{Reseña} Alessandro Marzo Magno: Los primeros editores (Malpaso)

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Dentro de los numerosos ensayos que tratan sobre el aparentemente aburrido mundo de los libros, esta novedad de Alessandro Marzo Magno publicada por Malpaso es uno de los más excepcionales; y lo es porque aúna dos aspectos muy interesantes: por un lado trata de los orígenes de la potente industria editorial en Venecia, y por otro, se sitúa en la siempre fascinante época del Renacimiento italiano.

Pues bien, ¿qué nos trae Los primeros editores? Ante todo, nos descubre un mundo desconocido (para nosotros, los españoles) como es el del inicio y florecimiento en el siglo XVI de una impresionante industria de la impresión y edición en la capital de la Serenísima República de Venecia, a la sazón, la mayor potencia económica, comercial y militar del Mediterráneo oriental. Con una extraordinaria erudición que nunca llega a la pedantería ni al artificio—,  Marzo Magno nos introduce en las primeras imprentas establecidas en la ciudad de los canales y en el comienzo de un primitivo mercado de libros. Un capítulo muy interesante es el dedicado a la figura de Aldo Manuzio, un auténtico humanista e innovador (introdujo la letra cursiva, el libro de bolsillo o portátil, la coma, los apóstrofes). A él se deben algunos de los libros más bellos editados durante el Renacimiento.

Quien trae la imprenta a Venecia es alemán. Johann de Spira (Speyer) también publica a Cicerón, las Epistulae ad familiares, en 1469, como ya hemos visto; solicita y consigue un privilegio de Señoría de la Serenísima. El privilegio es una institución bastante común en la Europa de la época. En concreto se trata de una autorización de monopolio cuando se empieza una nueva actividad o se crea algo nuevo dentro de una actividad ya instalada. El que se le concede a Johann es un privilegio quinquenal, pero también los hay por decenios o incluso por veinticinco años de duración. Sin embargo, el privilegio está ligado a la persona a quien se le concede, y como el impresor muere pocos meses después de la concesión, Venecia se convierte en un mercado libre y enseguida varios tipógrafos, naturalmente alemanes, abren sus imprentas. En toda Europa son los impresores procedentes de Alemania quienes difunden la nueva técnica tipográfica: «verdaderos nómadas, se detienen en las ciudades según los encargos y, ricos solo de su ciencia y de unas limitadas herramientas, buscan a un inversor que les permita establecerse y una ciudad donde se encuentren las condiciones necesarias para fundar una oficina tipográfica estable».

Pruebas de la primacía de la inquieta industria veneciana son la ediciones de obras como el Corán en árabe (descubierto en 1987 de una forma casi casual), el primer Talmud impreso en Europa, además de las primeras ediciones en lenguas griega, armenia y eslavas que abastecían a los lectores de las colonias venecianas, así como a los autóctonos (especialmente con libros litúrgicos para las diferentes confesiones).

Otros temas por los que destacaron los editores venecianos son la cartografía, que desató una verdadera pasión con los descubrimientos geográficos del Nuevo Mundo (lo que sería a la postre la ruina del comercio de la republica), así como los libros destinados al arte de la guerra y arquitectura militar.

Para que imprimir libros se convierta en una actividad de éxito se necesitan tres condiciones: alta concentración de intelectuales, amplia disponibilidad de capitales y una alta capacidad comercial. La cercana Universidad de Padua provee el capital intelectual; el aspecto financiero queda a cargo de los riquísimos mercaderes que se están convirtiendo a la agricultura y quieren diversificar las inversiones, y la capacidad y la red comercial son las propias del estado europeo más rico y poderoso de finales del siglo xv. Los libros, de hecho, viajan en los barcos que desde hace siglos comercializan los bienes que han vuelto grande a la Serenísima.

La edición musical también fue de extraordinaria importancia en Venecia; una vez que se solucionaron los problemas técnicos de la compleja impresión de las partituras, los editores se lanzaron a la conquista del apetecible mercado musical abasteciendo a toda Europa. También tuvieron los editores afincados en Venecia (puesto que no todos eran originarios de la ciudad) la visión de introducir otros géneros para llegar a todo tipo de lector: los primeros libros impresos de gastronomía, medicina, cosmética e incluso eróticos (aquí descuella la figura de Pietro Arentino).

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En el capítulo final, el autor traza la decadencia de la edición que va de la mano con el ocaso de la República provocada por los tremendos cambios geopolíticos que se vivieron en los siglos XVII y XVIII. Aun así, todavía le aguardaban algunos éxitos, como la impresión de las famosas estampas de Remondini que inundaron los hogares europeos.

En conclusión, Los primeros editores es un ensayo magnífico que hará disfrutar a todos los bibliófilos y a los amantes del ensayo histórico y literario. La edición de Malpaso es estupenda. Plenamente recomendable.

Puntuación: 5 (de 5)
Malpaso Ediciones (2017)
Traducción: Marilena de Chiara
256 págs.

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¿Dónde se imprimió el primer Corán en árabe? ¿Y el primer Talmud? ¿Y los primeros libros en griego o en cirílico? ¿Dónde se vendieron los primeros libros de bolsillo y los primeros best seller? La respuesta es siempre la misma: en Venecia.

Allí coincidieron los primeros editores modernos, que imprimieron y comercializaron tanto el primer tratado ilustrado de arquitectura como el primer libro pornográfico, además de los primeros tratados de cocina, medicina, arte militar, cosmética y los libros de mapas que permitieron que el mundo conociera los descubrimientos de los españoles al otro lado del Atlántico.

El libro enumera todos esos acontecimientos y los pone en su contexto histórico. Gracias a su poderosa industria editorial, Venecia editaba la mitad de los libros del continente. Muchos libreros ingleses o alemanes encargaban allí las tiradas de sus títulos, desde donde se distribuían con rapidez gracias a las envidiables conexiones marítimas de la Serenísima.

En el centro de ese interesantísimo panorama, que cautivará tanto a los interesados en la historia de la cultura como a los viajeros enamorados de la ciudad italiana, el autor sitúa al primer editor moderno, Aldo Manuzio, que publicó a los autores clásicos en griego y en latín, pero que también se dio cuenta de que la lengua del futuro en esa península iba a ser el italiano, y apostó por ella como instrumento de cultura. Manuzio es la gran estrella de Los primeros editores, pero como todos los genios no se entiende sin su contexto, que Alessandro Marzo Magno dibuja con gran erudición y amenidad. (Sinopsis de la editorial)

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Alessandro Marzo MagnoVeneciano, licenciado en historia, vive en Milán. Ha publicado, entre otros títulos, L’alba dei libri (traducido al inglés, japonés y coreano), L’invenzione dei soldi (en coreano y turco), y e Il genio del gusto.

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