{Reseña} Fernando Iwasaki: Ajuar funerario (Páginas de Espuma)

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Si tuviéramos que elegir cinco clásicos del microrrelato contemporáneo en español, a buen seguro que Ajuar funerario estaría entre los títulos seleccionados, tal es su perfección y el éxito que ha tenido desde su publicación en 2004. Pocas veces se da una conjunción tan eficaz y exitosa de lo macabro, lo terrorífico y lo irónico como en este libro el escritor peruano afincado en Sevilla.

Escribe Iwasaki en el epílogo a la quinta edición que en este volumen resuenan ecos de Borges, Poe, Maupassant, Lovecraft y Henry James —yo añadiría también a Monterroso y Arriola— pero, sobre todo, de las historias terroríficas y de fantasmas que escuchó (o sufrió) de niño en el caserón familiar de su abuela en Lima. De hecho, estas narraciones deben mucho a la oralidad de las leyendas y consejas tradicionales, con las que comparte un interés profundizar en los ambientes y las situaciones más que en la complejidad de los personajes.

Ajuar funerario es una compacta colección de un centenar de piezas de horror pero pasadas por el cristal deformante de un humor negrísimo y cruel. (Como, por otra parte, suele ser característico de la mayor parte de la literatura hispana de este género.) Lo mortuorio, lo ominoso y lo fantástico llenan todos estos textos breves en una amplia gama de posibilidades. A veces, las historias de Iwasaki parecen inocentes hasta que la línea final nos revela un mundo funesto; en otras, ya desde la primera frase nos adentramos en un mundo extraño, cruel e inexplicable.

DÍA DE DIFUNTOS
Cuando llegué al tanatorio, encontré a mi madre enlutada en las escaleras.
–Pero mamá, tú estás muerta.
–Tú también, mi niño.
Y nos abrazamos desconsolados.

LA CASA DE REPOSO
La madre superiora miró hacia el cielo como buscando una señal divina, y en sus ojos desvelados de oraciones reverberó cristalina una lágrima.
–¿Y dice usted que el viejo profesor se niega a ir a misa, hermana?
–Así es, reverenda. Y maldice y ofende a María Santísima.
–No importa, hermana. Llévelo entonces a dar un paseo por el huerto.
–Sí, reverenda.
–Hermana…
–¿Sí, reverenda?
–Que parezca un accidente.

ANIMUS, FINIBUS
En la biblioteca de Wurzburg monseñor Scheps halló en 1885 los manuscritos de Prisciliano, obispo de Ávila y quemado en la hoguera por hereje. Prisciliano sostenía que Satanás -humillado por Dios- decidió crear una nueva raza a su imagen y semejanza. Un mundo que fuera en si mismo una blasfemia, un remedo obsceno de la obra divina. Para salvar a esa estirpe maldita Dios envió a su Hijo, quien murió en vano por los pecadores de una raza condenada. Prisciliano fue ejecutado en Tréveris en el 385 después de Cristo. Los teólogos que le condenaron enloquecieron. Mil quinientos años más tarde, monseñor Scheps se suicidó en los jardines de la biblioteca de Wurzburg.

LA CUEVA
Cuando era niño me encantaba jugar con mis hermanas debajo de las colchas de la cama de mis papás. A veces jugábamos a que era una tienda de campaña y otras nos creíamos que era un iglú en medio del polo, aunque el juego más bonito era el de la cueva. ¡Qué grande era la cama de mis papás! Una vez cogí la linterna de la mesa de noche y les dije a mis hermanas que me iba a explorar el fondo de la cueva. Al principio se reían, después se pusieron nerviosas y terminaron llamándome a gritos. Pero no les hice caso y seguí arrastrándome hasta que dejé de oír sus chillidos. La cueva era enorme y cuando se gastaron las pilas ya fue imposible volver. No sé cuántos años han pasado desde entonces, porque mi pijama ya no me queda y lo tengo que llevar amarrado como Tarzán.

He oído que mamá ha muerto.

A grandes rasgos, los argumentos de Ajuar funerario pueden agruparse en varios tipos: microrrelatos de tema religioso en su vertiente herética y sacrílega; historias terroríficas vistas desde el distorsionante punto de vista infantil; textos donde la muerte se presenta en el contexto familiar; microrrelatos cuyos personajes y argumentos hacen referencia al mundo del cine y la literatura popular; y piezas en las que aparecen lugares o casas habitada por fantasmas o entidades extrañas. La presencia constante y casi única de la muerte en Ajuar funerario puede que resulte fatigosa a algún lector, por lo que yo recomendaría acercarse a su lectura poco a poco para evitar la inevitable saturación.

El escritor boliviano  Edmundo Paz Soldán ha percibido con acierto la estética de Fernando Iwasaki en Ajuar: «Tragicómico es la palabra exacta para describir la cosmovisión de este escritor: no hay nada trágico que no sea capaz de transformarse en gracioso al pasar por su tamiz liberador. El resultado final produce la sensación incómoda de un ataque de risa en medio de un funeral».

En conclusión, Ajuar funerario es un título capital para los seguidores de Iwasaki y para los amantes de la minificción fantástica y de terror hispana. Un libro de microrrelatos que volverá a estremecerme muchas veces. TOTALMENTE RECOMENDABLE.

Puntuación: 5 (de 5)
Páginas de Espuma (2004, 9ª edición, 2017)
Colección: Voces/Literatura, 38
144 págs.

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Ajuar funerario es un homenaje a la literatura de terror y a la microrrativa, porque Fernando Iwasaki ha logrado concentrar en diez o doce líneas todo el escalofrío, la náusea y el desasosiego del género. ¿Es posible que los fantasmas, las pesadillas, los ritos y las supersticiones nos puedan seguir asustando en pleno siglo XXI? Si tiene hijos, insomnios o hipotecas, mejor no lea Ajuar funerario. (Sinopsis de la editorial)

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Fernando Iwasaki (Lima, 1961), es doctor en Historia de América por la Universidad Pablo de Olavide de Sevilla y profesor de las facultades de Comunicación y Relaciones Internacionales de la Universidad Loyola Andalucía.

Como narrador es autor de las novelas Neguijón (2005) y Libro de mal amor (2001), y de los libros de cuentos España, aparta de mí estos premios (2009), Helarte de amar (2006), Ajuar funerario (2004), Un milagro informal (2003), Inquisiciones Peruanas (1994), A Troya, Helena (1993) y Tres noches de corbata (1987), reunidos estos últimos en el volumen Papel carbón. Su obra narrativa ha sido traducida al inglés, ruso, francés, italiano, checo, japonés y coreano.

Como historiador es autor de Republicanos (2008), Extremo Oriente y Perú en el siglo XVI (1992) y Nación peruana: entelequia o utopía (1988); y ha publicado ensayos como Nueva Corónica del Extremo Occidente (2016), Mínimo común literario (2014), Arte de introducir (2011), Mi poncho es un kimono flamenco (2005), entre otros, además de compilaciones de crónicas y artículos como Somos libros, seámoslo siempre (2014), Desleídos y Efervescentes (2013) o El sentimiento trágico de la Liga (1995), por citar algunos títulos.

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