{Reseña} Felisberto Hernández: La casa inundada (Editorial Atalanta)

La obra de Felisberto Hernández ha tenido en España una presencia intermitente e incompleta, así que esta antología de Atalanta viene a remediar, en parte, esta anomalía.  Digo esto a la vista de la tremenda calidad y originalidad de este pianista escritor (o escritor pianista) que supo alumbrar un universo literario absolutamente inimitable y peculiar. E insisto en la originalidad de Hernández porque los lectores familiarizados, por ejemplo, con los mundo literarios de Kafka o Bruno Schulz encontrarán algunos rasgos comunes, pero sobre todo advertirán que Felisberto Hernández es el genio consumado de la irrealidad y de lo extraño.

«Felisberto Hernández es un escritor que no se parece a nadie: a ninguno de los europeos y a ninguno de los latinoamericanos, es un “francotirador” que desafía toda clasificación y todo marco, pero se presenta como inconfundible al abrir sus páginas.» Italo Calvino

Aunque no se indica la procedencia de cada cuento, esta colección de 18 relatos se ha seleccionado de sus libros más importantes, desde El caballo perdido (1943) hasta sus últimas publicaciones. En la mayoría de ellos el protagonista y narrador en primera persona es el propio Felisberto Hernández (sin nombrarse), tanto en su faceta de pianista como de escritor de cuentos, y están ambientados en ciudades o pueblos perdidos donde el autor se encuentra de gira. En muchas de las piezas, el protagonista muestra una percepción desequilibrada de la realidad, un ensimismamiento casi patológico y una monomanía hacia determinados objetos y lugares que nos hace sospechar si el protagonista (¿o el autor?) sufren algún trastorno mental. Todos los cuentos están dominados por una atmósfera inquietante y enrarecida, creada precisamente a través de la manera en que Hernández narra y articula el discurso, empleando enfoques semánticos inusuales y expresiones poéticas, estructuras sintácticas heterodoxas, saltos en la narración, y el uso frecuente del imperfecto como tiempo principal (tiempo de  los sueños y los cuentos de hadas). Lo que más extraña al lector es la perspectiva enajenada de los protagonistas, que típicamente se encuentran en situaciones nuevas en las que no saben cómo interactuar con los demás, de forma que se convierten en eternos observadores, proyectando su fantasía sobre lo que ven, en una serie de flujos de conciencias extrañados y retorcidos, donde apenas hay trama y acción.

Pero en uno de aquellos días más desgraciados apareció ante mis ojos algo que me compensó de mis males. Había estado insinuándose poco a poco. Una noche me desperté en el silencio oscuro de mi pieza y vi, en la pared empapelada de flores violetas, una luz. Desde el primer instante tuve la idea de que me ocurría algo extraordinario, y no me asusté. Moví los ojos hacia un lado y la mancha de luz siguió el mismo movimiento. Era una mancha parecida a la que se ve en la oscuridad cuando recién se apaga la lamparilla; pero esta otra se mantenía bastante tiempo y era posible ver a través de ella. Bajé los ojos hasta la mesa y vi las botellas y los objetos míos. No me quedaba la menor duda; aquella luz salía de mis propios ojos, y se había estado desarrollando desde hacía mucho tiempo. Pasé el dorso de mi mano por delante de mi cara y vi mis dedos abiertos. Al poco rato sentí cansancio; la luz disminuía y yo cerré los ojos. Después los volví a abrir para comprobar si aquello era cierto. Miré la bombita de luz eléctrica y vi que ella brillaba con luz mía. Me volví a convencer y tuve una sonrisa. ¿Quién, en el mundo, veía con sus propios ojos en la oscuridad?  (El acomodador)

Muchos de estos cuentos (Nadie encendía las lámparas, El balcón, El acomodador, Menos Julia, Una mujer parecida mí) me han dejado en estado de shock tras su lectura. Ha sido una experiencia lectora magnífica, única. Señalar que otros cuentos son más amables, donde resalta una fantasía más festiva y menos opresiva, como Muebles “el canario”, El cocodrilo, Mur. En definitiva, una magnífica recopilación de cuentos de un escritor fascinante que debería ser más conocido y leído. Para mí es todo un clásico del relato fantástico, al que volveré a releer muchas veces.

Concluyo señalando que La casa Inundada es un libro capital para los aficionados a la gran literatura en español. La edición de Atalanta, como en toda su colección Ars Brevis, es exquisita. ABSOLUTAMENTE RECOMENDABLE.

Puntuación: 5 (de 5)
Editorial Atalanta (2012)
Colección: Ars Brevis, 68
Prólogo: Eloy Tizón
350 págs.

