{Reseña} Rosa Arciniega: Mosko-Strom (Espuela de Plata)

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El crítico español José Carlos Mainer acuñó en un mítico ensayo del mismo título el término «Edad de Plata» referido a la literatura al periodo aproximadamente comprendido entre el inicio del siglo XX y el estallido de la Guerra Civil. Esta denominación ha hecho fortuna y define perfectamente una etapa gloriosa de las letras de la cansada España. En efecto, en esos años se produce una auténtica explosión de la literatura española; conviven todavía los grandes autores finiseculares (Galdós, Pardo Bazán, Palacio Valdés, Blasco Ibáñez) junto a los escritores del 98 (Unamuno, Azorín, Baroja, Machado, Valle-Inclán) y el numerosísimo elenco de literatos de las vanguardias poéticas y narrativas de la Generación del 27. A esta impresionante nómina hay que añadir los importantes escritores de Hispanoamérica que visitaron y vivieron en España algún tiempo y que publicaron algunas obras aquí. A los más conocidos Rubén Darío, Alfonso Reyes, Borges o César Vallejo hay que añadir la escritora y periodista peruana Rosa Arciniega, autora hasta ahora totalmente olvidada, pero que gracias a la impresionante labor de rescate de la editorial sevillana Espuela de Plata/Renacimiento tenemos la oportunidad de disfrutarla en su faceta de novelista.

Rosa Arciniega llegó a probablemente a España en 1928 y se estableció en Madrid en 1930. Durante los seis años siguientes fue una importantísima activista cultural, desarrollando su labor en las principales de revistas literarias del país. Persona extraordinariamente independiente fue un ejemplo de la «nueva mujer» que irrumpió en la sociedad de los años 20.

Ha sido el empeño de la profesora Inmaculada Lergo, editora y prologuista de este volumen, el que ha desempolvado esta novela publicada por Arciniega en 1933 en Madrid: Mosko-Strom (subtitulada El torbellino de las grandes metrópolis), una obra con fuerte contenido de crítica social y con un tono vagamente distópico que nos presenta la vida en Cosmópolis —una megaurbe que podría ser cualquier gran ciudad norteamericana o europea antes del Crack del 29— de un pequeño ramillete de personajes: el principal, Max Walker, ingeniero jefe de las industrias automovilísticas «R.E.T.»; su esposa Isabel, mujer hedonista e insatisfecha con la que acabará divorciándose; Jackie Okfurt, médico bebedor e inconformista y el único disidente del grupo de antiguos compañeros de universidad (al que pertenece Walker y otros personajes secundarios); Stanley Sampson Dixler, profesor idealista de la Universidad y, al final, víctima inocente del perverso ambiente social. Es un mundo que vive en una vorágine de materialismo, de novedad, de apresuramiento, de consumismo y de frivolidad. En particular, las escenas y diálogos entre Walker y Okfurt son los mejores en intensidad y perspicacia.

Unas máquinas sirven a otras, unos inventos a otros. Se eslabonan, se sujetan entre sí, creando una común vida ficticia, Verás: Se aglomera la gente en un punto, y surge la ciudad. En la ciudad todos trabajan, se imponen horarios, se sujetan, se esclavizan. ¿Por qué? ¿Para qué? Para servirse unos a otros. Lo único que hay de positivo en la ciudad es lo que entra del pueblo, lo que abastece los mercados. Tres días de bloqueo, y la ciudad, con sus maquinarias, con sus enormes capitales, con sus millones de hombres, perece.

[…]

Éste era un Mälstrom técnico, un Mälstrom científicamente calculador, del cual no podía escapar el humano puesto al alcance de su enorme círculo absorbente… Éste abría su cono succionante… recubriéndose para ocultar su peligro, con las galas de todas las aparentes fastuosidades, con el lujo, con la comodidad, con la riqueza, con soberbias edificaciones, con todos los adelantos, en fin, del progreso material… pero debajo, hondo y profundo, agitaba sus tentáculos el gran pulpo, el terrible monstruo de las fauces insaciables -el hambre, la miseria, los vicios, la ambición, el lujo, las comodidades- abriendo embudos aspirantes.

[…]

El título Mosko-Strom hace referencia al célebre Maelström, gigantesco remolino que se produce en las costas del archipiélago noruego de las islas Lofoten. Este fenómeno es una alegoría de Cosmópolis, la gran ciudad de succiona y atrae todo lo que encuentra en su alrededor para expulsarlo después, destrozado y sin vida, a gran distancia fuera de sus límites.

