermanos de la luna incluye dos argumentos; uno deliberadamente irreal que en forma irresistible lleva al lector y otro, aún más asombroso, que nos revelan las páginas finales. Otro símbolo de esta visión es el epitafio que el lector hallará en J. H. Obereit visita el país de los devoradores del tiempo que, pese a su apariencia irreal, es verdadero, no sólo estética sino psicológicamente. El relato, narrativo al comienzo, va exaltándose hasta confundirse con nuestras experiencias y temores más íntimos. Los devoradores del tiempo rebasan la metáfora y la alegoría; corresponden a la sustancia de nuestro yo. Desde la primera línea el narrador está predestinado al fin imprevisible”. Por último, El cardenal Napellus es la impactante historia de una extraña secta marcada por un exacerbado misticismo no exento de crueldad.

“Realidad, fantasía, visión… ¿Qué era verdadero, qué era falso? Y, para colmo, esa angustiosa sensación de que mi pensamiento se abría dejando un gran espacio hueco cada vez que volvía a hostigarme el miedo a ese nuevo, inexplicable, terrible sentido de responsabilidad. Más tarde, mucho más tarde… durante mi viaje de regreso, este acontecimiento fue acrecentándose en mi memoria como una exuberante planta venenosa que yo trataba en vano de extirpar”. (El juego de los grillos)

Concluyo señalando que Murciélagos de Meyrink es un libro esencial para los aficionados al relato fantástico de calidad. La edición de Eneida Editorial, como toda su colección Confabulaciones, es exquisita. Totalmente recomendable.

Puntuación: 5 (de 5)
Eneida editorial (2015)
Traducción: Mathias Oster
Colección: Confabulaciones, 81
178 págs.

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El desasosiego y la más profunda inquietud gravitan sobre estos siete extraordinarios relatos, reunidos bajo el título de Murciélagos, y que constituyen lo más notable de la narrativa breve del autor de El golem. El Meyrink más depurado, elegante y virtuoso nos va descubriendo algunos de los recovecos más oscuros del alma humana, aquellos que ocultamos hasta de nosotros mismos.

Gustav Meyrink nos guía con magistral habilidad por un sueño dirigido, invitándonos a descender por una inquietante y misteriosa escalera en la que nos iremos encontrando con el esoterismo y la cabalística, la alquimia y el ocultismo, la sorpresa y el estremecimiento, con sueños que sueñan otros sueños y con pesadillas que se extravían en la intimidad de otras pesadillas. (Sinopsis de la editorial).

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Gustav MEYRINK (Viena, 1868 – Starnberg, 1932 ), hijo bastardo de un ministro del rey de Wurtemberg y de una actriz de origen judío. Es uno de los principales representantes de la literatura fantástica de lengua alemana. Sus obras están influenciadas por las ciencias ocultas y la cábala de las que era adepto.

En 1889 empezó a trabajar en la banca Meyer & Morgenstern, pero un oscuro asunto financiero en el que se vio involucrado lo empujará a abandonar su empleo. Vivió en Munich hasta los 13 años, y en esa ciudad completaría sus estudios primarios.
Más tarde se trasladó a Hamburgo, donde pasó una corta temporada. En 1883 su madre se instaló en Praga, ciudad en la que Meyrink viviría durante veinte años y que a menudo describe en sus obras. Praga no aparece ahí como decorado, sino como personaje, especialmente en las novelas El Golem y La noche de Walpurgis. En Praga se produciría un acontecimiento que desempeñó un rol providencial en la vida de Meyrink. El autor describirá ese suceso en el cuento autobiográfico titulado El piloto.

Sus inicios literarios datan de 1900, con la publicación de relatos en el magazin Simplicissimus. Esos relatos, de corte satírico, grotesco o fantástico consiguen un cierto éxito entre los lectores de la revista muniquesa y serán recogidos más tarde en tres volúmenes, y editados a partir de 1903 por el editor Albert Langen. Meyrink publicó su primera novela –El Golem–, en 1915, obra en la que rescata un mito judío centroeuropeo, según el cual era posible animar una figura de barro, el Golem, colocando bajo
su lengua ciertas palabras mágicas. Esto se halla directamente relacionado con la doctrina kabalística, según la cual es posible crear mediante la palabra o combinación de letras el secreto nombre de Dios. El Golem tuvo un enorme éxito y se reeditó con frecuencia, siendo objeto de varias adaptaciones cinematográficas.

Entre sus obras, además de las ya citadas El Golem y La noche de Walpurgis (1917), cabe destacar, asimismo: El rostro verde (1916), El dominico blanco (1921) y El ángel de la ventana de occidente (1927).

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