{Reseña} Ángel Olgoso: Los demonios del lugar (Editorial Almuzara)

Los demonios del lugar es uno de los volúmenes de cuentos más redondos y perfectos de Ángel Olgoso, lo cual es decir de antemano que nos encontramos con uno de los mejores libros de cuentos (de cualquier género) de los últimos años. Se trata de una colección de 49 relatos de variada extensión, que en general presentan una situación  dominada por el horror o el misterio, o por el desarrollo de un hecho fantástico o extraño. Olgoso se mueve como pez en el agua dentro de la tradición del “romanticismo negro”, el que con su lirismo visionario refuerza las sensaciones más intensas. Un semillero de delirios y visiones alucinadas, piezas todas surgidas de las sombras de la imaginación, historias insólitas e inquietantes, misteriosas y extravagantes, lúgubres y crueles, pero también irónicas y grotescas, con finales siempre sorprendentes e inesperados, y con una prodigiosa versatilidad capaz de transportar al lector a distintos escenarios geográficos y temporales. La presencia de grandes maestros como Borges, Kafka, Schwob, Buzzati o Cortázar es manifiesta en los ambientes y en su estilo exacto y pulido.

“De él [Los demonios del lugar] se puede decir eso de que me volqué en cuerpo y alma y que puse toda la carne en el asador. No ha sido en absoluto un libro gratuito, ni escrito por capricho, sino la respuesta a una serie de experiencias vitales negativas. Más aún, ha constituido un auténtico descenso a los abismos, a una especie de infierno concéntrico. Y es que quizá más que relatos, sean visiones, y más que historias extrañas y sorprendentes, revelaciones que lleven al lector a cuestionarse las bases de la realidad o de su propia conciencia.” Ángel Olgoso

Como en todos los libros de Olgoso, la variedad de registros es asombrosa: microrrelatos que nos introducen el horror como un fogonazo, la leyenda tradicional (Arponeando sueños), el cuento de influencia kafkiana (La velada, La primera muerte de Kafka), el relato japonés (Las manos de Akiburo), leyenda indostaní (Vínculos)… Muchos de los relatos, de estructura más clásica, no dudo en calificarlos de cuentos fantástico perfectos (Las manos de Akiburo, Los palafitos, Naglfar, Gabinete de maravillas, Lucernario). La recopilación presenta, como es norma en el autor, una coherencia absoluta debido a la materia común de todos ellos, como es la presencia de la muerte, lo monstruoso, el paso del tiempo, lo onírico y lo ominoso; y todo ello empleando un estilo literario barroco y una exuberancia y riqueza verbal inimitable, difícil de encontrar en otros autores contemporáneos.

En definitiva, Los demonios del lugar es un título capital para los seguidores de Olgoso y para los amantes del cuento fantástico y de horror. Un libro de cuentos inolvidable, que volveré a leer muchas veces. TOTALMENTE RECOMENDABLE.

Puntuación: 5 (de 5)

Editorial Almuzara (2007)
Colección: Narrativa
192 págs.

EL VIAJE (Página 9)

Llego a la estación. No hay nadie. Voy a emprender, pese a mis pocos años, un viaje largo y colmado de expectativas.  Espero de pie en el andén con la impaciencia propia de alguien joven y enérgico. El tren, que ha aparecido de pronto a toda velocidad, sin trepidación de rieles ni chirrido de ruedas, se detiene por completo a mi lado, disimulando su prisa a la perfección. Cuando intento levantar la maleta, esta se ha vuelto pesada en extremo. Noto con estupor que no me acompañan las fuerzas, que mi ímpetu decrece. Comienza a llover. Hace frío. Me dirijo hacia los peldaños de metal dificultosamente y, sobre todo, con una inconsolable sensación de haber olvidado algo o de haber dejado atrás a alguien que no recuerdo. Mis manos ateridas logran empujar la maleta hasta el piso del coche cama. Encorvado, la arrastro luego por el pasillo mientras jadeo y oigo crujir los huesos. Una lucecita borrosa, al fondo, me permite tener un atisbo del estrecho y oscuro compartimento, el que suele asignarse a los pasajeros más viejos.  A duras penas abro la puerta corredera y abandono mi maleta, como una carga inútil,  al pie del portaequipajes. Me tiendo por fin en la litera, extenuado, vencido, buscando ese aire que reclaman con la boca abierta los moribundos. El tren parte en la noche y me lleva consigo.

