{Reseña} Rafael Bernal: Trópico (Jus Ediciones)

978607940954.jpg

Rafael Bernal es un escritor poco conocido en España —parece que tampoco es un autor excesivamente popular en su México natal—, pero con algunos títulos accesibles que han tenido cierta repercusión, como El Complot Mongol (1969), novela negra y El gran océano (póstumo, 1992), ensayo histórico. A estos libros se añade Trópico (precisamente el título con que la editorial Jus desembarcó en España), un breve pero intenso volumen de cuentos que muestra a un autor tremendamente interesante y personal.

Trópico se compone de seis relatos ambientados en las calurosas y tropicales costas de Chiapas. Rafael Bernal había estado viviendo en su juventud durante una temporada en esta región y, a buen seguro, esta experiencia le proporcionó los temas y ambientes de estas historias. Publicado originalmente en 1946 por la editorial Jus, este volumen mantiene una unidad temática ejemplar. Aquí la venganza, el asesinato, el odio, las persecuciones y la degradación son mostrados con la crudeza de un cronista desapasionado. A pesar de ciertas premisas religiosas del autor, son cuentos brutales, sin ninguna concesión al sentimentalismo o al final feliz. Estilísticamente hablando, Bernal se muestra descarnado a la vez que liviano, en una prosa que avanza sin obstáculos para el lector.

Sebastián Constantino entró despacio a la cantinita de madera, cuyas puertas se abrían directamente sobre el ancho platanar. Afuera, el sol pesado y lento caía sobre las hojas, tendidas para recibirlo; y al pisar el pasto verde y enroscado se sentía la vida que palpitaba dentro de la tierra, pero en la negrura agria y olorosa de la cantina se presentía la muerte.

Se estaba bañando en el río cuando le fueron a decir que el Cuarenta y Cinco había llegado a la cantina, y sin secarse se vistió aprisa y vino, acomodándose la treinta y ocho Colt mientras andaba. Entre el platanar, donde nadie lo veía, se aseguró de que la pistola estaba cargada y, al ver las ruedas brillantes de los cartuchos con su centro rojo, sintió un miedo rápido que le corría por la columna vertebral mientras su mano maquinalmente apretaba la culata reconfortante de la pistola. Sus dedos sintieron las diecisiete rajadas que había hecho con una lima de afilar machetes: cada una equivalía a un cristiano quebrado.

***

Cuando se dio cuenta ya estaba rezando en lo más hondo de su alma con palabras que creía olvidadas y que ahora recordaba claramente. No le pedía a Dios que lo librara de morir: pedía solamente que el Cuarenta y Cinco se apurara, que se levantara ya de la mesa antes que él, Sebastián Constantino, saliera huyendo deshonrado. Un hombre de clase no puede huir nunca. («La media hora de Sebastián Constantino»)

A excepción del cuento Tata Cheto, una irónica historia sobre el picaresco origen de la fortuna de un hacendado, todas las piezas inciden en el envilecimiento y en la fatalidad de una sociedad —la chiapateca— pobre, atrasada y atávica. En los relatos de Trópico se verifica la ley del más fuerte (física o intelectualmente), casi a la manera de Joseph Conrad o Jack London; personajes sencillos viviendo al límite en un entorno hostil y malsano, casi maldito (asociado por Bernal con la costa, en contraposición con el interior y con las montañas). La media hora de Sebastián Constantino es una historia de un duelo y la cobardía final. En El compadre Santiago puede más la necesidad que la lealtad a un amigo muerto. Lupe es un terrible cuento sobre el proceso de domesticación de un ser humano y la aniquilación de su alma y su voluntad. El secretario José López es la historia de una persecución o caza al hombre por los manglares. Un oscuro funcionario evitará el derramamiento sangre en un final casi intachable. En La Niña Licha el protagonista, alcoholizado, acaba siendo un pelele de la cantinera a la que ama.

Termino señalando que Trópico es un libro imprescindible para los aficionados al cuento en español. Un excelente libro de relatos y una gran oportunidad para descubrir a un autor raro dentro de las brillantes letras mexicanas.

Puntuación: 5 (de 5)
Jus Ediciones (2016)
Colección: Ficciones
Prólogo: Juan Pablo Villalobos | Ilustraciones: Raquel Cané
112 págs.

Ver y Comprar este libro en Amazon: https://amzn.to/2HKZQwl

chi

De Rafael Bernal podría afirmarse lo que dijo de sí mismo el formidable Voltaire, que también tocó todas las teclas con resultados desiguales: «Soy grande en los géneros pequeños». Pues bien, en el género breve Bernal fue inmenso, y dentro de esa inmensidad brillan con luz propia los seis cuentos que forman este volumen. ‘Trópico’ despliega con asombroso vigor todos los destellos de una prosa exacta y una perspicacia sutil. Hay dos escenarios, el interior y la costa de Chiapas, que encarnan alegóricamente la pureza serrana y la corrupción cenagosa, el vicio y la virtud. Atrapados en esa dualidad, los individuos se alzan o derrumban frente al mal. (Sinopsis de la editorial)

