{Reseña} Vicente Blasco Ibáñez: Oriente (Editorial Renacimiento)

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Este año 2017 se cumple el ciento cincuenta aniversario del nacimiento de Vicente Blasco Ibáñez. Como otras muchas efemérides —pienso en el fracasado IV centenario de la muerte de Cervantes el año pasado—, me temo que esta celebración pasará casi inadvertida y quedará aplastada por las banalidades y estupideces en las que vivimos enfangados. Pero mientras tanto podemos revelarnos y disfrutar de esta nueva edición de Renacimiento de uno de los libros de viajes del escritor valenciano, Oriente, publicado en 1907 en Valencia por el editor Francisco Sempere.

En 1906 Blasco Ibáñez conoció a la millonaria chilena Elena Ortúzar, persona que tomaría como modelo para alguna de sus novelas y que sería fundamental en su vida personal. En 1907, después de un viaje a Sevilla se desplazó a Vichy, para encontrarse con la citada Elena. De allí pasaría a Ginebra. Desde Ginebra —y tras visitar Berna, Munich, Viena y Budapest— iniciaría su primer viaje a Constantinopla, acompañado de doña Elena, la madre de ésta y la doncella. Este viaje fue totalmente improvisado, aunque no le impidió consumir en el mismo seis meses y en hacer de él una tentación literaria que plasmaría en diversos artículos, luego convertidos en libro. Oriente es el tercero de los grandes libros de viajes de Blasco Ibáñez, tras París, impresiones de un emigrado (1893) y En el país del arte (Tres meses en Italia) (1896) y seguramente es superior a los citados, por su mayor capacidad de observación y perfección de escritura. Su admiración por Constantinopla fue total e intentó analizarla desde los más diversos aspectos, con soberbia pluma de narrador y anticipando en sus reflexiones muchos de los cambios que habrían de tener lugar como consecuencia de la Gran Guerra.

De noche parece Budapest una población de ensueño. La doble ciudad refleja en el Danubio —que tiene cerca de medio kilómetro de anchura— los fuegos de su espléndida iluminación. Desde los muelles de Pest, que es la más grande por estar en el llano, se contempla enfrente a Buda enroscando sus rosarios de luces de gas por las sinuosidades de las colinas y sembrando las rocas de faros eléctricos, que brillan como lunas.

***

Tenía grandes deseos de ver de cerca a este extraño personaje, y amigos influyentes preparaban nuestra entrevista. Después he desistido. ¿Para qué? El Gran Eunuco iba a recibirme en su casa, una casa a la europea, con muebles seguramente traídos de Viena, que serán su orgullo. Además, sólo habla turco. Para ver la colección de blondas artísticas que está formando y que exhibe a los extranjeros, no vale la pena de molestarse y llamar Alteza a este grotesco y triste personaje.

***

En Turquía todavía existe la venta de esclavas. Yo quise cándidamente ver un mercado. No existe mercado. Desde que Inglaterra y otras potencias intervinieron en la vida interna de Turquía, se acabó la trata de esclavas. Los antiguos caravanserrallos, enormes posadas de vastos claustros donde hace cincuenta años se exhibían libres de velos los lotes de carne juvenil llegados de la Circasia, sólo están ocupados hoy por mercaderes de Trebisonda y Bagdad, que fuman su narguilé exhibiendo pacientemente los rollos de tapices y los cofrecitos repletos de piedras preciosas.

