{Reseña} Voyeurs del Arte Grecorromano (Reino de Cordelia)

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Cuando pensamos en el arte grecorromano nos vienen a la mente inmediatamente las grandes obras arquitectónicas y las maravillosas esculturas que han sobrevivido en gran número. Sin embargo, la pintura también fue una disciplina en la cual el genio clásico alcanzó una extraordinaria perfección. Desafortunadamente, debido a la fragilidad de los soportes —comparados con la piedra y el mármol— han sobrevivido pocas pinturas originales (o copias de las mismas), destacando los magníficos frescos de Pompeya y Herculano, así como ejemplos en decoración de cerámica. Sin embargo, se conservan algunos testimonios escritos con descripciones más o menos detalladas de algunas obras pictóricas de fama entonces. Estos voyeurs o aficionados vivieron entre el siglo III y IV d.C. —ya casi en las postrimerías del Imperio— y no se conocen muchos datos de sus vidas. Filóstrato el Viejo, Filóstrato el Joven (nieto del anterior) y Calístrato son los autores de los que tenemos noticia, destacando la peculiaridad de que ninguno fue pintor o artista sino que fueron filósofos y pedagogos de cierta fama. Pues bien, Reino de Cordelia nos vuelve a entusiasmar con la publicación de estos autores con Voyeurs del Arte Grecorromano, volumen que hará las delicias de cualquier entusiasta bibliómano.

Estos comentaristas antiguos, especialmente Filóstrato el Viejo, entienden la pintura como un arte profundamente literaturizado, un arte en el que el tema es más importante que el tratamiento material del asunto. Discute las pinturas como si fuesen obras de arte literarias. Las escenas están descritas en función de la historia que cuenta el cuadro y del pathos que expresa esa historia. No se menciona siempre la técnica empleada. Del colorido leemos con frecuencia tan solo que es «brillante»; del dibujo, que es hábil en el manejo de la perspectiva. La discusión se centra a menudo en asuntos de índole literaria, más que en problemas plásticos. Hay que decir que los pintores griegos y latinos fueron apreciados principalmente por su representación de escenas mitológicas, leyendas y batallas históricas. También se desarrolló el retrato, la caricatura, paisajes, escenas de la vida cotidiana (escenas eróticas incluidas) y bodegones.

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Sabida es la fascinación que el mundo clásico grecorromano ejerció en el Renacimiento europeo. Dentro de ese ambiente cultural salió en 1503 de las imprentas de Aldo Manuzio en Venecia un tomo con las obras de Luciano que incluía también las Imagines de Filóstrato y de su nieto y las Descriptiones de Calístrato. La editio prínceps de Luciano es anterior (Florencia, 1496); en cambio, es la primera vez que se imprimen las Eikones de ambos Filóstratos y las Ekphraseis de Calístrato. Años después, el humanista francés Blaise de Vigenère tradujo las Imagines de ambos Filóstratos que fueron publicadas en 1578 y 1596. El impresor de esta última edición, Abel L’Angelier, propuso al anciano Antoine Caron ilustrar todas las imágenes de Filóstrato el Viejo con una serie de grabados. Caron no pudo terminar la colección completa, que fue finalizada por algunos discípulos a partir de dibujos y bocetos del maestro. Se trata de 69 grabados de apreciables dimensiones (22,7 x18,8 cm.), muchos de ellos obras maestras del manierismo tardío. En 1614 se completó la obra y fue editada por la viuda de L’Angelier en un grueso volumen in folio con el descriptivo título de Les images ou tableaux de platte peinture des deux Philostrates sophistes grecs, et Les statues de Callistrate. Varias reimpresiones sucesivas testimonian el éxito del título; la última de ellas (1637) es de la que se han extraídos los grabados utilizados en esta edición de Reino de Cordelia.

QUIEN NO AMA LA PINTURA es injusto con la verdad, es injusto con toda la sabiduría que les ha sido dada a los poetas —pues tanto estos como los pintores contribuyen por igual al conocimiento de los hechos y apariencia de los héroes— y desprecia las proporciones por las que el arte se vincula a la razón. Para el que quiere ejercer su ingenio, la pintura fue inventada por los dioses a partir de las formas naturales, como los prados pintados por las Estaciones o los fenómenos celestes; pero, para quien investiga el origen del arte, es la imitación el hallazgo más antiguo y más afín a la naturaleza, y fueron hombres sabios quienes la inventaron, llamándola unas veces pintura y otras arte plástica.

