{Reseña} Fernando García de Cortázar: España, entre la rabia y la idea (Alianza Editorial)

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Fernando García de Cortázar es, sin lugar a dudas, el divulgador histórico más consolidado en el panorama español. Así, por ejemplo, su Breve Historia de España (1995) es el éxito editorial más importante de la historiografía española de los últimos años, continuamente actualizado y reeditado. En España, entre la rabia y la idea el autor vizcaíno ha reunido los artículos (revisados, ordenados y clasificados en torno a seis apartados) publicados durante dos años en el diario ABC (especialmente en su sección Domingos con historia) dedicados a figuras y acontecimientos trascendentes de la complicada historia del siglo XX y XXI en España.

Es sabido que los españoles somos un pueblo que se ha preguntado constantemente por su identidad y por su ser y deber históricos. Especialmente desde el «Desastre del 98» la sociedad española se vio sometida a una batería de interpretaciones, a veces antagónicas o disparatas, sobre el ser español. Para García de Cortázar «siempre ha existido una idea de España, desde la izquierda, la derecha, la poesía, la filosofía, el sindicalismo y la Iglesia. De hecho, las guerras carlistas del siglo XIX y la Guerra Civil enfrentan dos ideas de España, mientras que hoy lo que parece ponerse en cuestión es nuestra propia existencia como nación».

España, entre la rabia y la idea no es una historia de España contemporánea ni un ensayo de interpretación histórica; es una historia de las personas que desde diferentes opciones políticas e intelectuales trabajaron para encontrar la concordia entre españoles y avanzar hacia un objetivo común en torno a la identidad nacional. La mayoría de los personajes a los que se consagran estos artículos son figuras extremadamente conocidas, como Unamuno, Machado, García Lorca, Azaña o Menéndez Pidal, por poner unos ejemplos; otras, más desconocidas, serán un grato descubrimiento, como Mercedes Fórmica, Manuel Hedilla, Luis Lucia o Ángela Figuera.

Acababa de cumplir setenta años Ramón Menéndez Pidal cuando concluyó la guerra civil. La vitalidad de aquel hombre enjuto, de apariencia frágil y con el aire melancólico y sagaz de un profesor de fin de siglo, le permitió atravesar las circunstancias más esperanzadas y tristes de una nación a cuya comprensión y defensa dedicó su inteligencia poderosa y entusiasta corazón. Como tantos españoles de su tiempo -como tantos patriotas de su época-, Menéndez Pidal hubo de mantenerse a una cautelosa distancia de un fanatismo estúpidamente confundido con la integridad del carácter y la firmeza de los principios. Su prudencia nunca fue falta de coraje o palidez de convicciones, sino moderación política, elegancia intelectual y respeto ideológico: todas esas virtudes cívicas gracias a las cuales la cultura jamás precisa del gesto heroico o el ademán violento. El patriotismo de Menéndez Pidal era el resultado de algo muy vinculado a los miembros de aquella generación nacida en los albores de la Restauración: el estudio en las bibliotecas, la investigación en los laboratorios, la docencia en las universidades, el saber divulgado en libros fundamentales que se interrogaban sobre España. Respondía este hombre egregio al compromiso con una labor científica empeñada en que nuestra nación se encontrara a sí misma, se aprendiera en las horas de estudio y se supiera gracias al reposo de una meditación abierta a Europa desde la raíz de nuestra propia historia. Ese amor crítico e insatisfecho a España era la base de una conciencia nacional que nos proporcionó una edad de plata en todos los órdenes de la creación artística y la ciencia […]

En 1947, el primer volumen de la monumental «Historia de España» que dirigió Menéndez Pidal fue prologada por una densa y copiosa introducción. «Los españoles en la historia» se reeditó sin cesar desde entonces, en un volumen aparte. De esta manera irrumpía en el debate nacional una cascada de reflexiones sobre nuestro significado en la trayectoria de los países occidentales, siempre con el telón de fondo de dos asuntos esenciales: por un lado, la existencia de una verdadera conciencia española que asomaba a la historia, al menos, desde los tiempos medievales; por otro, la disposición a arrebatar, a la propaganda de partido o al ensayo mercenario, nuestra condición de comunidad consciente vivida a lo largo de los siglos.

