{Reseña} M.R. James: Cuentos de fantasmas (Siruela)

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Montague Rhodes James fue el creador y máximo representante del arduo y difícil género del ghost story o cuento de fantasmas moderno. En efecto, siguiendo el magisterio de Joseph Sheridan Le Fanu —autor al que siempre admiró y al que rehabilitó—, James despoja al cuento fantasmal de los excesos góticos victorianos para situarlo en apacibles y verosímiles ambientaciones cotidianas. H.P. Lovecraft, en su imprescindible ensayo El horror sobrenatural en la literatura escribe que James «aborda sus temas de un modo ligero y a menudo locuaz. Una vez creada la ilusión de eventos cotidianos, introduce sus fenómenos inquietantes con cautela y gradualmente; aliviando a cada momento la tensión con pinceladas de prosaico costumbrismo y, de vez en cuando, un toque o dos de erudición anticuaria. Consciente de la íntima relación entre lo fantástico moderno y el peso de las tradiciones, James provee a menudo de remotos antecedentes históricos a sus incidentes; para así poder utilizar acertadamente su exhaustivo conocimiento del pasado, y su dominio del lenguaje arcaico. Un escenario favorito para un cuento de James es alguna catedral antigua, que el autor puede describir con toda la minuciosidad de un especialista en esa materia […] Al inventar un nuevo tipo de fantasmas, James se aleja considerablemente de la convencional tradición gótica; los viejos fantasmas eran pálidos, majestuosos y muy visibles, mientras que un típico espectro de James es magro, encogido y peludo -una reptante e infernal abominación nocturna a mitad de camino entre la bestia y el hombre- a quien por lo usual se lo toca antes de verlo». El maestro americano disecciona a la perfección los mecanismos y la poética de M.R. James, mecanismos que serán utilizados con éxito por multitud de escritores posteriores.

M. R. James ha logrado la inmortalidad por estos cuentos, escritos casi a modo de divertimento y recogidos en cinco volúmenes: Ghost Stories of an Antiquary (1904), More Ghost Stories (1911), A Thin Ghost and Others (1919), A Warning to the Curious (1925) y The Collected Ghost Stories (1931) que agrupa los anteriores y añade otros nuevos hasta completar la treintena. Esta edición de Siruela de Cuentos de fantasmas es una selección de 17 de los mejores relatos del autor británico.

SIN duda, no hay mejor lugar de reunión para coleccionistas, libreros y bibliotecarios que el salón de ventas de una famosa firma londinense que se ocupa de la subasta de libros, y no sólo en el transcurso de un remate, sino —y notoriamente— cuando se efectúa una exposición previa a la venta. En uno de tales salones se iniciaron los asombrosos hechos que me refirió, hace pocos meses, la persona principalmente afectada por ellos, a saber, Mr. James Denton, Master of Arts, Fellow of the Society of Antiquaries, etcétera, quien vivió algún tiempo en Trinity Hall y, últimamente, en Rendcomb Manor, condado de Warwick.

Un día de primavera, no hace muchos años, hallábase en Londres por asuntos relacionados principalmente con el mobiliario de la casa que acababa de construir en Rendcomb. Quizás el lector sufra una decepción al enterarse de que Rendcomb Manor era de edificación reciente, pero, lamentablemente, nada puedo hacer para remediarlo. Hubo sin duda una antigua mansión con ese nombre, pero no se destacó por ser hermosa o interesante. Y aun en tal caso, ni una ni otra cualidad habrían sobrevivido al catastrófico incendio que la devastó dos años antes de la fecha de mi relato. Diré con satisfacción que cuanto de valioso había en ella fue rescatado, y que además estaba totalmente asegurada. Mr. Dentón, por lo tanto, pudo afrontar con relativa facilidad los gastos que suponía la construcción de un edificio nuevo y mucho más apto tanto para él como para su tía, que constituía todo su ménage.

Como estaba en Londres, con tiempo disponible, y no muy lejos del salón de ventas al que vagamente aludí, Mr. Denton decidió dedicar una hora a la posibilidad de encontrar, entre los manuscritos de la famosa colección Thomas, entonces en exposición, algo referente a la historia o topografía de la región del condado de Warwick donde estaba su casa.

