{Reseña} Andrés Ibáñez: La duquesa ciervo (Galaxia Gutenberg)

718FbyZd5yL.jpg

Una parte no desdeñable de la obra literaria de Andrés Ibáñez se encuadra dentro de lo que se podría llamarse a grosso modo literatura fantástica. La sombra del pájaro lira (2003) y Memorias de un hombre de madera (2009) se inscriben claramente en ese género. Ahora se suma La duquesa ciervo, una personal fantasía medieval que ha sido primorosamente editada por Galaxia Gutenberg estos días.

La duquesa ciervo es una amplia obra iniciática, un detallado viaje de búsqueda interior. Por debajo de las historias de guerreros y de espadas, de magos y dragones, de bosques y castillos, se desarrolla una exploración sobre la naturaleza de la conciencia y una precisa reflexión sobre temas como el destino, la memoria, el amor, la identidad o la compasión. Novela de aventuras, constituye también una defensa de la imaginación poética como forma de rebeldía contra la esclavitud y la guerra. En esta novela se narra la historia de los aprendices de magia Hjalmar y de la bella Aliso, del mago Saamsar de Olden, así como de otros interesantes personales secundarios como el caballero Hutta, la esclava Aswen, el bardo Orre o el traficante de esclavos Ségires Rémite.

Ahora bien, desde mi punto de vista no todo es perfecto en esta obra: en los libros segundo y tercero (de los tres que componen la novela), el autor introduce demasiados personajes secundarios y tramas paralelas que hacen que el lector pierda el hilo de la historia principal —perfectamente planteada y desarrollada en el libro primero— y que lastran la lectura que, a veces, resulta algo confusa y prolija. Probablemente Ibáñez hubiera necesitado dedicar más espacio a estos personajes y hechos, aun a costa de alargar la novela. También cae —aunque esto es casi inevitable— en algunos tópicos y lugares comunes del género de la Fantasy. No obstante estas objeciones, La duquesa ciervo se disfruta de principio a fin ya que viene escrita en un lenguaje literario de primera calidad, de gran aliento poético y legendario.

Era la torre de Arnheim. El viejo Roster me la señaló con la sonrisa de los que regresan al hogar. Estábamos en lo alto de una colina y desde allá arriba se contemplaba la interminable extensión del valle del Arne, repartido en tierras de labranza, pastos, vetas de rocas cársticas, dolinas con lagos azules y manchas de bosque donde todavía cantaba el petirrojo y campeaban el corzo y el jabalí. La torre, visible desde una distancia de treinta millas, dominaba un edificio grande como una colina, erizado de arcos, torretas, ojivas y arbotantes, cuya magnificencia me dejó boquiabierto. ¿Era aquello Irundast? Irundast la bella, confirmó el viejo Roster. Irundast la fuerte. Irundast de Arnheim, el centro del mundo.

jamás había contemplado una ciudad tan grande. Alrededor de la ciudad montaña se extendían barrios de casas de piedra, parques, puentes y canales. Fuera de las murallas también había edificaciones, además de campamentos de gente trashumante, zonas peligrosas, me explicó Roster, que debían evitarse a toda costa. Me sorprendió la cantidad de canales que había en Irundast. Todos se alimentaban, según me explicó el viejo Roster, del río Arne, muy caudaloso en las tierras del valle, dividido desde tiempos inmemoriales en todo un laberinto de vías de agua, esclusas y estanques que se utilizaban como reservas de agua potable, lagunas de recreo, cotos de pesca y vías de transporte.

Yo no entendía cómo se puede usar una laguna para recrearse (era entonces tan primitivo que el concepto de «recreo» o «diversión» me resultaban incomprensibles), ni tampoco sabía lo que era un coto de pesca ni conseguía elucidar para qué querría nadie utilizar un camino de agua para transportar nada habiendo bueyes, carromatos y cómodos caminos bajo los sauces.

La torre de Arnheim. Todavía brumosa, indistinta en la distancia, como si estuviera hecha de nube o de sueño. Imposible me resultaba creer que allí dentro vivieran personas y durmieran mujeres en sus camas, que hubiera armarios llenos de pergaminos y monjes destilando flores, nidos de golondrinas en las cornisas y un rey en una terraza contemplando el mundo

Entre otras obras, Ibáñez admite haberse inspirado en Loba, de Verónica Murguía, El señor de los anillos, de J. R. R. Tolkien, y Un mago de Terramar, de Ursula K. Le Guin. También aparecen reinterpretaciones de hechos como las Cruzadas, la búsqueda del Grial o el ciclo artúrico. Como se ve, no son malas influencias en absoluto.

En definitiva, La duquesa ciervo es una preciosa novela que gustará tanto a los seguidores de la fantasía medieval, como a cualquier lector de la literatura bien escrita, sea fantástica o realista.

Puntuación: 4 (de 5)
Galaxia Gutenberg (2017)
Colección Narrativa, 161
384 págs.

Ver y Comprar este libro en Amazon: https://amzn.to/2VsoWU4

wallpaperbetter.com_1920x1080

Después del gran despliegue narrativo de Brilla, mar del Edén (Premio Nacional de la Crítica), Andrés Ibáñez se adentra con La duquesa ciervo en un mundo fantástico y medieval para contarnos la historia de Hjalmar, aprendiz de mago, y de su encuentro con la fascinante duquesa ciervo. Un mundo entero se despliega ante nuestros ojos, vivo hasta en los menores detalles: la populosa ciudad de Irundast, dominada por la Torre de los Magos donde viven la bella Aliso, el rey Urbán y el archimago Saamsar de Olden, y luego todo un orbe de esclavos y de inmensos imperios sin límites, de religiones fanáticas y antiguas leyendas. Las etapas del estudio de la magia, una gran historia de amor que fluctúa entre lo posible y lo imposible, un gran viaje a través del mundo, una selva donde se borra la diferencia entre sueño y vigilia, una guerra infinita por conquistar una ciudad que flota sobre las nubes, una sociedad donde los osos conviven con los hombres e innumerables historias secundarias componen un vasto fresco animado con la energía de las antiguas novelas de aventuras. Y sin embargo, este mundo de niebla y fantasía se parece dolorosamente al nuestro. Sus dragones y cadenas son los mismos que nosotros sufrimos hoy en día. La duquesa ciervo es una exploración interior en busca de los fantasmas que dominan nuestra psique y también una reflexión sobre el poder, la esclavitud y la libertad. (Sinopsis de le editorial)

escritor-madrileno-Andres-Ibanez_1675642434_2783057_1300x731

Andrés Ibáñez nació en Madrid en 1961. Hombre de cultura en el más amplio sentido de la palabra, a los cinco años escribió una versión muy personal de Don Quijote y desde entonces la escritura y la música han marcado su vida. En 1989 se fue a vivir a Nueva York donde residió siete años y escribió obras de teatro en inglés, alguna de las cuales llegó a estrenarse allí. Ha escrito poesía pero sobre todo novelas como La música del mundo (1995), El mundo en la Era de Varick (1999), La sombra del pájaro lira (2003), El parque prohibido (2005),  Memorias de un hombre de madera (2009), La lluvia de los inocentes (2012) y Brilla, mar del Edén (2014), además del volumen de cuentos El perfume del cardamomo (2008). Colabora habitualmente en ABC Cultural donde escribe una columna titulada “Comunicados de la tortuga celeste”. Ha sido durante muchos años pianista de jazz.

Deja una respuesta

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s