{Reseña} Hermann Hesse: Pequeño mundo (Navona)

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Resulta sorprendente que a estas alturas existiera en España una obra prácticamente inédita de un autor de la talla Hermann Hesse —aunque había una antigua edición argentina publicada por Santiago Rueda Editor que a veces se podía encontrar en alguna librería de viejo—, por lo que esta acertada recuperación de Pequeño mundo por Navona Editorial supone un acontecimiento editorial de importancia.

Pequeño mundo (Kleine Welt, 1933) pertenece a ese tipo de libros de relatos largos, muy en la tradición alemana (cultivada ampliamente por autores como Thomas Mann, Stefan Zweig o el propio Hesse en El último verano de Klingsor), y que constituyen probablemente uno de los desafíos literarios más difíciles ya que deben aunar la concentración del cuento con la necesaria complejidad propia de la novela. La mayoría de las narraciones de este volumen están ambientados en la ciudad provinciana de Gerbersau, ciudad imaginaria trasunto de la región natal del propio Hesse. El conjunto presenta una gran unidad temática ya que nos introduce en la pequeña burguesía de comerciantes y artesanos de la zona, con sus aspiraciones, frustraciones y rigideces sociales.

Los relatos son superficialmente muy sencillos, construidos con una técnica literaria clásica y nada compleja. La prosa, por su parte, fluye con total sencillez (más que en otras obras de Hesse) y no supone ningún obstáculo para la lectura. A Hesse no le interesa en estos relatos analizar ni profundizar en los conflictos psicológicos de los personajes; el conflicto nos viene dado simplemente con la narración de los hechos, que van desde la anécdota irónica hasta biografía completa del protagonista.

Como en casi toda la obra de Hesse, estas historias participan de una especie de Bildungsroman intimista recorrida por tres corrientes definidas: mística en lo religioso, idealista en lo filosófico, y de exaltación de la libertad individual en lo social. En estos relatos se dan cita, en mayor o menor medida, la turbación interior, el ansia de trascendencia y de plenitud, la comunión con la naturaleza y la persecución de una respuesta al sentido de la vida. Sus protagonistas suelen ser individuos problemáticos, atormentados, introvertidos, en continua guerra con el mundo, del cual se autoexcluyen.

Berthold Reichardt tenía veinticuatro años. Perdió pronto a sus padres y, de todos sus educadores, sólo recibió el influjo de uno: un hombre de gran corazón —pero fanático y piadoso librepensador— que le imbuyó desde adolescente el hábito de pensar de una determinada manera que, aunque aparentemente justa, imponía a las cosas su condición no exenta de orgullo. Ahora había llegado para el joven el tiempo de medir sus fuerzas en el juego de la vida y buscar sin prisas la felicidad que le estaba destinada. Siendo como era un hombre despierto, de buena apariencia y acomodado, era evidente que no tendría que esperar mucho.

Berthold no había elegido ninguna profesión concreta. Con arreglo a sus aficiones, y gracias a sus buenos maestros, a los viajes y a los libros, se había interesado especialmente por la filosofía y la historia, con una tendencia hacia las asignaturas relacionadas con la estética. A lo largo de los años de estudio, su antiguo deseo de ser arquitecto se había enfriado para florecer de nuevo alternativamente; por fin optó por la historia del arte y terminó sus años de aprendizaje con una tesis doctoral. El joven doctor se afincó en Múnich, donde esperaba encontrar tanto a las personas adecuadas como la ocupación que su naturaleza ansiaba cada vez con mayor intensidad, aunque todavía sin definirse. Anhelaba participar en la forja de nuevos tiempos y nuevas obras, y madurar formando parte del progreso de su generación. Habiendo ingresado en el devenir del mundo ya en la edad adulta, el joven tuvo que renunciar a la ventaja que tiene cualquier ayudante de peluquería: el hecho de disfrutar desde el inicio, gracias a su trabajo y a su posición, de una relación firme y clara con la vida y de un puesto legítimo en el conjunto de las actividades humanas. (“El reformador del mundo”)

A excepción de Robert Aghion, historia de un misionero inglés en la India, el resto de las piezas se desarrollan —como ya he comentado— en la comarca del provinciano Gerbersau. Especialmente interesante es Walter Kömpff, historia de la vida de un pequeño comerciante atormentado por su nulo interés en los negocios y que acaba en locura. También El reformador del mundo presenta a un joven desorientado profesional y espiritualmente que busca en su retirada a la soledad de las montañas la cura a sus inquietudes. En Emil Kolb el protagonista, después de un comienzo prometedor en una empresa respetable, acaba trágicamente como un vulgar ladrón. El regreso a casa se nos cuentan las dificultades de readaptación de un empresario exitoso natural de Gerbersau tras su regreso del extranjero donde vivió muchos años.

Creo que en este título se acusa ya un cierto agotamiento en la creatividad de Hermann Hesse; aún así es un libro interesante, nostálgico, repleto de buenas historias y con algunos personajes inolvidables. Dicho esto, Pequeño mundo es un título imprescindible para la legión de lectores de Hermann Hesse y de la gran literatura centroeuropea.

El contenido de Pequeño mundo es:

El noviazgo
Walter Kömpff
Ladidel
El regreso a casa
Robert Aghion
Emil Kolb
El reformador del mundo

Puntuación: 4 (de 5)
Navona Editorial (2018)
Traducción: Marinella Terzi
Colección: Ficciones
328 págs.

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La obra comienza con el magistral relato El noviazgo, en el que un hombre muy sensible, un hombre de quien se mofa todo el mundo, llega a conquistar la felicidad gracias a la cordial simpatía de una encantadora mujer. Esta aparente sencillez conduce a la asombrosa visión de cómo los valores íntimos de él se descubren gracias a la intuición y sensibilidad femenina. Este fermento, tan habitual en los seres del universo de Hesse, contiene un mundo en sí mismo, si pequeño no menos rico en calor humano. Es la característica común al resto de relatos, en los que el destino parece jugar con los personajes y en los que despunta el aspecto interior del ser humano. Este es el cordón que une estas historias, una novela excepcionalmente colorida. (Sinopsis de la editorial)

Hermann-Hesse

Hermann Hesse (Calw, Wurtemberg, 1877-Montagnola, Suiza, 1962) fue escritor, poeta, novelista y pintor. Su obra conforma un conjunto de más de cuarenta volúmenes que ha vendido más de treinta millones de ejemplares en más de cuarenta lenguas. También recuperó a autores antiguos, editó otras monografías y revistas, además de escribir casi tres mil reseñas. Su trayectoria literaria fue reconocida con el Premio Nobel de Literatura en 1946. Entre sus obras emblemáticas se encuentran Peter Camenzind (1904), Siddhartha (1922), El lobo estepario (1927) y El juego de los abalorios (1943).

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Un comentario sobre “{Reseña} Hermann Hesse: Pequeño mundo (Navona)

  1. Magníficos relatos, yo los he releído varias veces en el volumen correspondiente de las Obras completas (no son completas “strictu sensu”) de Aguilar. El primer volumen de la edición de Aguilar fue “aprobado” personalmente por Hesse antes de morir, que desconfiaba de las traducciones españolas. El cuarto tiene la poesía y las cartas, de gran interés. Son cuatro volúmenes que todavía se pueden encontrar con un poco de suerte.

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