{Reseña} Rüdiger Safranski: Nietzsche. Biografía de su pensamiento (Tusquets)

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Hace años yo fui un lector compulsivo de algunos de los más célebres libros de Nietzsche. No puedo decir que entendiera mucho al pensador alemán, pero quedaba atrapado por su deslumbrante estilo literario. Me hubiera venido muy bien, para una lectura nitzscheriana de mayor fundamento, contar con algún ensayo riguroso como introducción. Por suerte, nuevamente la colección Tiempo de memoria de la editorial Tusquets rescata, en una nueva y primorosa edición, uno de los textos fundamentales de su catálogo de no ficción: Nietzsche. Biografía de su pensamiento, del escritor y filósofo Rüdiger Safranski, un ensayo riguroso y apasionante sobre una de las figuras esenciales del pensamiento moderno.

Rüdiger Safranski parte del convencimiento de que las ideas filosóficas también tienen su «biografía». Así como se puede escribir un biografía de Nietzsche —o de cualquier pensador o filósofo— atendiendo únicamente a los hechos de su acontecer vital, es imposible tratar de forma acertada la historia de su pensamiento filosófico sin incluir las circunstancia personales que han influido en la gestación del mismo. En este ensayo, que ha sido revisado y ampliado en la nueva edición, Safranski considera que con Nietzsche se comprueba la forma tan catastrófica en que pueden llegar a oponerse vida y obra, hasta el punto de acabar en la locura.

La vida de Friedrich Nietzsche fue tan soberbia en el terreno intelectual como solitaria y trágica en el personal. Para documentarse Safranski, aparte de sus obras canónicas, ha leído su extensa correspondencia y numerosos fragmentos y esbozos poco estudiados. Además de los episodios puramente biográficos (ruptura con los medios universitarios, su problemas de salud, devoción y alejamiento de Wagner, su problemática relación con las mujeres o su colapso final de Turín de 1889), Safranski se concentra —en los capítulos más interesantes— en la génesis y la clave de ideas tan importantes como el eterno retorno, la voluntad de poder o la concepción dionisiaca de la existencia.

Nietzsche es el intento de mantenerse en la vida también cuando la música ha terminado. Nietzsche quiere, en la medida de lo posible, hacer música con el lenguaje, los pensamientos y los conceptos. Pero, naturalmente, el resultado no es satisfactorio. «¡Esta “alma nueva” habría debido cantar, y no hablar!», escribe en el prólogo autocrítico, redactado más tarde, para el libro sobre la tragedia de 1872. Y no hay duda de que es una verdadera lástima. En los fragmentos póstumos de principios de 1888 encontramos la siguiente anotación: «El hecho es que estoy muy triste; el problema es que “yo no sé qué pueda significar esto” (…) “La leyenda de los tiempos antiguos”». Siguiendo las huellas de Heine, le viene a la memoria la ondina del Rin.* Nietzsche escuchó el canto de las sirenas y siente ahora malestar en una cultura donde éstas han enmudecido, y donde la ondina del Rin ya sólo anda por la casa como una leyenda de lejanos tiempos. La filosofía de Nietzsche brota de la tristeza posterior a las sirenas, y quisiera por lo menos salvar el espíritu de la música para llevarlo a la palabra, como un eco de la despedida y como un voto por el posible retorno de la música, a fin de que «no se rompa el arco» de la vida.

Es sabido que durante mucho tiempo fue la música de Wagner el parámetro en el que Nietzsche midió la plenitud de la dicha en el disfrute del arte. Antes del encuentro personal con Wagner, cuando hubo escuchado por primera vez la obertura de Los maestros cantores, escribió a Rohde el 27 de octubre de 1868: «Se estremece en mí cada fibra, cada nervio, y hacía mucho tiempo que no tenía semejante sentimiento duradero de arrobamiento…» (B, 2, 332). Lo cierto es que el sentimiento de arrobo es más fuerte todavía en la propia improvisación al piano, a la que podía entregarse durante horas, olvidado de sí y del mundo. Paul Deussen, el amigo de juventud, relata una escena conocida y tristemente famosa, que tiene que ver con ese arrobamiento:

«Nietzsche había partido solo hacia Colonia un día de febrero de 1865, y allí se agenció un mozo de servicio que lo guiara a través de las cosas dignas de ver. Al final le rogó que lo llevara a un restaurante. Pero el acompañante lo llevó a una casa de mala reputación. Nietzsche me contaba al día siguiente: “De pronto me vi rodeado por media docena de apariciones en lentejuelas y gasa, con su mirada expectante puesta en mí. Durante un tiempo me quedé sin palabras. Pero luego me dirigí instintivamente hacia un piano, que era el único ser con alma en aquel grupo, y toqué algunos acordes, que mitigaron mi rigidez y salí a la calle”».