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Sinopsis de le editorial:

«Un raro, sí: un cronopio, como diría Cortázar, para el que necesitamos una teoría fractal de lo literario si queremos abarcar la complejidad y sutileza de su imaginación.»
Juan Malpartida. El cultural de ABC.

«Su mundo narrativo, un mundo misterioso y secreto, se alimenta de la sintaxis inconexa de los sueños, de las visiones y la imaginación que sustituye a la realidad, porque Felisberto Hernández parece escribir para ser otro, para huir de sí mismo.» Santos Domínguez. Encuentros con las letras

Felisberto Hernández corresponde a esa anómala especie espiritual que Rubén Darío llamó «raros» y Julio Cortázar cronopios. Nació en Montevideo en 1902 y murió en la misma ciudad en 1964. A los nueve años comenzó a recibir clases de piano; más tarde las retomará y tendrá como profesor particular al pianista ciego Clemente Colling, que le enseña armonía y composición y que años después será evocado en una de sus obras inaugurales. Las dificultades económicas serán una constante en su vida, así que se ve obligado a tocar el piano en salas de cine mudo, y convertirse hasta 1942 en pianista itinerante por diferentes cafés de Argentina y Uruguay. Su vida amorosa fue también accidentada: se casó cuatro veces. Una de sus esposas, la española África de las Heras, fue agente de la KGB. Sus lecturas recurrentes fueron Bergson, Proust y Kafka. De los dos primeros adoptó el tema de la memoria como detonante de toda su búsqueda literaria, en gran parte vinculada a sus recuerdos de infancia y primera juventud y a la nostálgica remembranza de ciertos barrios y personajes de Montevideo. En sus relatos siempre están presentes la música, el agua, la infancia. Julio Cortázar, García Márquez e Italo Calvino han sido rendidos entusiastas de su obra.

«Lo que amamos de Felisberto es la llaneza, la falta total de empaque que tanto almidonó la literatura de su tiempo.»
Julio Cortázar

«Las aventuras de un pianista paupérrimo, en quien el sentido de lo cómico transfigura el amargor de una vida amasada con derrotas, son el primer apunte del que parten los cuentos del uruguayo Felisberto Hernández (1902-1964). Pero éste es sólo el punto de partida. Lo que desata la fantasía de Felisberto Hernández son las inesperadas invitaciones que abren al tímido pianista las puertas de misteriosas casas, de quintas solitarias donde moran personajes ricos y excéntricos, mujeres llenas de secretos y neurosis.»
Italo Calvino

«Demasiado audaz quizá para su época, algo desubicado también, su obra circuló con escasez y dificultad, pese al entusiasmo que generó, que no ha dejado de generar desde entonces, en otros escritores y en las nuevas generaciones. Su persistencia se debe sobre todo a la fidelidad de un puñado de lectores y editores, que han mantenido encendido su nombre como una contraseña a lo largo del tiempo y han impedido que caiga, igual que tantos otros, en el olvido. La felicidad que produce la lectura de sus páginas es de naturaleza muy particular y se parece poco o nada a la que provocan otros autores. La música de Felisberto es única, o casi única, como reconocerá cualquiera que haya frecuentado su obra.»
Eloy Tizón

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Felisberto Hernández (Montevideo, 1902 – 1964) fue un compositor, pianista y escritor uruguayo que se caracteriza por sus obras de literatura fantástica pero basadas en la experiencia más personal. Es, sin duda, junto a Horacio Quiroga, el exponente más brillante de la literatura fantástica del Uruguay.
Fue un músico y compositor notable, llevó sus conciertos de piano en giras por Uruguay, Argentina y Brasil. Hacia 1940 abandonó su carrera musical y se dedicó completamente a la literatura.
Aunque su trabajo de escritor eclipsó su carrera de pianista, su obra entera está impregnada de música, tanto en los temas evocados (un profesor de piano, un recital, un bandoneón), como en la forma de contar, al sugerir emociones con palabras de cierta sonoridad, al transformar el sentido de las palabras en función de los sonidos, al construir partes de su relato como variaciones de un mismo tema musical.
Fue descubierto por Cortázar, su más ferviente valedor. Como ocurre con la buena literatura, su importancia se ha revelado con el tiempo, al margen de las modas y del favor de las instituciones. Sus obras han sido traducidas a varios idiomas.

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2 comentarios sobre “{Reseña} Felisberto Hernández: La casa inundada (Editorial Atalanta)

  1. Un autor de primerísimo orden, menos conocido en España de lo que debiera. Yo también reseñé en mi blog una antología de relatos suyos, publicados por la editorial argentina Corregidor (una edición no tan atractiva como la de Atalanta, pero también de gran interés y que la complementa). Un saludo.

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