{Reseña} Ramón del Valle-Inclán: Historias de amor (Gadir Editorial)

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La editorial Gadir acaba de publicar estas Historias de amor, título que incluye parte de los relatos de juventud de don Ramón del Valle-Inclán, en concreto los contenidos en Femeninas, Epitalamio y Corte de amor. Además, esta magnífica edición incorpora la pequeña pieza teatral Drama vulgar de temática similar.

En el prólogo a la primera edición de Femeninas (que no se incluye en este volumen), Manuel Murguía escribe: «Es el presente, un libro, que puede decirse por entero juvenil. Lo es por la índole de los asuntos, porque su autor lo escribe en lo mejor de la vida, porque ha de tenérsele por un dichoso comienzo, y en fin, porque todo en él resulta nuevo y tiene su encanto y su originalidad. Con él gozamos de un placer ya que no raro, al menos no muy común, cual es el de leer unas páginas que se nos presentan como iluminadas por clara luz matinal, y en las cuales la poesía, la gracia y el amor, esas tres diosas propicias a la juventud, dejaron la imborrable huella de su paso». Esta definición es extensible, por supuesto, al resto de narraciones de Historias de amor y muestra la percepción de novedad que sus páginas provocaron desde el principio en el mundo literario español.

La producción inicial del autor de Villanueva de Arosa está formada mayoritariamente por narraciones breves que se fueron publicando en la prensa y que sufrieron numerosas revisiones y alteraciones con los años —para desesperación de editores y estudiosos—. Estas tres primeras colecciones son deudoras de la lectura de escritores franceses e italianos, especialmente prerrafaelistas, parnasianos, simbolistas y decadentistas. Estos textos suponen una ruptura radical con las formas de la anquilosada prosa decimonónica y una adhesión a lo que conoceríamos después como Modernismo. Los temas están también alejados de los estrechos postulados del Naturalismo, hegemónico es esos años. El tema común a todos ellos es el tema amoroso en sentido amplio, siendo la mujer la que tiene el protagonismo absoluto; es sujeto de la admiración del narrador y también origen de su desazón.

Las relaciones de Augusta con el príncipe Bonaparte habían nacido aquel invierno en un banquete con que los duques de Lantana -título de las Dos Sicilias- celebraran la llegada á Madrid de su deudo el príncipe Attilio Bonaparte, que acababa de ser nombrado secretario de la embajada italiana. Desde el primer momento, Augusta sintió la seducción del poeta, y el capricho de amarle y de poseerle. Con la gallarda insolencia de su temperamento, fue ella quien le buscó. No hubo ese largo y sutil flirteo que prepara la caída; como todas las adúlteras, sin remordimientos, deseaba entregarse y se entregó. Estaba loca por aquel poeta galante y gran señor, que cincelaba sus versos con el mismo buril que cincelara Benvenuto las ricas y floreadas copas de oro, donde el magnífico Duque de Médicis bebía el século y el falerno, ¡los vinos clásicos que amaba el viejo Horacio! Fue un primer amor, porque fue distinto de sus otros amores. Todos los hombres que Augusta conociera hasta entonces, aun aquellos más escépticos, hubieran querido convertirla en una madona prerrafaélica. El príncipe fue el único que supo celebrar el candor cínico y lujuriante con que la dama encantaba sus amores ¡aquellas divinas inmoralidades de que Augusta solamente hacía cumplido alarde en las confidencias con las amigas, porque hay ciertas cosas que sólo ellas y los confesores saben oirlas sin asustarse!

