{Reseña} Gustav Meyrink: La muerte púrpura (Hipérbola Janus)

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La pequeña editorial aragonesa Hipérbola Janus ha tenido la gran idea de publicar una antología de los primeros relatos del gran Gustav Meyrink, muchos de los cuales permanecían inéditos en español o eran de difícil acceso. Al contrario de su famoso libro Murciélagos, que se suele publicar completo, el resto de sus colecciones de narraciones cortas del escritor austriaco no han disfrutado de excesivo interés editorial.

La muerte púrpura es una amplia antología de veintidós relatos de terror, fantasía y lo grotesco —como reza el subtítulo—, todos ellos pertenecientes a los primeros años del siglo XX y publicados en la revista Simplicissimus (alguno en Der liebe Augustin) y recogidos posteriormente en los volúmenes Der heiße Soldat und andere Geschichten («El ardiente soldado y otras historias», 1903) y Orchideen. Sonderbare Geschichten («Orquídeas. Historias extrañas», 1904). Como es característico de su primera etapa creativa (hasta la publicación de El Golem), estas obras se caracterizan por su marcado carácter satírico, y de crítica social y al militarismo, que aun sin sin renunciar al elemento extraordinario o fabuloso inciden en lo bizarro por encima del estremecimiento terrorífico o fantástico. Estas historias son, debido al público a quien van dirigidas, un ejemplo de literatura popular, podría decirse que el equivalente europeo al primer pulp americano.

Se cuenta que en esta ciudad vivió en un tiempo un viejo músico, viejo y solitario. La habitación en la cual vivía y en la que pasaba parte de la noche y el día era angosta, ruinosa y miserable, estaba situada en el barrio más pobre, angosto y ruinoso de la ciudad.

El anciano no había estado siempre así de desamparado. Se acordaba de los años colmados de magnificencia y de esfuerzo, años en los que había tenido todos los esplendores que la tierra ofrece a quien es rico, todas las alegrías que la tierra a quien es feliz, todas las delicias y bellezas que la tierra da a quien dichoso y bello.

Pero un día su felicidad legó a una esquina: como el sol, que en un día radiante se eleva en el cielo sereno, alcanza el cénit de su esplendor, y entonces decae y se sumerge en la oscuridad para penetrar en las tinieblas y convertirse en invisible profundizando en la noche. Y cuando su felicidad tuvo fin y cada nuevo día le aportaba nuevas desventuras, se refugió en la plegaria y cada noche permanecía por largo rato postrado de rodillas para procurar conjurar la propia ruina. («Buda es mi refugio»)

Hay variedad temática y de objetivos en estas narraciones: tenemos divertidas fábulas fantásticas protagonizadas por magos asiáticos (La muerte púrpura, La esfera negra), cuentos con un fuerte componente oníricos (Quimera, Enfermo, La reina de los Braghi), historias tétricas con la presencia de la muerte (Horror, Toda la vida es dolor ardiente), fantasías literarias y terroríficas (El ópalo, La preparación anatómica), leyenda oriental (Buda es mi refugio), así como narraciones claramente grotescas (Petróleo-petróleo, El soldado ardiente, Las gotas de la verdad).

Estos cuentos de La muerte púrpura, sin llegar a tener la calidad de los relatos de Murciélagos o de sus novelas, siguen cautivando por su humor, su desbordante imaginación y por su compromiso con los valores de la dignidad humana. Recomendable.

Puntuación: 4 (de 5)
Hpérbola Janus (2015)
Prólogo y traducción: Ángel Fernández Fernández
184 págs.

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La muerte púrpura es el título de una de las historias contenidas en esta recopilación de relatos desarrollados por Gustav Meyrink a comienzos del pasado siglo XX. El autor, de origen austriaco, conocido por su obra cumbre El Golem (1915) tuvo unos comienzos literarios algo complicados, publicando una serie de relatos breves en diversas revistas y diarios de su época, entre las que destacarían aquellos de Simplicissimus, considerado como el diario satírico más importante de la época de la Alemania Guillermina.

Los relatos que aquí presentamos no dejarán indiferente al lector por la gran cantidad de motivos que en ellos concurren. Podríamos calificarlos de bizarros, extraños o grotescos, con un fuerte componente espiritual, con la omnipresencia de motivos orientales, metafísicos y mágicos, además del terror y la narración de atmósferas oscuras y opresivas donde se trata de conducir al lector a la más pura desesperación y el más absoluto desasosiego. (Sinopsis de la editorial)

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Gustav Meyrink (Viena, 1868 – Starnberg, 1932 ), hijo bastardo de un ministro del rey de Wurtemberg y de una actriz de origen judío. Es uno de los principales representantes de la literatura fantástica de lengua alemana. Sus obras están influenciadas por las ciencias ocultas y la cábala de las que era adepto.

En 1889 empezó a trabajar en la banca Meyer & Morgenstern, pero un oscuro asunto financiero en el que se vio involucrado lo empujará a abandonar su empleo. Vivió en Munich hasta los 13 años, y en esa ciudad completaría sus estudios primarios. Más tarde se trasladó a Hamburgo, donde pasó una corta temporada. En 1883 su madre se instaló en Praga, ciudad en la que Meyrink viviría durante veinte años y que a menudo describe en sus obras. Praga no aparece ahí como decorado, sino como personaje, especialmente en las novelas El Golem y La noche de Walpurgis.

Sus inicios literarios datan de 1900, con la publicación de relatos en la revista Simplicissimus. Esos relatos, de corte satírico, grotesco o fantástico consiguen un cierto éxito entre los lectores de la revista muniquesa y serán recogidos más tarde en tres volúmenes, y editados a partir de 1903 por el editor Albert Langen. Meyrink publicó su primera novela –El Golem–, en 1915, obra en la que rescata un mito judío centroeuropeo, según el cual era posible animar una figura de barro, el Golem, colocando bajo su lengua ciertas palabras mágicas. Esto se halla directamente relacionado con la doctrina kabalística, según la cual es posible crear mediante la palabra o combinación de letras el secreto nombre de Dios. El Golem tuvo un enorme éxito y se reeditó con frecuencia, siendo objeto de varias adaptaciones cinematográficas. Entre sus obras, además de las ya citadas El Golem y La noche de Walpurgis (1917), cabe destacar, asimismo: El rostro verde (1916), El dominico blanco (1921) y El ángel de la ventana de occidente (1927).

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