No es cuestión de desvelar la trama de la novela (que tampoco tiene nada de extraordinaria). Baste decir que, como en la mayoría de las obras de este tipo, el protagonista principal sufre una especie de revelación o anagnórisis, es decir, el descubrimiento de datos sobre su identidad o su entorno, ocultos para él hasta ese momento. La revelación altera la conducta del personaje y lo obliga a separarse del pensamiento de su comunidad. Aquí Max Walker advierte que todos los ideales en los que él creía —progreso, razón, industrialización, tecnología, eficiencia— no son más que una forma sofisticada de esclavitud que produce la profunda deshumanización de la sociedad. Al final Walker terminará viviendo feliz en el campo trabajando como granjero y formando una nueva familia.

El argumento de esta novela, pese haber sido ser mil veces expuesto antes y después, no deja de provocar una profunda reflexión en el lector. La crítica al consumismo desaforado de la sociedad industrial, el culto al trabajo hasta la extenuación y el afán desmesurado por la riqueza y por ocupar el tiempo en cualquier cosa nos resultan de una actualidad lacerante y descorazonadora. Por último, destacar algo que captamos desde la primera página: Mosko-Strom es una novela tremendamente actual —se podría haber escrito ayer mismo— y que está maravillosamente bien escrita, con una prosa clara sin excesos retóricos ni experimentación vanguardista. Una obra que, a buen seguro, permanecerá en nuestra memoria como lectores, lo cual es lo mejor que se puede decir de una obra narrativa.

Así que les recomiendo sin reservas Mosko-Strom, sin duda uno de los más interesantes (re)descubrimientos editoriales de la temporada.

Puntuación: 5 (de 5)
Espuela de Plata (2019)
Colección: Narrativa, 96
Prólogo y edición: Inmaculada Lergo
388 págs.

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ferris

Si ha habido una carrera literaria y periodística exitosa en el bullente ambiente cultural de la España de los años 30, pero que hoy día sea verdaderamente desconocida, esa es la de la escritora peruana Rosa Arciniega. La producción narrativa que llevó a cabo entre 1930 y 1936, durante su estancia en Madrid, constituye la más personal y original de toda su valiosa trayectoria. Su tercera novela, Mosko-Strom (1933) es una gran distopía de la modernidad, que alerta, como lo hizo solo un año antes Aldous Huxley en Un mundo feliz, sobre los peligros de una sociedad que asimila el Progreso con el desarrollo tecnológico y la posesión de cosas materiales; y con la forma de vida regulada y acelerada de las grandes ciudades –como la Cosmópolis de Mosko-Strom–, que se tragan en su vorágine absorbente los ideales y verdaderos valores para la humanidad. Mosko-Strom es una novela de plena actualidad, que atrapa al lector desde la primera página con toda la fuerza del discurso y de la narrativa vanguardista de su autora. Con ella Espuela de Plata vuelve a poner en circulación la meritoria producción de esta singular escritora, que merece sin duda recuperar el prestigio y difusión de que gozó antes de ser relegada por una España de posguerra donde no cabían ideologías ni discursos como el suyo, ni una mujer moderna compartiendo junto al hombre las primeras filas de la intelectualidad. (Sinopsis de la editorial)

Rosa Arciniega,

Rosa Arciniega nació en Lima en 1909, saliendo muy joven de su país para, tras un viaje por Europa, asentarse en España hacia 1928, donde permanecería hasta 1936 en que regresó al Perú. Desde su llegada a Madrid se incorporó al prolífico ambiente cultural de la España de esos años, editando varias novelas –las dos primeras, Engranajes (1931) y Jaque mate (1931), recibieron la distinción de «novela del mes»–, numerosos cuentos, un drama radiofónico y artículos de diversa índole en cabeceras como Nuevo Mundo, Blanco y Negro, La Gaceta Literaria, Ahora y Ondas, entre otras. Su tercera novela fue Mosko-Strom (1933), a la que le siguió Vidas de celuloide. La novela de Hollywood (1934) y Pizarro (Biografía del conquistador del Perú) (1936). Arciniega dará conferencias y formará parte de la tertulia que Ortega y Gasset mantenía en torno a la Revista de Occidente. Ya fuera de España publica una colección de cuentos, Playa de vidas (1940), en Colombia, y otras biografías de conquistadores en Santiago de Chile y Buenos Aires. Su labor periodística continuó siendo intensa, colaborando en El Tiempo (Bogotá), La Crónica (Buenos Aires), El Universal (Caracas), El Telégrafo (Guayaquil), El Diario (Nueva York), La Prensa (San Antonio, Texas) o La Opinión (California), además de otras cabeceras de las ciudades en las que residió: Lima, Santiago de Chile y Buenos Aires. Participó activamente en el Congreso por la Libertad de la Cultura (1950-1967); suscribió el Manifiesto en defensa de Hungría de intelectuales americanos en 1957; y fue la primera mujer peruana acreditada como diplomática ante un gobierno extranjero, como Agregada cultural del Perú en Argentina. En 1986 su país la reconoció como escritora de prestigio internacional, concediéndole una «pensión de gracia». Murió en Buenos Aires en 1999.

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