Divida en dos amplias secciones, Camino a Oriente (14 capítulos) y Oriente (19 capítulos), en ellas nuestro autor presenta un dominio del género de viajes, donde la mezcla de pintoresquismo e Historia, vivacidad y plasticidad descriptiva alcanza altas cotas literarias. Como se ha dicho, este viaje comienza en la ciudad balneario de Vichy. Blasco ocupa tres capítulos en describir la vida de la alta sociedad que disfrutaba de incontables conciertos y bailes mientras tomaba las aguas. De allí pasa a Ginebra, ciudad que como toda Suiza, considera aburrida. Múnich, Viena y Budapest cierran el periplo ante de llegar a Belgrado, puerta del imperio otomano. En estas ciudades centroeuropeas se admira el arte y el lujo, un poco frío, así como se relatan varios hechos históricos truculentos. La segunda sección la ocupa en su totalidad Turquía. Obviamente, era imposible tratar todos los aspectos interesantes de esa inmensa ciudad y abigarrada sociedad en tan pocos capítulos; pero los temas que aborda Blasco Ibáñez son interesantísimos y muy literarios. Desde su encuentro con altas personalidades como el Gran Visir, el Gran Eunuco o el Patriarca griego, hasta su descripción de una ceremonia de los derviches giróvagos y otra de los derviches aulladores el autor nos introduce de lleno en el mundo oriental, con sus luces y sus sombras, con sus fastos y su intimismo. También dedica sendos capítulos a aspectos insólitos como son el trato que dispensan los turcos a los perros, la esclavitud oculta, los eunucos o la libertad religiosa de los súbditos del imperio. No podían faltar tampoco la visita a lugares como Santa Sofía, el Gran Puente o el Palacio de la Estrella. El libro finaliza con el viaje de vuelta y la narración del accidente ferroviario que sufrió el propio escritor en las afueras de Budapest.

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Esta estupenda edición de Editorial Renacimiento viene precedida por un interesante y útil estudio introductorio de Emilio Sales. Creo que Oriente es uno de los más bellos libros de Vicente Blasco Ibáñez y uno de los mejores libros de viajes de la literatura española. Realmente merece la pena su lectura. Totalmente recomendable.

Puntuación: 5 (de 5)
Editorial Renacimiento (2017)
Colección: Los Viajeros, 36
Introducción: Emilio Sales
328 págs.

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Vicente Blasco Ibáñez fue un viajero empedernido. En él ejercía una singular fascinación la posibilidad de recorrer grandes distancias para satisfacer su espíritu curioso y para reivindicarse como ciudadano de un mundo sin fronteras. Pero en su trayecto hasta Constantinopla hubo otro aliciente que hacía más atractiva la aventura: era uno de los primeros viajes que iba a emprender con Elena Ortúzar, quien se convertiría con el tiempo en su segunda esposa. No obstante, en Oriente (1907), volumen donde reunió las crónicas en que había ido plasmando para la prensa las impresiones de su periplo por varios países europeos hasta llegar a Turquía, no se hallará referencia alguna a su episodio sentimental. En cambio, el lector sí que podrá adentrarse en la relación entusiasta que el escritor-viajero siempre estableció con los ambientes por los que transitó. Por ello, Oriente es un libro de viajes en el que Blasco Ibáñez muestra su habitual capacidad para registrar con un descriptivismo casi pictórico escenarios y tipos humanos. Pero, sobre todo, es una obra que atrae por la variedad de temas que suscita el viaje en un autor que igual se muestra crítico como se deja seducir por el halo fabuloso de unos escenarios que parecen, como él mismo reitera, extraídos de Las mil y una noches. (Sinopsis de la editorial)

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VICENTE BLASCO IBÁÑEZ (Valencia, 1867 – Menton, Francia, 1928) Su fugaz exilio en París en 1890 le cambia. Al volver a Valencia se convierte en líder del republicanismo desde 1892 hasta 1905. Fue periodista de referencia y lideró movimientos de masas. Fue reiteradamente perseguido por la Justicia. En esta época de activismo político escribió algunas de sus más importantes novelas: Arroz y tartana, Flor de mayo, La barraca, Entre naranjos, Cañas y barro y La catedral. Funda la editorial “Prometeo”, en la que junto a sus propias novelas edita a Marx, Darwin, Conan Doyle, Nietzsche, Kropotkin, Jack London, Edgar Allan Poe, Dostoievski o Gorki, entre otros autores que marcaron el pensamiento de su tiempo. En 1908 logra la fama mundial con Sangre y arena. Durante la Primera Guerra Mundial obtiene un éxito sin precedentes con sus novelas Los cuatro jinetes del Apocalipsis, Mare Nostrum y Los enemigos de la mujer. Fue el autor más leído y mejor pagado de su tiempo. Recibe el doctorado Honoris Causa por la Universidad de Washington y sus obras son llevadas al cine.

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