portadarafael_bernal558ed2657c227

No tienen escapatoria, pero son dueños de sus actos, amos y esclavos de su destino. Esa paradoja es la vida y es este libro. No tienen escapatoria, pero son dueños de sus actos, amos y esclavos de su destino. Esa paradoja es la vida y es este libro. De Rafael Bernal, sin embargo, podría afirmarse lo que dijo de sí mismo el formidable Voltaire, que también tocó todas las teclas con resultados desiguales: «Soy grande en los géneros pequeños». Pues bien, en el género breve Bernal fue inmenso, y dentro de esa inmensidad brillan con luz propia los seis cuentos que forman este volumen.  despliega con asombroso vigor todos los destellos de una prosa exacta y una perspicacia sutil. Hay dos escenarios, el interior y la costa de Chiapas, que encarnan alegóricamente la pureza serrana y la corrupción cenagosa, la virtud y el vicio. Atrapados en esa dualidad fatídica, los individuos se alzan o derrumban frente al mal. No tienen escapatoria, pero son dueños de sus actos, amos y esclavos de su destino. Esa paradoja es la vida y es este libro. Más allá de las cegueras dogmáticas, ha llegado la hora de asignarle a Bernal el lugar que en justicia le corresponde entre los más ilustres del caprichoso panteón literario mexicano. Estas páginas lo muestran y lo demuestran.Rafael Bernal y García Pimentel (Ciudad de México, 28 de junio de 1915 – Berna, Suiza, 17 de septiembre de 1972). Viajero, activista político, diplomático, doctor en filosofía por la Universidad de Friburgo, periodista, productor de cine, dramaturgo y autor de más de veinte libros con los temas más variados, Rafael Bernal es uno de los más grandes escritores mexicanos y quizá el más injustamente tratado por la historia. Fue maestro y precursor de varios géneros literarios: escribió una de las primeras obras de ciencia ficción en México, Su nombre era muerte (Jus, 1947) y la primera novela negra, El complot mongol; su obra teatral La carta (Jus, 1961) fue la primera que se transmitió por televisión, en agosto de 1950. Entre sus obras hay una «biografía» del océano Pacífico narrada a través de los ojos de los viajeros que lo ha surcado, El gran océano, que sólo vio la luz veinte años después de su muerte, y un poemario titulado Improperio a Nueva York. La primera edición de Trópico, su mejor colección de cuentos, se publicó en Jus en 1946.

Viajero, activista político, diplomático, doctor en filosofía por la Universidad de Friburgo, periodista, productor de cine, dramaturgo y autor de más de veinte libros con los temas más variados, Rafael Bernal es uno de los más grandes escritores mexicanos y quizá el más injustamente tratado por la historia. Fue maestro y precursor de varios géneros literarios: escribió una de las primeras obras de ciencia ficción en México,, su mejor colección de cuentos, se publicó en Jus en 1946. Rafael Bernal desconcierta y abruma, sorprende, fascina e intimida; levanta ampollas ideológicas e irrita a los afligidos por la ansiedad clasificatoria. ¿Dónde depositarlo? ¿Cuál es su nicho en el camposanto de las letras mexicanas? Muchos quisieron darle sepultura lejos de los altos mausoleos, algunos incluso lo habrían condenado al olvido, pero el viejo fantasma se resiste a los entierros y las amnesias. ¿Qué hacer entonces con aquel católico empedernido, reaccionario intermitente, moralista categórico y altivo censor de las miserias nacionales desde remotas tierras? ¿Cómo lidiar el toro de un eclecticismo frenético que vagaba por los caminos de la narrativa, el cine y el teatro, que no se arredraba ante el poema político, el indigenismo telúrico, la biografía inorgánica o el ensayo ficticio. La tentación, por supuesto, era arrinconarlo en el ámbito de la novela negra latinoamericana,  despliega con asombroso vigor todos los destellos de una prosa exacta y una perspicacia sutil. Hay dos escenarios, el interior y la costa de Chiapas, que encarnan alegóricamente la pureza serrana y la corrupción cenagosa, la virtud y el vicio. Atrapados en esa dualidad fatídica, los individuos se alzan o derrumban frente al mal. No tienen escapatoria, pero son dueños de sus actos, amos y esclavos de su destino. Esa paradoja es la vida y es este libro. Más allá de las cegueras dogmáticas, ha llegado la hora de asignarle a Bernal el lugar que en justicia le corresponde entre los más ilustres del caprichoso panteón literario mexicano. Estas páginas lo muestran y lo demuestran.Estas narraciones inauditas reflejan de forma cabal la asombrosa originalidad del muy excéntrico y absolutamente genial Felisberto Hernández. Todos ellos son acabadas muestras de un estilo que, para Italo Calvino, «desafía toda clasificación y todo marco», y cuyos rasgos más característicos son el sarcástico intercambio de papeles entre los objetos y las personas (operación que, para sorpresa del lector, arroja nuevas luces sobre la realidad moderna), la empatía nacida en el permanente extrañamiento frente al mundo y un humor tan discreto como disparatado. Auténtico visionario, Felisberto abrió las puertas a una literatura que reflexiona sobre sus propios límites y que, por encima de todo, procura iluminar nuestra estupefacción ante las cosEstas narraciones inauditas reflejan de forma cabal la asombrosa originalidad del muy excéntrico y absolutamente genial Felisberto Hernández. Todos ellos son acabadas muestras de un estilo que, para Italo Calvino, «desafía toda clasificación y todo marco», y cuyos rasgos más característicos son el sarcástico intercambio de papeles entre los objetos y las personas (operación que, para sorpresa del lector, arroja nuevas luces sobre la realidad moderna), la empatía nacida en el permanente extrañamiento frente al mundo y un humor tan discreto como disparatado. Auténtico visionario, Felisberto abrió las puertas a una literatura que reflexiona sobre sus propios límites y que, por encima de todo, procura iluminar nuestra estupefacción ante las cosas

Deja una respuesta

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s