{Reseña} Hugo von Hofmannsthal: Carta de Lord Chandos (Alba Editorial)

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Hugo von Hofmannsthal es uno de los escritores centroeuropeos más importantes del cambio de siglo, cuya obra fue muy estimada por importantes autores como Thomas Mann, T.S. Eliot, Stefan Zweig y Claudio Magris, entre muchos otros. Después de su muerte llegó el olvido, pero la lenta recuperación de su obra desde finales del siglo XX prosigue hoy en todo el mundo. Conocido especialmente como poeta, dramaturgo, ensayista y libretista de ópera, fue también autor de un pequeño número de obras narrativas de interés. Esta preciosa edición de Alba incluye varios textos breves del escritor vienés que muestran esta faceta algo descuidada de su producción.

Sin duda, el plato fuerte de este volumen es Carta de lord Chandos (Brief des Lord Chandos, 1902). Ejercicio de introspección sobre los extraños mecanismos de la creación poética y escrita con gran aliento lírico, consigue Hofmannsthal aquí escribir un relato memorable, en cierto grado autobiográfico, ya que el propio Hofmannsthal sufrió una crisis en su juventud y un cambio de rumbo literario a sus veintisiete años. Hofmannsthal diría más tarde que esa Carta revelaba que «también a él le torturó percibir cómo un individuo solitario se siente atado a la sociedad por medio del lenguaje». El texto es una epístola de Lord Chandos —joven que se había dedicado a la poesía para después abandonarla definitivamente— dirigida a Francis Bacon, explicando las causas de su silencio.

Aventura del mariscal de Bassompierre (Erlebnis des Marschalls von Bassompierre, 1900), también narrado en primera persona como fragmento de un diario, es la historia de Bassompierre, mariscal de Francia en las postrimerías del siglo XVII, y protagonista de una aventura amorosa que termina abruptamente con la muerte y la huida por temor a la peste. La idea está basada en unas páginas de Goethe incluidas en sus Conversaciones de emigrados alemanes. El amor y la muerte, como siempre presente de manera obsesiva en el arte de la época. El argumento de Lucidor (1910) prefigura Arabella, una de las mejores comedias de nuestro autor. Es un relato de aprendizaje que desemboca en un ambiente de oscuros presentimientos y sensualidad patológica. Narra las peripecias de dos hermanas hijas de una aristócrata viuda muy venida a menos, donde la menor de ellas (Lucile) se hace pasar por un muchacho (Lucidor) a instancias de la madre para buscar el apoyo un pariente lejano y rico.

Esta es la carta que Philip, lord Chandos, hijo menor del conde de Bach, escribió a Francis Bacon, más tarde lord Verulam y vizconde de St. Alban, para disculparse ante este amigo por su renuncia total a la actividad literaria.

Es usted muy benévolo, mi apreciado amigo, en pasar por alto mi silencio de dos años y escribirme de este modo. Es más que benévolo al dar su preocupación por mí, a su extrañeza por el entumecimiento mental en que cree que estoy cayendo, la expresión de la ligereza y la broma que sólo dominan a los grandes hombres que están persuadidos de la peligrosidad de la vida, y sin embargo no se desaniman.

Concluye usted con el aforismo de Hipocrates Qui gravi morbo correpti dolores non sentiunt, iis mens aeggrotat (Quienes no sienten que una grave enfermedad les aqueja están mentalmente enfermos), y opina que necesito la medicina no sólo para domeñar mi mal, sino más aun para aguzar mi mente para el estado de mi interior. Quisiera contestarle como le merece de mí, quisiera abrirme del todo a usted y no sé cómo proceder.

***

Todo estaba dentro de mí: el aire fresco y lóbrego del sótano, saturado de olor fuerte y dulzón del veneno, y el eco de los chillidos de muerte que se estrellaban contra los muros enmohecidos; esas convulsiones apelotonadas de impotencia, de desesperaciones frenéticas; la búsqueda enloquecida de las salidas; la mirada fría de la cólera cuando coinciden dos ante la rendija taponada. Pero ¿por qué intento emplear de nuevo unas palabras de las que he renegado? ¿Recuerda, amigo mío, en Livio el maravilloso relato de Alba Longa? Cómo vagan sus habitantes por las calles que no han de volver a ver…cómo se despiden de las piedras del suelo! Le digo, amigo mío, que yo llevaba eso dentro de mí y, al mismo tiempo, Cartago en llamas; pero era más, era más divino, más animal; y era presente, el presente más pleno y sublime. ¡Allí estaba una madre que tenía alrededor a sus crías moribundas y temblorosas, y que dirigía sus miradas no a los muros implacables, sino al aire vacío o, a través del aire, al infinito, y que acompañaba esas miradas con un rechinar de dientes! Si un esclavo que servía se encontró lleno de horror impotente cerca de la Niobe petrificada, debió sufrir lo que yo sufrí cuando, dentro de mí, el alma de aquel animal enseñaba los dientes al atroz destino.