EL ESPANTO (Página 65)

Acodado en una mesita exterior del café Madagascar, sorbo el contenido de mi taza y contemplo a los transeúntes, estudiándolos como quien pesca con chispa y mosca ahogada. El aire remolca muy despacio las nubes. Me fijo en un hombre agradable con sombrero y maletín que lleva de la mano a una niña de no más de seis años, tironeando un poco de su bracito, lo suficiente como para impedir que avance con naturalidad. Parece asustada. El contacto de aquellas dos manos desparejas no es el idóneo, ni responde a la bendición del amor, remite por el contrario a la vorágine de peligros que se extiende más allá de uno mismo. Esos detalles triviales me sobrecogen. Y su efecto hace que, de pronto, tenga del hombre la percepción —repugnante en el más genuino sentido de la palabra— de algo como una langosta, una más entre las langostas de una plaga que bulle sobre un mar de sangre negra. Los observo mientras se alejan: la niña con pasitos descompasados y él emitiendo sonidos de masticación. Finalmente, ambos se pierden entre los huevos de oscuridad que están siendo incubados bajo los farallones de nuestros edificios.

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Los demonios del lugar es un conjunto de relatos sobre situaciones extremas, inquietantes o pavorosas, escritos con el cuidado de un orfebre; una reflexión sobre las distintas aristas del mal; una revisión y actualización de temas que incluye hasta quince modalidades de terror (psicológico, oriental, macabro, metafísico, erótico, sobrenatural, cósmico, infantil, bélico, onírico, humorístico, etc.); un acercamiento a la materia oscura del paso del tiempo, del enigma de la muerte, del prójimo como torturador.
Ángel Olgoso da cuerpo literario y savia nueva a un género maltratado, asombra con la densidad poética y plástica de su prosa, con la intensidad de sus argumentos, con las visiones de un territorio desconocido y terrible poblado por miedos íntimos y monstruos inimaginables, rituales malsanos y seres perversos, perspectivas espeluznantes y atmósferas fantasmagóricas y vertiginosas. (Sinopsis de la editorial).

Angel-Olgoso

Ángel Olgoso Estudió Filología Hispánica en la Universidad de Granada. Miembro de la Academia de Buenas Letras de Granada y de la Amateur Mendicant Society de estudios holmesianos, Auditeur del Collège de Pataphysique de París, y fundador y Rector del Institutum Pataphysicum Granatensis, donde ha otorgado el rango de Sátrapa Trascendente −entre otros escritores y artistas− a José María Merino y a Umberto Eco.

En 1991 publicó Los días subterráneos, primer libro de relatos al que seguirán en este género La hélice entre los sargazos (1994), Nubes de piedra (1999), Granada, año 2039 y otros relatos (1999), Cuentos de otro mundo (1999, 2003 y 2013), Tenebrario (2oo3), El vuelo del pájaro elefante (2006), Los demonios del lugar (2007), Astrolabio (2007 y 2013), La máquina de languidecer (2009), Los líquenes del sueño. Relatos 1980-1995 (2010), Cuando fui jaguar (2011), Racconti abissali (2012), Las frutas de la luna (2013), Almanaque de asombros (2013), Las uñas de la luz (2013) y Breviario negro (2015).

Muchos de sus relatos han sido traducidos a varios idiomas y han sido recogidos en más de cuarenta antologías sobre el cuento. Está considerado por la crítica especializada como un maestro del cuento, «uno de los autores de referencia del relato breve y fantástico en español».

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 (El Gabinete de maravillas, ilustración de Santiago Caruso inspirada en el cuento de Olgoso)

 

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