{Reseña} Henry James: La lección del maestro (La Isla de Siltolá)

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«Los lectores de James se ven obligados a una continua y lúcida suspicacia que a veces constituye su deleite y otras su desesperación». Con estas palabras expresa Jorge Luis Borges el sentimiento ambivalente que las obras de Henry James suelen provocar en muchos de sus lectores. Este es mi caso, de ahí que, en general, la mayoría de sus novelas me suelen resultar de fatigosa y alambicada lectura, razón por lo que prefiero sus relatos, género en el que James demostró ser un prolífico (más de un centenar de piezas) y consumado maestro. Esta reciente edición de La Isla de Siltolá presenta una de sus narraciones más justamente famosas, La lección del maestro, que se completa con un cuento poco conocido, Lo realmente correcto. En ellas muestra —también en palabras de Borges— que «la vida literaria puede ser un tema precioso y que el ejercicio de las letras no es menos arrebatador y curioso que el ejercicio de las armas», ya que los temas de ambas piezas tienen que ver con la escritura y sus misterios.

Le habían dicho que las damas estaban en la iglesia, pero esa afirmación no fue confirmada por lo que vio desde lo alto de las escaleras —descendían desde una gran altura en dos brazos, con un giro circular de efecto sumamente encantador—, en el umbral de la puerta que, la cual, desde la larga y brillante galería, dominaba la inmensa extensión de césped. Tres caballeros, en la hierba, a cierta distancia, permanecían sentados bajo los grandes árboles, mientras la cuarta figura mostraba un vestido carmesí que representaba «un poco de color» entre el fresco y exuberante verde. El sirviente había conducido a Paul Overt hasta esta escena, después de preguntarle si deseaba subir primero a su cuarto. El joven declinó ese privilegio, consciente de que un viaje tan corto y cómodo no le había ajado, y ansioso siempre de obtener una perspectiva general de los escenarios nuevos. Permaneció allí  durante unos instantes, con los ojos fijos en grupo y en el admirable cuadro de la gran extensión de terreno de una antigua casa de campo cerca de Londres —lo cual lo hacía aún mejor— en un espléndido domingo de junio. (“La lección del maestro”).

La lección del maestro (“The Lesson of the Master”, 1888), originalmente publicado en The Universal Review, es un relato largo o nouvelle que aborda un tema eterno que el autor viviría en su propia piel poco tiempo después, a saber, el artista que se amolda al mercado a cambio del éxito económico.

En La lección del maestro, Henry James lleva la ambigüedad y la indecisión de las situaciones al extremo. El argumento gira alrededor de tres personajes —Paul Overt, un joven y talentoso escritor, Henry St. George, escritor consagrado pero ya en clara decadencia, y Miss Fancourt, mujer culta a la que ambos aman— para los que la creación literaria constituye el pilar esencial de sus vidas. El escritor veterano aconseja (¿cínicamente?) a su joven discípulo la renuncia a todos los placeres y distracciones mundanas con el fin de lograr la inmortalidad literaria, o por lo menos, la realización de obras realmente meritorias. Tras esta lección, el escritor joven, tan confuso como al inicio, es incapaz de distinguir si el consejo del maestro obedece a un sentimiento de sinceridad o de egoísmo. Como en muchas de sus obras, James deja detalles sin resolver obligando al lector a completar la trama, y lo más importante, a intentar dar una respuesta ética a los dilemas propuestos en la historia. Relato magistral e impecable, es una de las obras más conseguidas del artista angloamericano.

Y estaba a gusto, cada vez más, pues le parecía que cuanto más profundizaba en su trabajo más se aproximaba a la idea de la presencia personal de Doyne. Una vez nacida esa fantasía le dio la bienvenida, la asumió, la alentó, casi la mimó, y aguardaba todo el día a que por la niche se renovase, como un enamorado aguarda a que llegue la hora de su próxima cita. Los más pequeños incidentes la señalaban y la anunciaban, y al cabo de tres o cuatro semanas la contemplaba como la consagración de su esfuerzo. (“Lo realmente correcto”)

Lo realmente correcto (“The Real Right Thing”, 1889) apareció en el número de diciembre de la Collier’s Weekly, en un momento en que James estaba escribiendo muchas de sus famosas ghost stories, historias de fantasmas que seguramente fueron fruto del interés del escritor en la percepción extrasensorial, el espiritismo y las ciencias ocultas. En este cuento se narran las apariciones del fantasma de un escritor fallecido ante su viuda y un joven escritor contratado para realizar la biografía del difunto. Lo realmente correcto no es uno de los mejores relatos de James; nos queda la sensación de que el autor no ha sacado todo el partido a un argumento interesante. Aún así, es un buen relato fantasmal pero sin la acostumbrada complejidad del autor.

Como señalé al principio, la literatura de Henry James no admite una lectura precipitada ni rutinaria; como maestro de la narración indirecta requiere un lector atento, capaz de dejarse llevar por los múltiples meandros que ofrece el autor. Si aceptamos ese reto, el disfrute está asegurado.

Puntuación: 4 (de 5)
La Isla de Siltolá (2018)
Colección: Narrativa,
Traducción: José Luis Piquero
124 págs.

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Como en el resto de la obra de Henry James, el trazo psicológico, la profundidad conceptual y la densidad del estilo hacen de “La lección del maestro” una pieza narrativa única. Reflexión sobre la función del arte y el papel del artista moderno en la sociedad, pero también meticulosa disección de las complejas relaciones humanas en el seno de la clase alta inglesa, esta breve y compleja novela, susceptible de diversas lecturas, se ajusta a lo que Borges opinaba sobre el autor: “Sus libros han sido escritos para la morosa delectación del análisis”. (Sinopsis de la editorial)

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Henry James (Nueva York, 1843 – Londres, 1916) es sin duda uno de los autores fundamentales de las letras inglesas en el tránsito entre los siglos XIX y XX. Nacido estadounidense, pasó sin embargo la mayor parte de su vida en Europa, donde residió en París y, sobre todo, en Londres durante los años dorados de la reina Victoria. Sus más de cincuenta títulos abarcan desde la crítica literaria hasta el teatro, pero es su obra narrativa la que representa el culmen de su producción artística. En ella quedaron plasmadas las dotes de James como observador agudísimo de la naturaleza humana: sus novelas y relatos -de una admirable perfección técnica- son una auténtica exploración de laberintos psicológicos insospechados en personajes que se nos presentan enmascarados de una aparente simplicidad.

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