Causa cierto rubor que quienes emprenden su formación universitaria en nuestros días sean condenados a la ignorancia de la tarea titánica de Menéndez Pidal. Produce vergüenza que aquel intenso conflicto de perspectivas haya caído en el olvido de los futuros historiadores. Provoca espanto, sobre todo, que aquel esfuerzo por rescatar España de su propia disolución en una guerra civil, se haya despreciado en un clima que tanto favorece a los que niegan la realidad histórica de España envueltos en la bandera del localismo y del afán separador. Que no se extrañen quienes, con su terca indiferencia cultural, han contribuido a la crisis de las humanidades y al desprestigio de la historia, que por ese vacío caiga nuestra convivencia y nuestra fe en la sustancia común de los españoles.

Recomiendo a cualquier lector, en estas horas afligidas de impugnación nacional, que se acerque a las páginas de «Los españoles en la historia» escritas por alguien que disfrutaba de una condición tan ausente en nuestra época, la de sabio. Un sabio formado entre sabios, que escribía aceptando que había de ser juzgado por intelectuales de alta estatura y temible capacidad crítica. Y leamos, al ritmo de una hermosa lengua -porque hasta eso se ha perdido cuando se escribe la historia, como si la belleza y la precisión fueran virtudes opuestas-, las páginas serenas en que se reivindicó a los españoles y su protagonismo colectivo de un largo proyecto nacional. Leamos de nuevo las palabras de Menéndez Pidal, hablándonos de un pueblo que desplegó formas de existencia social, conceptos religiosos, maneras de entenderse a sí mismos, sentido del honor, humanismo cristiano, amor a la libertad y acatamiento al poder ejercido al servicio del bien común. Leamos también el relato de nuestras crisis, de nuestras lamentables épocas de ferocidad e incivismo. Vayamos, sobre todo, a esa desembocadura en la que el valiente profesor afirmaba la necesidad de superar la escisión de los españoles a ocho años del final de la guerra civil: «No es una de las semiespañas enfrentadas la que habrá de prevalecer en partido único poniendo epitafio a la otra. No será una España de la derecha o de la izquierda; será la España total, anhelada por tantos, la que no amputa atrozmente uno de sus brazos, la que aprovecha íntegramente todas sus capacidades para afanarse laboriosa por ocupar un puesto entre los pueblos impulsores de la vida moderna».  («Menéndez Pidal y los españoles en la historia»)

Precisamente, al tratarse de una recopilación de piezas cortas, lo que este libro pierde de estudio sistemático y académico lo gana en agilidad, ya que cada capítulo es autónomo y permite leerse por separado en función de nuestros intereses. Es posible que falten algunos personajes importantes que reflexionaron en su época sobre este tema (Ángel Ganivet, José María Salaverría, José María Gironella, etc.), pero la visión general que aporta García de Cortázar es completísima y rigurosa.

En definitiva, España, entre la rabia y la idea es un ensayo de lectura inexcusable para cualquier persona interesada en la historia reciente y el porvenir de España. Libro necesario y absolutamente recomendable.

Puntuación: 5 (de 5)
Alianza Editorial (2018)
Colección: Libros singulares
448 págs.

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En un tiempo en que nuestra nación es sometida a una prolongada desautorización, ESPAÑA, ENTRE LA RABIA Y LA IDEA reconstruye el esfuerzo de generaciones de españoles que diseñaron el horizonte ideal de una patria común; aspira a revelar esa labor insaciable, con la que tantos hombres y mujeres, intelectuales y dirigentes políticos, novelistas y poetas, directores de cine y cantautores, seguidores de la derecha y de la izquierda, dirigentes sindicales y representantes de la clase media, católicos y agnósticos, fueron dando un significado preciso a la idea de España. (Sinopsis de la editorial)

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Fernando García de Cortázar (Bilbao, 1942)​ es catedrático de Historia Contemporánea en la Universidad de Deusto y Premio Nacional de Historia 2008. Este galardón le ha sido concedido por su obra Historia de España desde el arte, pero ha premiado también todo su trabajo como historiador, plasmado en cuarenta y cinco libros, y ha supuesto el reconocimiento de su brillante trayectoria intelectual. Su formación humanista y su sensibilidad literaria le han ayudado a acercar de forma atractiva la historia al gran público, y muchos de sus libros, como la Breve historia de España, Historia del mundo actual, Atlas de Historia de España, Breve historia de la cultura en España o Los mitos de la Historia de España, se encuentran entre los más difundidos de la historiografía reciente.

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