{Reseña} Vida del Maestre de Campo Pedro Bermúdez de Santisso (Espuela de Plata)

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Fue José María de Cossio quien en 1956 publicó su Autobiografías de soldados (Siglo XVII) en la mítica Biblioteca de Autores Españoles (que incluía las obras Jerónimo de Pasamonte, Vida del Capitán Alonso de Contreras, Memorias del Duque de Estrada y Vida de Miguel de Castro). A partir de esta antología se despertó cierto interés por este tipo de textos que habían permanecido prácticamente inéditos desde su composición —de hecho es dudoso que fueran escritas para publicarse— y que incidían en el género autobiográfico, tan poco cultivado en las letras españolas. Esta Vida que acaba de publicar la editorial sevillana Espuela de Plata transcurre durante los reinados de Carlos I y de Felipe II y, por tanto, se adelanta en medio siglo a las autobiografía citadas

Vida del Maestre de Campo Pedro Bermúdez de Santisso era un título que permanecía perdido. El bibliófilo asturiano Guillermo Piera ha sido el responsable del detectivesco descubrimiento y la edición de esta interesantísima obra que se hallaba en una copia manuscrita realizada en 1712 y conservada en la Biblioteca Nacional.

Bermúdez de Santisso en su Vida nos cuenta, entre otros actos, sus acciones de guerra en el sitio de Siena y en otras zonas de Italia como Nápoles y Sicilia, su participación en el fracasado ataque a Trípoli, donde cayó prisionero de los turcos y pudo entrevistarse con Dragut Bajá (Turgut Reis), permaneciendo cautivo en el Peloponeso hasta su liberación. Luego consigue ser nombrado Alcaide de la fortaleza de Navia, pero el anhelo de acción hace que se incorpore de nuevo a la milicia. Participó activamente contra la rebelión de los moriscos de Granada y Ronda y actuó como espía en Portugal por mandato del propio Felipe II. Como se ve, la vida de Bermúdez de Santisso muestra los escenarios principales (excepto Flandes y Países Bajos) donde se batían las tropas españolas en el Viejo Mundo: las diferentes regiones de Italia (especialmente en lucha contra los franceses), así como todo el Mediterráneo y el norte de África contra los turcos y los corsarios berberiscos.

Hallándome esclavo de turcos en Trípoli de Berbería, yo, Pedro Bermúdez de Santisso, nacido en la villa de Castropol, Diócesis de Oviedo, Reino de León, me pareció hacer una relación del Discurso de mi vida, y diversos fracasos y peligros sucedidos de ellos para mayor satisfacción y confusión de la que aún quede por venir, si no hubiere enmienda.

***

Partimos de Trapani, el día de San Juan de 1550, sesenta aleras y tres o cuatro naves. llegamos un sábado a la vista de África, luego dieron lengua los moros de Carruan y firmaron la paz, y tras ver la compañía segura, salimos a a tierra el Domingo siguiente, y puestos en el escuadrón dos mil y quinientos soldados, aunque de la tierra salían a escaramuzar, tomamos alojamiento acomodadamente, y se trató luego de batir la tierra, aunque primero enviaron por Luis Pérez de Vargas, general en La Goletta, que era soldado que lo entendía muy bien.

***

Diome un turco un arcabucazo en los pechos que pensé que me había traspasado, y mirando vi que no me había pasado el pecho, que era a prueba de arcabuz; luego, otro turco a caballo me dio tres o cuatro lanzadas en la rodela acerada, y otro, a caballo, me dio una lanzada en el brazo derecho y cayéndoseme la espada. Vino a mí otro de a pie, dile una cuchillada en un brazo, no se llegó más. Yo me defendía más como muerto que vivo. El turco que estaba a caballo me dio tan gran lanzada, con tanta fuerza, que me puso la rodera alejada, y con la punta me hirió en la boca y lengua, y fue tan grande el golpe que me desatinó: al secar de la lanza me sacó la rodela. Yo quedé desatinado, y luego el turco que había herido en el brazo, no perdiendo tiempo, me tiró una cuchillada ala cabeza, y dio en la celada, y al bajar, me llevó dos dedos de la mano izquierda. Fui tan venturoso porque lo quiso Dios, que con muchos golpes que me dieron no caí, que, después de Dios, fue causa de conservar la vida.

