{Reseña} Heinrich Heine: Espíritus elementales (Ediciones Irreverentes)

Heinrich Heine (Düsseldorf, 1797-París, 1856) es considerado el último poeta del romanticismo alemán y al mismo tiempo su epílogo. Heine conjura el mundo romántico y todas las figuras e imágenes de su repertorio para superarlo. Consiguió dotar de lirismo al lenguaje cotidiano y elevar a la categoría literaria géneros en aquel momento considerados menores, como el artículo periodístico o los relatos de viaje. Además concedió al idioma alemán una elegante sencillez muy personal. Heine fue tan amado como temido por su comprometida labor como periodista, crítico, político, ensayista y polemista. Debido a su origen judío y a su postura política Heine fue constantemente excluido y hostigado. Buscando una atmósfera política y literaria más afín, se marchó a París en 1831. Salvo dos visitas breves a su país natal, allí pasó el resto de su vida. Su actitud solitaria impregnó su vida, su obra y su recepción de ideas extranjeras.

Al contrario que otros grandes artistas del Romanticismo alemán, que buscaron el un idealizado Cristianismo medieval el objeto de su devoción y aspiraciones, Heine se interesó especialmente en las raíces paganas de los pueblos germánicos. Fruto de este interés es Espíritus elementales (1837), un ensayo dirigido al público francés —y por tanto de carácter sencillo y divulgador—, donde el autor hace un repaso somero de muchos de los  cuentos y leyendas de tradición centroeuropea, especialmente germana, de un gran valor histórico y literario, bien entendido que el interés de Heine, más que folclórico o etnográfico, es de carácter poético.

“Los espíritus elementales no proceden, como nosotros, de la raza de Adán, habiéndoles asignado Dios como morada los cuatro elementos”

“Los enanos llevan unos gorros con los que se hacen invisibles. Se les llama “gorras de niebla”

“Los coboldos son espectros, mezcla de hombres muertos y demonios”

“Los enanos llevan unos gorros con los que se hacen invisibles. Se les llama gorras de niebla”

El poeta incluye en Espíritus elementales leyendas relacionadas con los espíritus de la tierra (los enanos), los espíritus del aire (elfos), los espíritus del agua (ondinas), espíritus pertenecientes a jóvenes que murieron antes de consumar su matrimonio (las nixas), nos habla de gigantes, valquirias (parcas) y brujas. Finaliza con una serie de tradiciones que nos hablan del espíritu del fuego (demonios). Se citan ampliamente los estudios de los hermanos Grimm y otros eruditos, así como se transcriben un buen número leyendas populares. En Espíritus elementales muestra Heine con claridad una añoranza por los tiempos antiguos, paganos, ajenos a todo cientifismo, una época donde los hombres estaban más cerca de la Naturaleza y practicaban una sencilla religión natural.

Hay que señalar que Espíritus elementales constituye una magnífica introducción a la mitología germánica (y en general nórdica), base principal de la literatura de fantasía medieval y heroica que se escribe desde Tolkien a nuestros días. Los amantes de este género deberían conocer este breve ensayo.

Espíritus elementales es un libro delicioso y sumamente interesante, impecablemente traducido por José Antonio Molina. Muy recomendable.

Puntuación: 5 (de 5)
Ediciones Irreverentes (201)
Traducción y prólogo: José Antonio Molina
Colección: Narrativa, 115
82 págs.

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Espíritus elementales obra dirigida al público francés, fue publicada en Alemania en 1837, en ella Heine supera la simple exaltación romántica del pasado y sabe ir más allá de una tópica idealización de la Edad Media. El poeta recoge las grandes creaciones del alma popular y recupera su valor eterno e intemporal para ofrecerlas a un público contemporáneo ya alejado de ese mundo, pero que aun sin saberlo puede necesitar esta “prisca sapientia” intemporal. Heine hace desfilar ante el lector todos los elementos del folclore centroeuropeo: brujas, nixos, elfos, ondinas, enanos, valquirias, hasta llegar al mismo Fausto y al Demonio, y finalmente al emperador Federico Barbarroja, que según la tradición continúa vivo y recluido en una cueva como señor de la montaña a la espera de volver algún día para instaurar un reino universal de igualdad, libertad y justicia, cosa que por supuesto, se corresponde con los ideales del propio Heine y de las revoluciones modernas.

Edición de José Antonio Molina, profesor de Historia Antigua en la Universidad de Murcia. Escribe en Antigüedad y Cristianismo y Revista Murciana de Antropología. Su campo de estudio es la mentalidad, cultura y antropología de la Antigüedad Tardía y la historiografía alemana del S.XIX. Ha traducido a autores como Heine, Hunger, Gregorovius, Malaczewski y Schopenhauer.

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Heinrich Heine (1797-1856) es por definición el escritor comprometido con su tiempo, combativo y radical defensor de la causa de la libertad. El autor de Alemania, un cuento de invierno, El Señor de Schnabelewopski, Doce canciones, Cuadros de viaje o Los Dioses en el Exilio, es también un gran conocedor de la cultura popular alemana. Suya es la conocida frase “Ahí donde se queman libros se acaba quemando también seres humanos”.

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