***

Sin embargo, también el aburrimiento tiene su misterio y recibe su peculiar pathos en Nietzsche. El aburrimiento, ante el cual el arte concede un refugio, se convierte en bostezante abismo del ser, en algo espantoso. En el aburrimiento experimentamos el instante como un vacío pasar el tiempo. Lo que sucede externamente carece de importancia, y también a nosotros mismos nos experimentamos como irrelevantes. Los actos de la vida pierden su tensión intencional, se hunden en sí mismos, como un soufflé sacado del horno antes de tiempo. Las rutinas, las costumbres, que normalmente dan apoyo, aparecen de pronto como lo que son: construcciones auxiliares. También el fantasmagórico escenario del aburrimiento revela un instante de percepción verdadera. No sabemos emprender nada con nosotros, y en consecuencia es la nada la que emprende algo con nosotros. Sobre este subsuelo de la nada realiza el arte la acción por la que el hombre se estimula a sí mismo. Lo cual es de nuevo una empresa casi heroica, pues hay que sostener a los amenazados por la caída. Desde esta perspectiva el arte es algo así como tensar un arco, para no caer en la distensión nihilista. El arte ayuda a vivir, pues de otro modo la vida se siente desamparada ante el embate de los sentimientos de absurdo.

Quizás el aspecto más discutible de este libro es que Safranski tiende a centrarse casi exclusivamente en las primeras etapas del desarrollo del pensamiento de Nietzsche —cuando los eventos críticos en su vida fueron más interesantes— y le da menos importancia a sus productivos años posteriores (1883–88), cuando el filósofo alemán escribió la mayoría de sus obras de madurez, pero llevó una vida más tranquila, de modo que trabajos primeros como El nacimiento de la tragedia y Humano, demasiado humano son discutidos con gran detalle, mientras que libros posteriores como Genealogía de la moral y Crepúsculo de los ídolos se mencionan someramente. Safranski cierra su libro con un interesante epílogo que rastrea la influencia de Nietzsche en la filosofía de pensadores europeos como Freud, Bergson, Jaspers, Heidegger, Adorno y Foucault.

Este libro no es una obra de divulgación facilona, de la que tanto abundan; es un trabajo concienzudo y denso, que requiere una lectura atenta y reflexiva, que frecuentemente demanda volver atrás para releer e incluso acudir a las fuentes para aclarar dudas. Dicho esto, la habilidad de Safranski para acercar a un público amplio el complejo mundo de la creación filosófica sin acudir a simplificaciones o a tópicos es el punto fuerte de sus ensayos biográficos. Al acometer la lectura de esta «biografía intelectual» tenemos que tener en cuenta que, siendo Nietzsche un autor en el que predomina el pensamiento destructivo sobre el constructivo, no vamos a encontrar respuestas para los eternos conflictos humanos, o como lo expresa genialmente Nicolás Gómez Dávila en uno de sus aforismos: «Leer a Nietzsche como repuesta es no entenderlo. Nietzsche es una interrogación inmensa».

Mi opinión final es que Nietzsche. Biografía de su pensamiento es un trabajo capital para cualquier persona interesada en la historia de la filosofía y en la figura del filósofo prusiano. Totalmente recomendable.

Puntuación: 4 (de 5)
Tusquets Editores (2019)
Colección: Tiempo de Memoria, 11
Traducción: Raúl Gabás
432 págs.

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Las ideas de Friedrich Nietzsche (1844-1900) –el eterno retorno de lo mismo, la voluntad de poder, el superhombre o la concepción dionisiaca de la existencia– transformaron definitivamente la filosofía de su tiempo y continúan ayudando a entender el nuestro. A su vez, la atormentada existencia de este pensador, marcada por la enfermedad y el hundimiento final en la locura, ilustra la soledad del genio romántico. Para esta biografía, Safranski recorre los principales episodios vitales del autor de Así habló Zaratustra, dando así la clave de los enigmas e intuiciones de un autor que, más de cien años después de su muerte, mantiene todo su poder de provocación. (Sinopsis de la editorial)

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Rüdiger Safranski nació en 1945 en Rottweil (Alemania) y estudió filología, filosofía, historia e historia del arte. Se ha convertido en uno de los biógrafos europeos más brillantes de los últimos años gracias a sus magistrales biografías dedicadas a Heidegger, Nietzsche, Schopenhauer, Schiller y Goethe. También es autor de Romanticismo, una obra fundamental para entender este movimiento artístico, literario y filosófico, y de ensayos dedicados a la globalización, la verdad, el mal o el tiempo.

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