{Reseña} Juan Jacinto Muñoz Rengel: El libro de los pequeños milagros (Páginas de Espuma)

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Como ya señalé sobre Juan Jacinto Muñoz Rengel en mi comentario de De mecánica y alquimia, el autor malagueño ha abandonado un poco las formas breves para adentrarse en la escritura de novelas, con las que está obteniendo un gran éxito. Sin embargo, hace unos años nos dejó uno de los volúmenes de microrrelatos más destacados de los últimos tiempos: El libro de los pequeños milagros, o como más exactamente reza su título completo:

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El libro de los pequeños milagros está compuesto por cien micro-narraciones y se encuentra estructurado en tres secciones muy claras que mantienen cierta unidad temática y argumental. En Urbi encontramos los textos de lo que se podría denominar el fantástico cotidiano o urbano; Orbe incide en uno de los temas más típicos de la ficción breve, como es la reescritura de la historia y de los mitos antiguos; las piezas de la última parte, Extramundi, transitan por la ciencia-ficción y por mundos fabulosos. El volumen se cierra con un Índice para la confección de un bestiario donde se recogen de forma ordenada las más de treinta bestias que pueblan estas páginas.

Encontramos gran variedad de temas y ambientaciones que tocan muchos de los tópicos del género: extrañas criaturas de un bestiario estrambótico, confusos demiurgos, el eterno tema del doble, personajes que habitan en el absurdo, irrupciones de lo irreal en la realidad, nuevas interpretaciones de historias bíblicas y mitológicas, escrituras casi aforísticas, los terrores cotidianos… No tienen escapatoria, pero son dueños de sus actos, amos y esclavos de su destino. Esa paradoja es la vida y es este libro. No tienen escapatoria, pero son dueños de sus actos, amos y esclavos de su destino. Esa paradoja es la vida y es este libro. De Rafael Bernal, sin embargo, podría afirmarse lo que dijo de sí mismo el formidable Voltaire, que también tocó todas las teclas con resultados desiguales: «Soy grande en los géneros pequeños». Pues bien, en el género breve Bernal fue inmenso, y dentro de esa inmensidad brillan con luz propia los seis cuentos que forman este volumen.  despliega con asombroso vigor todos los destellos de una prosa exacta y una perspicacia sutil. Hay dos escenarios, el interior y la costa de Chiapas, que encarnan alegóricamente la pureza serrana y la corrupción cenagosa, la virtud y el vicio. Atrapados en esa dualidad fatídica, los individuos se alzan o derrumban frente al mal. No tienen escapatoria, pero son dueños de sus actos, amos y esclavos de su destino. Esa paradoja es la vida y es este libro. Más allá de las cegueras dogmáticas, ha llegado la hora de asignarle a Bernal el lugar que en justicia le corresponde entre los más ilustres del caprichoso panteón literario mexicano. Estas páginas lo muestran y lo demuestran.

Viajero, activista político, diplomático, doctor en filosofía por la Universidad de Friburgo, periodista, productor de cine, dramaturgo y autor de más de veinte libros con los temas más variados, Rafael Bernal es uno de los más grandes escritores mexicanos y quizá el más injustamente tratado por la historia. Fue maestro y precursor de varios géneros literarios: escribió una de las primeras obras de ciencia ficción en México,, su mejor colección de cuentos, se publicó en Jus en 1946. Rafael Bernal desconcierta y abruma, sorprende, fascina e intimida; levanta ampollas ideológicas e irrita a los afligidos por la ansiedad clasificatoria. ¿Dónde depositarlo? ¿Cuál es su nicho en el camposanto de las letras mexicanas? Muchos quisieron darle sepultura lejos de los altos mausoleos, algunos incluso lo habrían condenado al olvido, pero el viejo fantasma se resiste a los entierros y las amnesias. ¿Qué hacer entonces con aquel católico empedernido, reaccionario intermitente, moralista categórico y altivo censor de las miserias nacionales desde remotas tierras? ¿Cómo lidiar el toro de un eclecticismo frenético que vagaba por los caminos de la narrativa, el cine y el teatro, que no se arredraba ante el poema político, el indigenismo telúrico, la biografía inorgánica o el ensayo ficticio. La tentación, por supuesto, era arrinconarlo en el ámbito de la novela negra latinoamericana,  despliega con asombroso vigor todos los destellos de una prosa exacta y una perspicacia sutil. Hay dos escenarios, el interior y la costa de Chiapas, que encarnan alegóricamente la pureza serrana y la corrupción cenagosa, la virtud y el vicio. Atrapados en esa dualidad fatídica, los individuos se alzan o derrumban frente al mal. No tienen escapatoria, pero son dueños de sus actos, amos y esclavos de su destino. Esa paradoja es la vida y es este libro. Más allá de las cegueras dogmáticas, ha llegado la hora de asignarle a Bernal el lugar que en justicia le corresponde entre los más ilustres del caprichoso panteón literario mexicano. Estas páginas lo muestran y lo demuestran.Estas narraciones inauditas reflejan de forma cabal la asombrosa originalidad del muy excéntrico y absolutamente genial Felisberto Hernández. Todos ellos son acabadas muestras de un estilo que, para Italo Calvino, «desafía toda clasificación y todo marco», y cuyos rasgos más característicos son el sarcástico intercambio de papeles entre los objetos y las personas (operación que, para sorpresa del lector, arroja nuevas luces sobre la realidad moderna), la empatía nacida en el permanente extrañamiento frente al mundo y un humor tan discreto como disparatado. Auténtico visionario, Felisberto abrió las puertas a una literatura que reflexiona sobre sus propios límites y que, por encima de todo, procura iluminar nuestra estupefacción ante las cosEstas narraciones inauditas reflejan de forma cabal la asombrosa originalidad del muy excéntrico y absolutamente genial Felisberto Hernández. Todos ellos son acabadas muestras de un estilo que, para Italo Calvino, «desafía toda clasificación y todo marco», y cuyos rasgos más característicos son el sarcástico intercambio de papeles entre los objetos y las personas (operación que, para sorpresa del lector, arroja nuevas luces sobre la realidad moderna), la empatía nacida en el permanente extrañamiento frente al mundo y un humor tan discreto como disparatado. Auténtico visionario, Felisberto abrió las puertas a una literatura que reflexiona sobre sus propios límites y que, por encima de todo, procura iluminar nuestra estupefacción anteEl doble

