{Reseña} Rafael Sánchez Ferlosio: El testimonio de Yarfoz (DeBolsillo)

La primera noticia que tenemos de esta obra de Ferlosio tuvo lugar en 1980, en el número 14 de la revista Nueva Estafeta, en la que se incluía un extraño texto que se presentaba como «Libro primero» de una Historia de las Guerras Barcialeas. Posteriormente (1986), El testimonio de Yarfoz se presentó como extracto —un apéndice, de hecho— de una vasta Historia de las Guerras Barcialeas atribuida a cuatro autores, entre ellos ese Ogai el Viejo mencionado ya en el fragmento publicado en la Nueva Estafeta. El abrupto final del texto no dejaba dudas sobre su condición de fragmento de una obra mayor, de la que el autor sólo ha hecho una nueva entrega (el fragmento titulado Los príncipes concordes, y del que se dice en nota que era el primer libro de la Historia de las Guerras Barcialeas).

Yarfoz, hijo de Vigriscidio, un anciano hidráulico que habita en la ciudad de Escescésina, ha aprendido el oficio de su padre y se ha convertido en uno de los mejores profesionales al servicio de Nébride, el príncipe de la ciudad. Juntos se embarcarán en las tareas de desecación de las tierras pantanosas y de la canalización del río Dul. Pero las divergencias con otras ciudades adversas obligarán a Nébride a exiliarse con su familia. Yarfoz le acompañará en ese periplo, dará fe de cuanto le rodea, y también observará las conductas de los hombres que encuentra a su paso, sus pasiones y sus obsesiones.

“Mi pueblo los Grágidos, mi ciudad Escescésina de Esteverna, mi padre Vigriscidio, mi nacimiento siendo príncipe Arriasco, mi nombre Yarfoz, este es mi testimonio. El motivo de este testimonio es que no se desconozca ni se olvide lo que yo tanto he amado, que haya cabal memoria y veraz conocimiento de los hechos que fueron primero la alegría, luego el dolor y siempre la paciencia y la pasión que gobernó mi vida, y que la amenaza de la mentira que pesa siempre sobre el que, habiéndose apartado de su tierra, no tiene ya testigos que depongan fidedignamente acerca de él, sea ahuyentada de la vida de Nébride, el hombre a quien más amé que a ningún otro hombre conocido y a quien seguí muchos años, en la patria y en el destierro, y de quien puedo contar y atestiguar los hechos y la verdad, para quitar el sitio a los que se le hayan inventado y cerrárselo a los que aún pudieran inventarle, porque parece que a muchos estorba una historia vacía, como es la de un emigrante del que no han vuelto a saber, y antes que soportar el vacío de su ignorancia prefieren cubrir ese nombre con hechos que, tal vez sin darse cuenta, le van inventando día tras día.”

El Testimonio de Yarfoz relata un viaje, un camino de ida y vuelta, con protagonistas diferentes. La primera parte se centra en el príncipe Nébride, quien, como signo de repudio de la violencia y el afán de poder, renuncia al trono y emprende el camino hacia otras tierras; los capítulos finales relatan las peripecias de Sorfos, el heredero, el hijo primogénito que pone en juego todo para reconquistar el trono que su padre había rehusado. El Testimonio de Yarfoz, a través del problema del poder, plantea una interpretación del mundo y de la historia y nos lleva a contemplar cómo el destino dirige y gobierna las vidas de los dos protagonistas centrales, que parecen definirse por su diferente actitud frente al poder: rechazo, en el caso de Nébride; atracción, en el de Sorfos. Impulsados por los acontecimientos, y también por una fuerza misteriosa, interior y al mismo tiempo superior a ellos, se ven obligados a cambiar el rumbo de sus vidas, a dirigir sus pasos en otra dirección. A Sorfos toda una serie de circunstancias le llevará a elegir el poder como única opción posible. Nébride se verá impelido a abandonar su proyecto hidráulico, a condenar la violencia y partir en exilio, para desaparecer en un mundo de muertos tras haberse adjudicado un nuevo nombre, marcando de este modo una ruptura radical e irreversible en su trayectoria.

No encontraremos en esta novela el estilo de mágico surrealismo de Industrias y andanzas de Alfanhuí (1951) ni de neorrealismo social de El Jarama (1955); aquí tenemos una prosa discursiva y cronística de gran riqueza verbal y simbólica, de lectura exigente pero gratificante. Sánchez Ferlosio ha sido uno de los pocos escritores españoles capaces de inventar civilizaciones desconocidas, realidades ajenas pero redondas y verosímiles, de gran grandeza épica.

El Testimonio de Yarfoz es un libro profundo e importante que recomiendo vivamente a los amantes de la gran literatura española.

Puntuación: 5 (de 5)
DEBOLSILLO (2015)
Colección: Contemporánea
Epílogo: Gonzalo Hidalgo
304 págs.

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En 1986, transcurridos treinta años desde la publicación de El Jarama , Rafael Sánchez Ferlosio rompió su prolongado silencio como novelista con El testimonio de Yarfoz, fragmento autónomo -un apéndice, en realidad- de una fingida y monumental Historia de las guerras barcialeas en la que al autor venía trabajando -bien que solamente”a rachas”- desde finales de los años sesenta. De nuevo Ferlosio rompía todo tipo de expectativas con un texto de tono y de intenciones radicalmente otros que los de sus dos novelas anteriores; una saga de resonancias épicas, repleta de invenciones asombrosas, en la que late una profunda y melancólica reflexión sobre la necesaria confianza en la palabra y los peligros de su rompimiento. «Entre los novelistas de mi generación o de las anteriores, sólo me interesa Ferlosio, que es el mejor escritor español.» Juan Benet (Sinopsis de la editorial).

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Rafael Sánchez Ferlosio, hijo de padre español y madre italiana, nació el 4 de diciembre de 1927 en la ciudad de Roma. A la edad de catorce años, en el texto de literatura española de Guillermo Díaz-Plaja y en la frase en la que el autor, retratando al infante don Juan Manuel, decía literalmente “tenía el rostro, no roto y recosido por encuentros de lanza, sino pálido y demacrado por el estudio” conoció cuál era su ideal de vida. No obstante, ha sido siempre demasiado perezoso para llegar a empalidecer y demacrarse en medida condigna a la de su ideal emulatorio, y su máximo título académico es el de bachiller. Habiéndolo emprendido todo por su sola afición, libre interés o propia y espontánea curiosidad, no se tiene a sí mismo por profesional de nada.” Narrador y ensayista, Rafael Sánchez Ferlosio pasa por ser uno de los más grandes prosistas de la lengua española. Es autor de las novelas Industrias y andanzas de Alfanhuí (1951), El Jarama (1955) y El testimonio de Yarfoz (1986). Entre sus libros de artículos, pecios y ensayos cabe mencionar Las semanas del jardín(1974), La homilía del ratón (1986), Mientras los dioses no cambien, nada ha cambiado (1986),Vendrán más años malos y nos harán más ciegos (1994), El alma y la vergüenza (2000), La hija de la guerra y la madre de la patria (2002) y Non olet (2003). Entre los numerosos e importantes galardones que ha recibido destacan el Premio Cervantes, en 2004, y el Premio Nacional de las Letras Españolas, en 2009.

 

 

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