El protagonista muestra su admiración por Dragut (muerto en el ataque a Malta de 1565), al que considera un gran estratega. También se nos cuenta que estuvo punto de perder la vida en numerosa ocasiones a causa de un naufragio (no eran las galeras de entonces barcos que soportasen bien la tormentas y la mala mar), especialmente en su traslado de Nápoles a Granada. También nos narra cómo fue herido varias veces de gravedad. Una vida dura la del soldado del XVI, sin duda.

A diferencia de otras autobiografías de militares en las que abundan los episodios galantes, aventureros y casi delictivos (incluyendo piraterías varias), Bermúdez de Santisso se limita a describir su trayectoria como soldado, incidiendo con cierto detalle en el acontecer de cada campaña militar (casi a modo de un Memorial para ser presentado en la Corte). Tampoco aporta muchos datos de su vida personal y familiar, siendo sobre todo una excelente crónica de la época y una reivindicación de las tropas españolas: sufridos, corajudos y orgullosos soldados al servicio de la Monarquía y de la aventura.

La prosa de Santisso avanza rápida y ágil, sin dificultad especial para su lectura. Para facilitar la comprensión, además de modernizar la ortografía y corregir algunos errores del manuscrito, esta edición se completa con un par de glosarios (onomástico, de términos y de lugares) sumamente útiles. Así que sólo queda señalar que Vida del Maestre de Campo Pedro Bermúdez de Santisso es un libro tan entretenido como una novela de aventuras y un interesante ensayo histórico sobre los infinitos conflictos armados en el Siglo de Oro español. Totalmente recomendable.

Puntuación: 4 (de 5)
Espuela de Plata (2018)
Colección: Vidas pintorescas, 11
Prólogo y edición: Guillermo Piera
172 págs.

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Esta es la narración autobiográfica de un hidalgo asturiano que, en el siglo XVI, militó en los tercios españoles en los que, desde simple soldado, llegó a ser Capitán, para después de algunos años, conseguir el rango de Maestre de Campo: luchó en Italia contra las tropas del Rey de Francia, en Malta contra los turcos, (habiendo sido hecho prisionero de ellos y, posteriormente, rescatado) en las Alpujarras contra los moriscos, sofocando su sangrienta rebelión, y en Portugal actuó como informador y espía de Felipe II para preparar una invasión militar del país (que unos años más tarde llegó a tener lugar, y que culminó con la batalla de Alcántara) con motivo de la sucesión del rey Don Enrique I. Por razón de su condición militar tuvo contacto directo y relaciones personales con el Duque de Alba, con Don Alvaro de Bazán, con Don Juan de Austria, hermano del Rey, con Don García de Toledo, Capitán General de las Galeras de España, con el Duque de Sessa, con Don Pedro de Deza, Presidente de la Audiencia de Granada, con el legendario ingeniero Fratino, citado por Cervantes en el Quijote… De todo ello da cuenta con un lenguaje conciso, directo, militar en suma. Sin nada que envidiar a quien escribió De Bello Gallico quince siglos antes. (Sinopsis de la editorial)

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Pedro Bermúdez nació en Castropol (Asturias) en 1525, de familia hidalga y acomodada, pero no rica. Con 22 años le picó el gusanillo de la aventura y se embarcó, sin tener ideas muy claras de adónde iba, en Ribadeo, «para servir al Emperador Carlos V» de quien sólo sabía que estaba peleando contra luteranos en Alemania y contra sus súbditos en Nápoles para reprimir una sublevación contra el Virrey, Pedro de Toledo. El azar, más que una firme voluntad suya, le llevó a Italia, donde empezó su vida militar. Desembarcó en Génova, atravesó Lucca, Florencia y Roma, hasta llegar a Nápoles. De allí fue a Mesina y luego a Reggio, en Calabria, donde ingresó en la Compañía de Pedro Valcarze y, luego en la de  Alvaro de Yebra. Desde ese momento, sus intervenciones militares son seguidas: Piamonte, Milanesado, Siena, Florencia, Córcega luego, siempre luchando contra el ejército francés. Prosiguió luchando contra el turco: Sicilia, Malta, y Túnez, donde fue hecho prisionero. Desde allí a Trípoli, en el Líbano, de donde fue rescatado. De vuelta a España, participó activamente en el sofocamiento de la sangrienta rebelión de los moriscos en las Alpujarras. Gobernador militar, luego, en Logroño, Pamplona y Guipúzcoa. Sirvió después al Rey Felipe II en los preparativos de la acción sobre Portugal con motivo de la sucesión al Trono de aquél. Terminó su azarosa –y fascinante– vida militar como Capitán General de Bayona en Pontevedra.

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