El resto de textos son narraciones y estampas de viaje; en ellas Hofmannsthal muestra la eterna atracción y búsqueda de los paisajes luminosos y clásicos del Sur por los artistas del norte de Europa. Recuerdo de días hermosos (Erinnerung schöner Tage, 1908) se desarrolla en Venecia y describe las impresiones del autor sobre belleza arrebatadora de la ciudad de los canales. Momentos de Grecia (Augenblicke in Griechenland, 1908-1917) y Viaje por el norte del África (Reise im nördlichen Afrika, 1925) evocan las estancias del artista austriaco en tierras helénicas y en Fez, respectivamente.

Todas estas obras se caracterizan por la gran preocupación del autor por el lenguaje. Especialmente las páginas de viajes están construidas con una rica prosa impresionista y de un lirismo exacerbado —que nos llega en una excelente traducción de Antón Dietrich—, no apta para todos los lectores. Literatura genuinamente germánica, impregnada de romanticismo y simbolismo, Carta de lord Chandos y otros textos en prosa no defraudará a los aficionados a la gran literatura centroeuropea de siempre.

Puntuación: 4 (de 5)
Alba editorial (2001)
Traducción: Antón Dietrich
Colección: Alba Clásica, XLIX
168 págs.

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«Un estado de la mayor imperfección y, por tanto, del mayor disgusto: disgusto con las cosas, porque son inalcanzables; disgusto con la palabra, porque, cargada de total disparidad, ya no puede llegar a las cosas; disgusto con la propia existencia, que ha perdido su poder de penetración y, como resultado, también la plenitud.» Así describía Hermann Broc el síndrome de lord Chandos, el aristócrata isabelino que comunica en Una carta a su amigo el filósofo Francis Bacon que «ha perdido por completo la capacidad de pensar o hablar coherentemente sobre ninguna cosa» y levanta un acta de desilusión frente al lenguaje y la actividad intelectual que se ha convertido en un símbolo –y en un clásico- del siglo XX.

A esta breve y crucial pieza de Hugo von Hofmannsthal, unimos en este volumen una serie de textos escritos entre 1900 y 1925: dos cuentos excelentes sobre un denso tejido de equívocas ansiedades y esperanzas (las del mariscal de Bassompierre por una amante en un París azotado por la peste; las del joven Lucidor, que es en realidad una muchacha, por el galán que corteja a su hermana); y tres recuerdos de viajes por Venecia, Grecia y el norte de África, donde Hofmannsthal insiste en la confusión de sueño y vigilia, luz y oscuridad, lenguaje y silencio, presencia y ausencia que caracterizan su poética y su sentido de la vida. (Sinopsis de la editorial)

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Hugo von Hofmannsthal nació en Viena en 1874, hijo único de una familia de origen judeoalemán, austríaco y lombardo. Cuando ingresó en la facultad de Derecho de la Universidad de Viena en 1892, a los dieciocho años, ya era famoso como poeta; junto con Arthur Schnitzler, Hermann Bahr y Beer-Hofmann creó el grupo de los Jung Wiener (Jóvenes vieneses), y su lírica sería una de las más influyentes de este siglo en lengua alemana. Estudió asimismo Filología Románica, viajó por el sur de Europa y el norte de África, y escribió algunas prosas como la Carta de lord Chandos (1902), hoy un clásico. Figura clave del renacimiento vienés de fin de siglo, empezó también de muy joven a escribir dramas líricos, como Der Tor und der Tod (El loco y la muerte, 1894) o Die Frau in Fenster (La mujer en la ventana, 1897); a partir de 1908 colaboró asiduamente con el compositor Richard Strauss y el escenógrafo Max Reinhardt. En su drama (1904) se basó una ópera de Strauss en 1909, a la que siguieron, entre otras, El caballero de la rosa (1911), Ariadna en Naxos (1912) y La mujer sin sombra (1919). Reinhardt montó su Edipo rey (1909) y su comedia Der Schwierige (El hombre difícil, 1922). Durante esos años no dejó de escribir ensayos y algunas piezas de ficción. Murió en Rodaun en 1929.

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