{Reseña} Marcel Schwob: La lámpara de Psique (FCE)

Marcel Schwob es conocido universalmente por esa obra maravillosa y casi fundacional del género de “ficciones biográficas” que es Vidas imaginarias (1896), así como por sus colecciones de cuentos fantásticos Corazón doble (1891) y El rey de la máscara de oro (1892). Fondo de Cultura Económica ha tenido el acierto de agrupar en un volumen las pequeñas obras de ficción menos conocidas de Schwob, que en general muestran un carácter menos narrativo y más poético que las señaladas anteriormente.

Marcel Schwob escribió toda su obra entre los 24 y 29 años en una prosa que aspiraba a ser lo más clara y neta posible, y que a su amigo Remy de Gourmont le parecía “de una sencillez pavorosamente compleja”. La búsqueda de lo individual y la diferencia fueron siempre su principal premisa estética. Hombre enfermizo, siempre rodeado de libros y heredero de una familia de gran cultura, en su obra se encuentra una personalísima mezcla de erudición y sensibilidad infantil que hace su estilo inimitable.

Dos años antes de su muerte Schwob publicó La lámpara de Psique (1903) que reúne cuatro títulos anteriores: Mimos, La cruzada de los niños, El libro de Monelle y La estrella de madera.

Marcel Schwob recreó en Mimos (1894) a un poeta admirador de Teócrito, Herondas, poco después de que se hubieran descubierto y editado sus Mimiamboi. Los poemas en prosa o mimos de Schwob son composiciones ficticias de temas helenísticos impregnados de una refinada y pagana sensualidad. En este caso, se han señalado afinidades con Pierre Louÿs, que había urdido libros apócrifos de tema griego como Las canciones de Bilitis, publicado el mismo año que Mimos.

Si dudáis que haya manejado los pesados remos, mirad mis dedos y mis rodillas; los encontraréis gastados como antiguas herramientas. Conozco cada hierba de la llanura marina que a veces es violeta y a veces azul, y poseo la ciencia de todas las conchas enroscadas. Hay algunas entre estas hierbas que están dotadas con nuestra vida: tienen ojos transparentes como la jalea, cuerpo semejante a la ubre de la cerda, y una infinidad de miembros delgados que son otras tantas bocas. Y entre las conchas horadadas las he visto que tienen más de mil agujeros; y de cada aberturita salía o entraba un pie de carne con el cual caminaba la concha.

Después de franquear las columnas de Heracles, el Océano que rodea a la tierra se torna desconocido y furioso.

Y crea en su curso islas sombrías donde viven hombres distintos y animales maravillosos. Hay allí una serpiente de barba dorada que gobierna con sabiduría su reino; y las mujeres de este lugar tienen un ojo en la extremidad de cada uno de sus dedos. Otras tienen pico y penachos como los pájaros; por lo demás son semejantes a nosotros. En una isla donde arribé, sus habitantes llevaban la cabeza en el sitio en que tenemos el estómago; y al saludarnos inclinaban sus vientres. No hablaré ni de los cíclopes, ni de los pigmeos, ni de los gigantes; porque no es muy grande su número.

Nada de esto me parece prodigioso; no me infunde terror. Pero una noche vi a Skyla. Nuestro bajel tocó la arena de la costa siciliana. Como yo desviara el timón, percibí en medio del agua a una mujer que tenía los ojos cerrados. Sus cabellos eran color de oro. Parecía dormir. Y de pronto me estremecí; porque temí ver sus pupilas, sabiendo que después de haberlas contemplado, dirigiría la proa de nuestra nave al abismo del mar. (Mimo X)

La cruzada de los niños (1896), se adentra en un delirante hecho histórico —el intento de conquista del Santo Sepulcro en el siglo XII por un ejército de niños que partieron de Francia y Alemania—, narrado por diferentes protagonistas, al modo de The Ring and the Book de Robert Browning. Remy de Gourmont lo calificó acertadamente de “librito milagroso” y Borges ponderó su precisión legendaria y patética en un excelente prólogo.

El libro de Monelle (1894) rememora el apasionado amor de Schwob por una joven prostituta a quien conoció en 1890 y que murió tres años más tarde. Más que una narración, nos encontramos con un hermoso poema en prosa, inquietante y  vital, escrito desde lo más profundo. Un texto repleto de hermosas sentencias poéticas y que es uno de los libros de amor más sentidos y conmovedores de la literatura.

La estrella de madera (1897) es la última creación de ficción de Schwob. Se trata de un cuento lírico o poema narrativo en prosa que se adentra nuevamente en el mundo maravilloso y mágico de la infancia con su poder transformador de la realidad.

La lámpara de Psique es un libro precioso y fascinante, que además nos viene en unas magníficas traducciones y acompañado por un amplio e informativo prólogo de Nelly Palafox López. Absolutamente recomendable.

Puntuación: 5 (de 5)
Fondo de Cultura Económica (2016)
Traducción: Rafael Cabrera y Martí Soler
Colección: Biblioteca Universitaria de Bolsillo
210 págs.

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“En todos los países hay una pequeña secta de lectores de Schwob”, decía Borges, refiriéndose a la herencia literaria de la obra schwobiana, de la que abrevaron Bolaño, Faulkner, Reyes, Tabucchi, Torri e incluso el propio Borges en su Historia universal de la infamia.
Con la lectura de La lámpara de Psique se descubre ese legado a través de un universo repleto de claves que inevitablemente asocian a Marcel Schwob con sus estudios sobre Shakespeare, Stevenson y Villon, y una escritura que avanza funámbula sobre la línea difusa entre la realidad y la fantasía. En los cuatro libros reunidos en este volumen –Mimos, La cruzada de los niños, La estrella de madera y El libro de Monelle– se revelan narraciones profundas sobre el asombro y el amor humano. (Sinopsis de la editorial)

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Marcel Schwob nació en Chaville (Francia) en 1867 y fue autor de libros tan importantes e influyentes en las generaciones sucesivas como El libro de Monelle (1894), La cruzada de los niños (1896), los ensayos de Espicilegio (1896) o, especialmente, colecciones de cuentos como Corazón doble (1891), El rey de la máscara de oro (1892) o Vidas imaginarias (1896), cuyos prólogos son, en sí mismos, una buena muestra de su teoría de la ficción. Además fue traductor, entre otros, de Shakespeare y Stevenson, y lingüista principalmente interesado por el uso del argot. Después de viajar a Samoa, aquejado por la enfermedad, murió en París en 1905.

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Un comentario sobre “{Reseña} Marcel Schwob: La lámpara de Psique (FCE)

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