En consecuencia, se dirigió allí, adquirió un catálogo y subió al salón de ventas, donde los libros —según es habitual— estaban expuestos en vitrinas o sobre largas mesas. Junto a los anaqueles, o sentadas alrededor de las mesas, pudo observar a varias personas, algunas de ellas conocidas. Saludó a varias, y luego se dedicó a examinar su catálogo y a anotar los libros que pudieran interesarle. Había

progresado bastante a través de unos doscientos del total de quinientos lotes (de vez en cuando se incorporaba para retirar un volumen del anaquel y hojearlo superficialmente) cuando alguien le puso la mano sobre el hombro. Se volvió para comprobar que quien le interrumpía era uno de esos hombres inteligentes, con barba puntiaguda y camisa de franela, que con tanta prodigalidad produjo, creo yo, el último cuarto del siglo XIX. (EL DIARIO DE MR. POYNTER)

En estas historias escritas en tercera persona, suele ser el angustiado lector el que primero intuye la presencia de la presencia fantasmal, mientras el personaje protagonista permanece inocente y ajeno a toda sospecha; esta técnica permite mantener el suspenso y la tensión hasta el último momento. Los protagonistas son calcos del propio James: arqueólogos (Aviso a los curiosos), anticuarios (El diario de Mr. Poynter), paleógrafos (El maleficio de las runas), latinistas (El tesoro del abad Thomas), biblistas (El tratado Middoth) o historiadores (El número 13). Sus escenarios preferidos reflejan el ambiente erudito que James tan bien conocía: bibliotecas, archivos, capillas, cementerios, posadas. Sus relatos, sin profundizar demasiado en la psicología de los personajes, cautivan con una exhaustiva recreación documental (incluyendo la invención de libros antiguos, manuscritos, epitafios y citas), un recurso utilizado después por otros autores como Lovecraft o Borges, lo que otorga mayor verosimilitud y realismo a las narraciones.

Un aspecto reseñable de las narraciones de James es el uso de un fino humor en el tratamiento de muchos personajes y situaciones. Ya Borges escribió que la superioridad de los cuentos fantasmales británicos, a diferencia de los producidos en Francia o Alemania, radica en su ironía y en que sólo buscan el puro goce estético, de modo que tras el estremecimiento siempre viene la sonrisa. Estos ejemplos de M.R. James son absolutamente clásicos. Ningún aficionado a los relatos de misterio y terror puede dejar de leer esta antología publicada por Siruela. Imprescindible.

Contenido: Ratas | La fuente de los lamentos | El tesoro del Abad Thomas | El diario de Mr. Poynter | El fresno | Aviso a los curiosos | El grabado | Dos médicos | El Tratado Middoth | El número 13 | La casa de muñecas | El maleficio de las runas | El cercado de Martin | Corazones perdidos | Cuento nocturno | Límites de propiedad | El Conde Magnus

Puntuación: 5 (de 5)
Ediciones Siruela (2014)
Colección: Nuevos Tiempos, 271
Traducción: Mirta Meyer, Carlos Gardini, Ana Poljak, José Luis López, J.A. Molina Foix
344 págs

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Lovecraft incidió en la teoría de M. R. James según la cual «un cuento de fantasmas debe tener un marco que resulte familiar en la época moderna para acercarse lo más posible a la esfera empírica del lector. Sus fenómenos espectrales, además, deben ser malévolos más que beneficiosos, ya que la emoción que hay que suscitar ante todo es el miedo. Por último, debe evitarse escrupulosamente la jerga de seudociencia del “ocultismo” si no queremos ver ahogado el encanto de la verosimilitud casual en una pedantería nada convincente». Como gran novedad en el género, pues, los fantasmas de James resultan perfectamente contemporáneos al lector burgués de su época, y para inducir esta sensación de cotidianeidad utiliza un fino humor británico así como expresiones coloquiales en los diálogos. Cuentos, además, muchas veces ambientados en todos aquellos escenarios que le eran más familiares al mismo autor por sus propias inquietudes eruditas: polvorientas trastiendas de anticuario, solemnes bibliotecas y archivos, rectorías rurales…
Aunque escribió poco más de treinta relatos de este tipo, y solo como desahogo a las labores académicas que ocuparon su vida, el nombre de Montague Rhodes James evoca lo mejor de la literatura sobre fantasmas, y con él llega a su apogeo el cuento de fantasmas clásico. (Sinopsis de la editorial)

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Montague Rhodes James (rectoría de Goodnestone, Kent, 1862-Eton, 1936) fue director del colegio de Eton y decano del King’s College en la Universidad de Cambridge. A lo largo de su vida se interesó por la arqueología, la paleografía, la filología y las antigüedades. Consagrado al cuento de fantasmas solo como afición al margen de su magna obra académica, sus obras más conocidas dentro del género son Ghost Stories of an  Antiquary (1904), More Ghost Stories of an Antiquary (1911), A Thin Ghost (1919) y A Warning to the Curious (1925). Gran reivindicador del escritor irlandés Sheridan Le Fanu, fue a su vez fue reivindi­ca­do por H. P. Lovecraft (Siruela ha ­incluido uno de sus cuentos en la antología El horror según Lovecraft).


 

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