{Reseña} Rubén Darío: Tierras solares (Editorial Renacimiento)

Gracias a editoriales como Renacimiento se van rescatando importantes libros en prosa de muchos escritores del Modernismo que habían estado ausentes de las nuestras librerías durante muchos años debido a nuestro crónico papanatismo cultural. Es el caso de los libros de viajes (en realidad, recopilación de crónicas) publicados por Rubén Darío y que constituyen una parte muy importante de su obra. El Rubén cronista resulta más abundante que el Rubén poeta y que el Rubén cuentista: dos tercios de sus escritos fueron publicados en la prensa. Debía enviar a La Nación cuatro piezas al mes, su «trabajo diario, preciso y fatal», y sólo las publicadas allí suman más de seiscientas, además de las que aparecieron en tantos otros periódicos y revistas de América y de España.

Darío fue un viajero y cronista incansable desde su juventud. Muchos de sus artículos de viaje los agrupó según un criterio temático y los publicó en varios volúmenes; otras muchas crónicas quedaron inéditas en forma de libro, y muy recientemente se están rescatando delolviso. Tierras solares, publicado en 1904, está dividido en dos partes: la primera, «Tierras solares», cubren su estancia en Andalucía entre diciembre de 1903 y febrero de 1904; desde Barcelona, adonde llegó por tren desde París, se embarcó para Málaga, y allí pasó las Navidades con su mujer Francisca Sánchez. Luego siguió a Granada, Córdoba, Sevilla, Algeciras y Gibraltar, más una breve escapada a Tánger, única vez en su vida que puso pie en sus añoradas tierras de las mil y una noches. La segunda parte, «De tierras solares a tierras de bruma», corresponde al viaje que hizo entre mayo y junio de ese mismo año por Waterloo, Colonia, Bonn, Fráncfort, Hamburgo, Berlín, Viena y Budapest, y ya de regreso Venecia y Florencia, por invitación de un ranchero mexicano, Felipe López Negrete. Iba a dedicar a su generoso acompañante Cantos de vida y esperanza, pero como aún no encontraba editor, lo hizo con Tierras solares. Darío había entregado las crónicas andaluzas a Juan Ramón Jiménez y Gregorio Martínez Sierra para su publicación, y este último le escribió en septiembre de 1904: «Acaban de traerme ajustado todo el original de Tierras solares: 160 páginas; es muy poco volumen, y para que no parezca un folleto conviene añadir cuando menos tres crónicas nuevas, con las cuales llegaríamos a las 200 páginas». De esta circunstancia es que nace el singular contrapunto del libro. Tierras solares es, en toda su primera parte, un regreso a los temas y preocupaciones de España contemporánea y vuelve a esa tensión entre progreso y tradición, modernidad y marginalidad que vivía la España de entonces.

Aunque es invierno, he hallado rosas en Sevilla. El cielo ha estado puro y francamente hospitalario pasadas las primeras horas de la mañana. La Giralda se ha destacado en espléndido campo de azur. Luego, las mujeres sevillanas, entrevistas por las rejas que hay a la entrada de los patios marmóreos y floridos, dan razón a la fama. He visto, pues, maravilla.

Como otros muchos, Rubén Darío buscó en Andalucía el reencuentro con sus ensueños orientales. Noel Rivas nos apunta que “la lectura de los escritores españoles, por una parte, Zorrilla, Pérez de Hita y Arolas, entre otros, que contribuyeron a crear la imagen de una Andalucía legendaria, y, por otra, la de las crónicas de los viajeros románticos: Hugo, Gautier, Chateaubriand, Mérimée, Byron, etc., artífices del mito de España como «país romántico» por excelencia, habían ido configurando una visión intelectual y libresca de Andalucía en la imaginación de nuestro poeta”, y añade “que  se sintió más atraído por la imagen del tópico exótico y legendario que por la de la realidad”. Aunque Darío centra su interés en lo pintoresco y castizo de las ciudades visitadas, no duda en mostrar en numerosas ocasiones su tristeza por la pobreza reinante y la por indolencia y falta de vigor que mostraba la sociedad en su conjunto. En esto coincide con las impresiones de Azorín expresadas en su Andalucía trágica, también del año 1904.