Hace diez días, vi a un hombre idéntico a mí tomando un café y leyendo el periódico junto a la cristalera de una cafetería. Tenía buen aspecto, y eso me hizo sentir cierto orgullo. Como llevaba prisa, no pude detenerme a observarlo, y ni mucho menos entrar allí a desayunar. La tarde del lunes de esta misma semana lo volví a ver. Estaba sentado en una terraza, en una mesa llena de libros, y rodeado de personas que prestaban devota atención a todo lo que decía. El sol acariciaba la mitad de su cara, e iluminaba media sonrisa radiante. Esta mañana, el café que me he tomado de pie en la cocina no me ha sabido a nada, y hace días que advierto que el espejo me refleja con cada vez menos intensidad. En las páginas centrales del periódico, me he encontrado de nuevo con él. Le han concedido no sé qué premio. Ya casi no me quedan dudas: el doble soy yo.

La impronta

Mi última novia imaginaria apareció en mi vida cuando yo tenía doce años. Siguió conmigo en el instituto, y también en la universidad, donde compartíamos campus y, al fin, habitación y cama en el colegio mayor. Contrajimos matrimonio antes de cumplir los treinta. No tuvimos hijos, claro. Pero para mí significó una impagable compañía que me hizo más fácil adentrarme en las crudas décadas de una madurez solitaria. Hace apenas dos semanas quedé viudo. Un conductor borracho; ni siquiera la vio.

Desde entonces la gente no ha dejado de darme el pésame. Mi madre, para mi asombro, me llamó para preguntarme si quería que se viniera unos días a la ciudad. Era tan joven todavía, me dice la señora del segundo, agarrándome las manos. El periódico local publicó una breve nota del suceso, con una fotografía. Ahora acaba de llegarme una carta de condolencia de sus compañeros de facultad, que la recuerdan, y quieren hacerle un homenaje.

Extraños seres

Había un planeta en el que cuanto más negro y descarnado era un corazón, más finos ropajes, más preciosos tejidos y más suntuosas joyas se utilizaban para ocultarlo.

Muñoz Rengel se sirve del género del microrrelato para volcar todas sus fantasías, delirios, sueños —y algunas pesadillas—, de una manera más espontánea que en otros géneros más extensos (que no mayores), y lo hace apelando a la imaginación y a la inteligencia de un lector dispuesto a viajar y a sumergirse en otros mundos pero sin olvidar los terribles problemas del nuestro.

Estilísticamente hablando, en estas minificciones el autor demuestra que la agilidad y frescura en la escritura no va reñida una prosa trabajada pero que huye de cualquier barroquismo innecesario y que avanza sin obstáculos para el lector. Como casi es preceptivo en la ficción breve, una fina ironía y una refinada maldad recorren estos textos, pero siempre dentro de la contención. Señalar que la senda de grandes autores como Arreola, Borges, Kafka o Denevi se aprecia en muchas piezas sin que por ello el autor pierda un ápice de su originalidad.

Así pues, El libro de los pequeños milagros es un magnífico volumen de microrrelatos altamente recomendable que hará disfrutar a todos los seguidores de la ficción breve en su vertiente más descaradamente imaginativa.

Puntuación: 4 (de 5)
Páginas de Espuma (2013)
Colección: Voces/Literatura, 187
136 págs.

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Hay sucesos microscópicos que, sin que nadie llegue a saberlo, pueden transformar el universo por completo. Y hay renombrados acontecimientos históricos tan fortuitos que habrían sido otros apenas hubiera cambiado la dirección del viento. El libro de los pequeños milagros es un muestrario de estos hechos grandiosos y minúsculos. Es un pormenorizado catálogo de prodigios. Es un recorrido desde el fondo de nuestros cajones, desde debajo de nuestras camas, desde el falso techo de nuestro dormitorio hasta las galaxias más remotas. Es un bestiario, compruébenlo, miren el índice de las últimas páginas: es un bestiario. O, lo que es lo mismo, es un manual de teología. O, para ser aún más exactos, es un tratado de micro-ciencia-ficción. O quizá no sea nada de esto en absoluto. Desde luego, eso seguro, no es el libro que usted espera. Pero sí el libro con el que estaba soñando. (Sinopsis de la editorial)

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Juan Jacinto Muñoz Rengel (Málaga, 1974) es autor de las novelas El sueño del otro (2013) y El asesino hipocondríaco (2012), del relato largo PINK (2012) y de los libros de cuentos De mecánica y alquimia (2009), Premio Ignotus al mejor libro de relatos del año, y 88 Mill Lane (2006). Además, ha coordinado y prologado las antologías de narrativa breve La realidad quebradiza (Páginas de Espuma, 2012), Perturbaciones (2009) y Ficción Sur (2008). Como autor de relato ha recibido más de cincuenta premios nacionales e internacionales y ha sido incluido en las dos antologías de referencia de su generación: Pequeñas Resistencias. Antología del nuevo cuento español (Páginas de Espuma, 2010) y Siglo XXI. Los nuevos nombres del cuento español (2010).

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