{Reseña} Zbigniew Herbert: El rey de las hormigas (Acantilado)

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Entre las literaturas exóticas europeas la polaca es una de las que más interés está despertando en nuestro país, favorecida por el empeño de algunas editoriales y el trabajo impagable de numerosos traductores en la difusión de autores esenciales en acervo cultural europeo. En mi caso, escritores polacos como Stanisław Lem, Ryszard Kapuściński y Adam Zagajewski se encuentran entre mis favoritos. A esta nómina tengo que añadir a partir de ahora a Zbigniew Herbert, conocido especialmente como poeta pero que también es autor varios libros de ensayo sobre la cultura europea muy originales, ya que fusiona en ellos el ensayo tradicional, la narración y las observaciones personales.

Zbigniew Herbert, como buen intelectual de las tierras septentrionales, ama la Grecia del sol y la cultura clásica. Ya dio muestras de ello en El laberinto junto al mar, conjunto de textos sobre sus viajes a lugares emblemáticos del mundo helénico en los que reflexiona sobre los orígenes de esa cultura inmortal. El rey de las hormigas fue publicada póstumamente en 1999 y recoge material escrito durante sus últimos veinte años. Al igual que otros libros suyos, éste está compuesto de irónicos trabajos ensayísticos y otros —no menos irónicos— relatos, todos centrados en diversos personales y acontecimientos de la mitología griega. Muchos de ellos son conocidos por todos, como Orfeo, Cerbero, Narciso, Prometeo, Atlas, Aquiles, Poseidón o Pegaso; otros, en cambio, son oscuras referencias, personajes marginales en la historia de los dioses y los héroes griegos: Triptolemo, Tersiles, Cleómenes, Fía…

Zbigniew Herbert es a un mismo tiempo un mitógrafo y un desmitificador —valga la paradoja—, ya que en estas piezas nunca se limita a contar de nuevo el mito, sino que presenta una recreación, una versión apócrifa. La vieja historia sirve de punto de partida para una nueva narración, para descubrir nuevas posibilidades o interpretaciones del mito original. En su escritura mezcla lo antiguo y lo contemporáneo (hasta el anacronismo) para crear algo nuevo, netamente moderno.

¿Adónde navega Dioniso a través del mar rojo como el vino
hacia qué islas peregrina bajo la vela de pámpana?
Duerme y no sabe nada, luego tampoco nosotros sabemos
adónde llevan las corrientes su barca veloz de madera de haya.

***

—¿Es necesario?—pregunta Eurídice.
Hermes sonríe y permanece callado. Caminan. las tinieblas se abren frente a ellos, para cerrarse al instante. Cruzan así innumerables puertas.
—¿Es realmente necesario?—pregunta Eurídice—. Orfeo es viejo—prosigue—, ya no me queda mucho tiempo junto a él. he olvidado por completo a base de qué hierbas se prepara la pócima para su garganta dolorida por el canto. Y qué significa levantarse de madrugada. Y qué quiere un hombre cuando toca mi vientre.
—te acordarás de todo—dice Hermes con voz dulce y poca convicción.
—Es hermoso que intentes consolarme—dice Eurídice. La vereda se encarama. No es una vereda, sino un hendirse sumiso de las rocas. Los pedernales huelen a relámpago reseco y los guijarros bajo sus pies han perdido por completo la memoria del mar.
—¿Nos está viendo?—pregunta Eurídice con desasosiego.
Hermes niega con la cabeza.
—Pero yo sí veo sus espaldas. siempre, es decir, mientras estaba viva, me han conmovido las espaldas masculinas. son indefensas. pero ahora ya no lo siento así. ¿Ternura? ¿Qué es la ternura?
—La alegría del roce. un éxtasis inferior—contesta Hermes.
—Ya no tengo dedos vivos—se queja Eurídice—. Ni siquiera sabría enhebrar una aguja o sacar una mota de polvo del ojo de mi amado.
Un giro más y empieza la pendiente. Una oscuridad, diríase sesgada, inclinada sobre otra más profunda.
—Eurídice—dice Hermes en voz queda—, te voy a revelar el secreto del destino. Orfeo morirá pronto en circunstancias sospechosas. Entonces serás libre. Tomarás por esposo a un fortachón sano, de brazos como las ramas de un roble; a un joven de pocas luces, pero lo bastante sabio para no desear lo inalcanzable. No puedes imaginar cuán reconfortante te resultará esto, tras toda una vida al lado de un llorón talentoso.

Las piezas en El rey de las hormigas están lejos de ser simples fábulas. Por ejemplo, en el texto que da nombre al volumen, se cuenta la historia de los Mirmidones (hormigas), una parábola política y antropológica de gran profundidad y actualidad (que también tiene relación con el texto Securitas, deidad romana de improbable existencia que ejemplifica el poder coercitivo del Estado.) Otras piezas son más ligeras y anecdóticas, sin renunciar por ello a la crítica social y a la crítica de la cultura; en cualquier caso, el refinado humor y la gran erudición de Herbert hacen de estas prosas un prodigio de escritura.

El rey de las hormigas nos demuestra que los mitos griegos siguen vigentes en nuestra sociedad. Sólo necesitamos abrir un poco la mente y mirar con ojos atentos para comprobar que estos personajes siguen vivos —con otras máscaras y otros vestidos, naturalmente— y que podemos descubrirlos a la vuelta de la esquina. Así que sólo me queda recomendar sin dudarlo este breve pero intenso libro de Zbigniew Herbert, su testamento literario.

Puntuación: 5 (de 5)
Acantilado (2018)
Colección: El Acantilado, 375
Traducción: A. Rubió y J. Slawomirski | Edición: Ryszard Krynicki
176 págs.

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Zbigniew Herbert trabajó durante veinte años en El rey de las hormigas y, no obstante, la obra quedó inconclusa hasta que su editor polaco recopiló los materiales, fragmentos y esbozos para darle la forma que hoy presentamos. En todos los textos, el poeta parece decidido a concederse la libertad de celebrar su amor por la civilización de la Antigüedad dando nueva vida a los mitos. El resultado es una recreación personalísima, colorida y luminosa de un buen número de personajes de la mitología clásica, algunos conocidos por los lectores y otros injustamente olvidados: en las hábiles manos de Herbert, gracias a la sutileza e ingenio del poeta, Cleomedes, Atlas, Ares, Cerbero, Endimión o Áyax parecen convertirse en nuestros contemporáneos y sus peripecias, sus destinos y el fabuloso mundo en el que vivieron nos invitan a reflexionar sobre el presente y, muy a menudo, a reír. (Sinopsis de la editorial)

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Zbigniew Herbert (Lvov, 1924 – Varsovia, 1998). Poeta, ensayista y dramaturgo. Estudió Derecho, Bellas Artes y Filosofía. Entre muchos otros reconocimientos, recibió el premio Herder en 1973. En Acantilado hemos publicado Naturaleza muerta con brida (2008), Un bárbaro en el jardín (2010), El laberinto junto al mar (2013) y El rey de las hormigas (2018).

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