Es lástima que las crónicas de «Tierras de bruma» sean tan breves y no hagan verdadero contrapeso a las de «Tierras solares». En las ciudades septentrionales el interés principal de Darío es por el paisaje, la arquitectura y el arte, y no por la descripción del tipo humano, que sí predomina en sus viajes por España. De cualquier modo, son unas estampas interesantísimas.

El vaporcito, flamante y elegante, sale por el río, hacia Maguncia. Miro a un lado la campaña verde, y a otro la fila de grises edificios comerciales y marítimos. Hay una que otra chimenea que lanza su humo. Se oye el rumor de la ciudad, y a lo lejos el agudo clamor de una sirena. Y antes de las últimas villas y chalets que señalan el término de población, alcanzo a divisar una especie de gigantesco guerrero, rey de piedra, o monumental burgrave que aparece como una evocación de la pasada feudalidad teutónica.
Y comienza el desfile de castillos, de esos castillos de cuento y de grabado que han deleitado nuestra infancia en páginas de dorados libros, en antiguos almanaques o en ornamentados keepsakes. Y sobre las torres arruinadas, o sobre las restauradas almenas, pasa el vuelo de las tradiciones legendarias.

¡Qué decir del estilo de Darío! Renovó, junto con otros escritores del movimiento modernista, la anquilosada y academicista prosa española del Romanticismo tardío. Aún hoy, la calidad de su escritura nos asombra por su expresividad y perfección. Por otra parte, hay que señalar que la introducción de Noel Rivas Bravo es magnífica; proporciona un detallada información sobre la gestación de este libro, así como de la labor como cronista de Rubén Darío a lo largo de su carrera como escritor.

Termino diciendo que Tierras solares es un libro delicioso e imprescindible para los seguidores de uno de nuestros grandes clásicos y también para los degustadores de los libros de viajes y de crónicas. La edición de Renacimiento es preciosa como es usual. Absolutamente recomendable.

Puntuación: 5 (de 5)
Editorial Renacimiento (2016)
Colección: Los Viajeros, 30
Introducción: Noel Rivas Bravo
224 págs.

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El nicaragüense Rubén Darío (1867-1916) fue no sólo un gigantesco poeta, el gran renovador de la poesía en lengua española, sino también un excelente prosista y un gran viajero. En este volumen, Tierras solares (1904) que publicamos en conmemoración del primer centenario de su muerte, se recogen las crónicas de dos viajes por Europa que realizó el poeta entre diciembre de 1903 y mayo de 1904. El primero fue por tierras de Barcelona, Andalucía, Gibraltar y Tánger y el segundo por Bélgica, Alemania, Austria-Hungría e Italia. La edición ha corrido a cargo de Noel Rivas Bravo, uno de los mayores y más perseverantes especialistas en la obra de Rubén Darío. (Sinopsis de la editorial).

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Rubén Darío (Metapa, hoy Ciudad Darío, Matagalpa, 1867-León, Nicaragua, 1916) fue un viajero incansable, un poeta peregrino. De genio precoz, durante toda su vida fue también redactor, fundador y director de diarios y revistas, aunque su grandiosidad de poeta ha opacado esta faceta importante de su escritura. Sin duda, podemos afirmar que en su tiempo no existe publicación periódica en lengua española, de verdadera o relativa importancia, en donde no haya aparecido su nombre ocupando un lugar de excepción. No en balde con él y su ejemplo se inicia en América Latina un nuevo modo de entender la vocación del escritor, la de una entrega total y sin contemplaciones a la propia obra. De sus libros que recogen las crónicas de sus viajes, destacamos Peregrinaciones (1901), La caravana pasa (1902), El viaje a Nicaragua e Intermezzo tropical (1909), España contemporánea (1901) y Tierras solares (1904). Estos dos últimos libros vienen a recoger las impresiones, experiencias e ideas que Darío tuvo sobre la España de entresiglos, y que han merecido notables estudios y comentarios de lectores y especialistas darianos.

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