El príncipe veía en Augusta la musa de los Salmos Paganos: la amaba con el amor del arte y el amor del libertinaje; dualismo comprensible en quien se mostraba como poeta, griego y bizantino, romano y bárbaro; alma extraña, que si rezase buscaría a Cristo en el Olimpo, y a Júpiter en el Cielo. Tan original modo de ser constituye el mayor encanto de los Salmos Paganos; el poeta se retrata en ellos; leyendo ciertas estrofas, se tiene como una visión de aquella frente clásica y coronada de rizos, de aquella boca sensual que sonríe con desdén, de aquellos ojos dorados y valientes, ojos de aristócrata y de libertino. Merced á esta doble naturaleza de artista y de patricio, el príncipe Bonaparte es de todos los modernos poetas italianos el que mejor encarna la tradición erótica y cortesana del renacimiento florentino: los Salmos Paganos y las Letanías Galantes son libros que parecen escritos sobre la espalda blanca y tornátil de una princesa apasionada y artista, envenenadora y cruel. La musa del poeta es libertina y sensual, sardónica y desdeñosa: la sonrisa de Mefistófeles bajo el mostacho retorcido y fanfarrón de D. Juan. El príncipe Attilio parece haber respirado el aroma voluptuoso de sus estrofas en los orientales camerinos del Palacio Borgia, en los verdes y floridos laberintos del Jardín de Bobolí. El poeta deshoja las rosas de Alejandría sobre la nieve de divinas desnudeces; ebrio como un dios, y coronado de pámpanos, bebe en la copa blanca de las magnolias, el vino alegre y dorado que luego en repetidos besos vierte en la boca roja y húmeda de Venus Turbulenta. («Augusta»)

Femeninas. Seis historias amorosas (1895) se publica en Pontevedra, ciudad donde Valle-Inclán se había instalado al abandonar sus estudios de Derecho. La obra contiene seis historias galantes que llevan por título otros tantos nombres de mujer: La Condesa de Cela, Tula Varona, Octavia Santino, La Niña Chole, La Generala y Rosarito. Estas historias acusan la influencia del decadentismo Fin de SiècleLas Diabólicas de Barbey D’Aurevilly, por ejemplo— y responden al principio del arte puro. En todas se advierte un deseo de escandalizar al lector burgués, de ahí el cultivo de lo morboso: el adulterio, el incesto, la seducción y el suicidio. Estas características de escritura permanecen en su segundo libro, Epitalamio (1897), el primero publicado en Madrid, (e incorporado como Augusta a Corte de Amor). La antología Corte de Amor. Florilegio de honestas y nobles damas (1903) presenta cuatro narraciones en las que el título resalta a su protagonista femenina, comenzando por Augusta, un relato de carácter libertino que ironiza con el subtítulo de la obra; Rosita presenta un tono frívolo y desenfadado, como muchos de estos relatos. Más sombríos resultan Eulalia y Beatriz que se aproximan más al mundo misterioso de los cuentos.

En definitiva, sin llegar a la perfección y complejidad de las Sonatas, estos relatos de Historias de amor son una buena ocasión para iniciarse en el primer Valle-Inclán, además de constituir una lectura obligada para cualquier amante de la literatura española. Recomendado.

Puntuación: 4 (de 5)
Gadir Editorial (2018)
Colección: Gadir Ficción
354 págs.

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Cover

En estas Historias de amor se encuentran los relatos de Valle Inclán sobre temas amorosos, escritos en su primera época pero ya plenos de brillantez. Valle es uno de los mayores escritores de la lengua castellana, y aquí se encuentra ya el marchamo de la genialidad de toda su obra. Algunos de estos relatos están inspirados en la experiencia del autor: son, en algún grado autobiográficos. Contienen los ingredientes del mejor modernismo escrito en español, el toque decadente, sensual, a menudo provocador, y siempre genial de quien es capaz de combinar la brillantez formal, la musicalidad de la prosa y el divertimento, a veces de apariencia frívola, con una profunda comprensión del alma humana en asuntos amorosos. (Sinopsis de la editorial)

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Ramón María del Valle-Inclán (Villanueva de Arosa, 28 de octubre de 1866 – Santiago de Compostela, 5 de enero de 1936) fue uno de los mayores representantes de la Generación del 98, quizás el más singular, escritor genial y autor de una abundante obra teatral, novelística, cuentística y poética. Fue un gran innovador de la literatura española, pues no solo introdujo el modernismo y el esperpento en nuestras letras, sino que elevó el primero a su máxima expresión y lo trascendió mediante un cierto tono de parodia, que aplicó a buena parte de su obra. El trascurso de los años ha engrandecido su herencia, y es considerado como uno de los grandes de la literatura en español de todos los tiempos. Junto con las Sonatas, se pueden destacar de su obra Luces de Bohemia, la serie El ruedo Ibérico y todo su teatro.

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