{Reseña} Rubén Darío: Pesadillas terroríficas, vampirismo y metafísica (Uve Books)

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Uve Books nos vuelve a deleitar con su última publicación, en este caso con una selección de cuentos fantásticos de uno de los mayores escritores en lengua española de la historia, el nicaragüense Rubén Darío. Como se sabe, aparte de su labor poética —por la que es universalmente reconocido—, Darío fue un prolífico e inmenso prosista que contribuyó mediante la renovación sintáctica y léxica a sacar a nuestro idioma del cierto anquilosamiento que sufría a finales del siglo XIX.

Pesadillas terroríficas, vampirismo y metafísica es un selección variada y representativa de doce cuentos escritos en diferentes épocas. Darío nos dejó más de una cuarentena de textos que pueden considerarse como narraciones, y una mayoría de ellos transcurren en el ámbito de la irrealidad y lo insólito (más que del «fantástico moderno» entendido como lo hace Tzvetan Tódorov). La fantasía de Rubén vuela unas veces con las formas enjoyadas y decadentistas del simbolismo francés; otras, con las tenebrosas reminiscencias de Poe (del que fue gran lector y al que dedicó varios ensayos). En cualquier caso, fueron los escritores del modernismo (Lugones, Nervo, etc.) los primeros grandes introductores y cultivadores del cuento fantástico en Hispanoamérica.

Como se hablase de Benvenuto Cellini y alguien sonriera de la afirmación que hace el gran artífice en su Vida, de haber visto una vez una salamandra, Isaac Codomano dijo:

-No sonriáis. Yo os juro que he visto, como os estoy viendo a vosotros, si no una salamandra, una larva o una ampusa.

Os contaré el caso en pocas palabras.

Yo nací en un país en donde, como en casi toda América, se practicaba la hechicería y los brujos se comunicaban con lo invisible. Lo misterioso autóctono no desapareció con la llegada de los conquistadores. Antes bien, en la colonia aumentó, con el catolicismo, el uso de evocar las fuerzas extrañas, el demonismo, el mal de ojo. En la ciudad en que pasé mis primeros años se hablaba, lo recuerdo bien, como de cosa usual, de apariciones diabólicas, de fantasmas y de duendes. En una familia pobre, que habitaba en la vecindad de mi casa, ocurrió, por ejemplo, que el espectro de un coronel peninsular se apareció a un joven y le reveló un tesoro enterrado en el patio. El joven murió de la visita extraordinaria, pero la familia quedó rica, como lo son hoy mismo los descendientes. Aparecióse un obispo a otro obispo, para indicarle un lugar en que se encontraba un documento perdido en los archivos de la catedral. El diablo se llevó a una mujer por una ventana, en cierta casa que tengo bien presente. Mi abuela me aseguró la existencia nocturna y pavorosa de un fraile sin cabeza y de una mano peluda y enorme que se aparecía sola, como una infernal araña. Todo eso lo aprendí de oídas, de niño. Pero lo que yo vi, lo que yo palpé, fue a los quince años; lo que yo vi y palpé del mundo de las sombras y de los arcanos tenebrosos.

En aquella ciudad, semejante a ciertas ciudades españolas de provincias, cerraban todos los vecinos las puertas a las ocho, y a más tardar, a las nueve de la noche. Las calles quedaban solitarias y silenciosas. No se oía más ruido que el de las lechuzas anidadas en los aleros, o el ladrido de los perros en la lejanía de los alrededores.

Quien saliese en busca de un médico, de un sacerdote, o para otra urgencia nocturna, tenía que ir por las calles mal empedradas y llenas de baches, alumbrado a penas por los faroles a petróleo que daban su luz escasa colocados en sendos postes.

[…] (“La larva”)

Las fechas de escritura de esta selección van desde 1887 (El velo de la reina Mab, contenido en el volumen Azul) hasta Huitzilopoxtli (1915). Desgraciadamente, los cuentos de Rubén Darío no han despertado el interés que merecen; de hecho, hasta 1950 no hubo una edición de los Cuentos completos (en FCE) que, curiosamente, no incluía piezas de la importancia de Huitzilopoxtli y D. Q.

Salvo El fardo, que se adentra en la denuncia social propia del naturalismo radical, el resto de piezas inciden en territorios imaginarios y míticos: hay fábulas mitológicas (El sátiro sordo, La ninfa), leyendas piadosas (Cuento de Nochebuena, La extraña muerte de fray Pedro), la fantasía poética (El velo de la reina Mab), el relato onírico (La pesadilla de Honorio, Huitzilopoxtli) y las historias de terror y muerte (Thanathopia, El caso de la señorita Amelia, La larva).

Con la salvedad de que se nos hace excesivamente corta esta antología, Pesadillas terroríficas, vampirismo y metafísica es una excelente introducción al talento prosístico del gran Rubén Darío. Como siempre, la edición de Uve Books es magnífica.

Contenido: Cuento de Nochebuena, ThanathopiaEl caso de la señorita Amelia, La larva, El fardo, La pesadilla de Honorio, La extraña muerte de fray Pedro, La ninfa, D. Q, El velo de la reina Mab, Huitzilopoxtli y El sátiro sordo.

Puntuación: 4 (de 5)
Uve Books (2019)
Colección: Tenebre
Ilustraciones: W. Goble, P. Reinagle, A. Angst, A. Best, Leloir
128 págs

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Su obra poética es excepcional, no lo es menos su prosa y en particular sus cuentos más tenebrosos, breves, heladores y poéticos.
Una joya para los amantes del terror.
Contiene doce espeluznantes cuentos donde se conjugan lo maravilloso y lo extraño, ocultismo, vampirismo, reencarnación, demonología y metafísica. (Sinopsis de la editorial)

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Félix Rubén García Sarmiento, conocido como Rubén Darío (1867-1916), fue escritor, periodista y diplomático nicaragüense, máximo representante del modernismo castellano. Viajó por Europa y América colaborando con periódicos im­portantes y desempeñando cargos diplomáticos; hasta que regresó a Nicaragua en 1916. Entre su producción destacan tres obras que rigen la evolución del modernismo: Azul, Prosas profanas y Cantos de vida y esperanza. Llamado el “príncipe de las letras castellanas”, es el poeta que ha tenido una mayor y más duradera influencia en la poesía del siglo xx en el ámbito hispánico.

(Nota: Pintura de Henry Meynell Rheam: “Queen Mab”)

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