Hay muchas formas de arte plástica: el modelado propiamente dicho, la imitación en bronce, la obra de quienes trabajan el mármol blanco o el de Paros, la talla en marfil y, por Zeus, hasta la glíptica. La pintura, en cambio, está basada en los colores, y, aunque solo se sirve de estos, con ellos se las ingenia mejor que el arte plástica con sus muchos medios. Porque reproduce el sombreado y permite reconocer la mirada del loco o de quien está triste o alegre. Un artista plástico no es capaz de reproducir el brillo de los ojos, mientas que la pintura sabe representar el ojo azul, verde o negro, y conoce también la cabellera rubia, pelirroja o dorada, el color de los vestidos y de las armas1, las habitaciones, las casas, los bosques, las montañas, las fuentes y la atmósfera que todo lo envuelve.

La historia de quienes han sobresalido en este arte, y la de las ciudades y reyes que le rindieron culto, ha sido ya contada por otros, en especial por Aristodemo de Caria, a quien visité hace cuatro años para estudiar pintura. Pintaba este siguiendo la técnica de Eumelo2, pero con mucho mas encanto. El presente libro no trata de pintores ni de sus biografías, sino que ofrece descripciones de pinturas que sirvan de modelo a los jóvenes, para que aprendan a interpretarlas y se apliquen a una tarea tan estimable. (Filóstrato el Viejo)

Las estampas que acompañan las Images de Filóstrato el Viejo son la parte más sugerente del volumen. Hay que tener en cuenta que se trata de recreaciones muy libres y meritorias por parte de Caron y discípulos, ya que el grabador debe poner de su cosecha lo que el escritor describe muy someramente o deja abiertamente en la oscuridad.

Ya he comentado la belleza y el valor de este volumen. Pero la pregunta importante es qué aportan al lector del siglo XXI estas estampas y estos textos clásicos. La respuesta es simple: encontrarnos con nuestras raíces culturales más valiosas, reflexionar sobre el concepto de belleza a través de los siglos y participar, aunque sea modestamente, de una tradición literaria de siglos.

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Señalar que la traducción y edición de Luis Alberto de Cuenca y Miguel Ángel Elvira es magnífica: accesible y de fácil lectura, con las notas justas para no abrumar al lector y con un  prólogo riguroso pero que huye de la erudición gratuita.

Como siempre, la edición de Reino de Cordelia es exquisita, tanto en su diseño como en la calidad material del libro. Un auténtico festín para los aficionados a la mitología clásica y al arte del Renacimiento. Absolutamente recomendable.

Puntuación: 5 (de 5)
Reino de Cordelia (2019)
Colección: Reino de Cordelia, 22
Traducción: Luis Alberto de Cuenca y Miguel Ángel Elvira
344 págs.

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Desde Homero, los escritores griegos y latinos han descrito lo que veían en las esculturas y pinturas de su época, dando origen a un género literario de alta calidad e imprescindible para reconstruir el diezmado arte grecorromano, que apenas ha sido capaz de resistir el paso de los siglos. Hace veinticinco años, Luis Alberto de Cuenca y Miguel Ángel Elvira tradujeron a tres autores clásicos del período imperial, los dos Filóstratos (el Joven y el Viejo), que recrearon retóricamente con la minuciosidad de voyeurs y afán pedagógico las colecciones pictóricas, y Calístrato, que se centró en las esculturas de su época. Completamente agotado en la actualidad, el volumen incluye los grabados en los que el pintor francés del siglo XVI Antoine Caron recreó los cuadros descritos. (Sinopsis de la editorial)

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Calístrato desarrolló su labor como retórico a comienzos del siglo IV d. C. Conocedor de las Eikones de los dos Filóstratos, escribió las Ekthraseis, descripciones de catorce famosas estatuas de distinguidos artistas.

Filóstrato el Joven, nieto de Filóstrato el Viejo, escribió una serie de Imágenes que no han sobrevivido íntegramente. Las compuso en la segunda mitad del siglo III d. C.

Filóstrato el Viejo nació entre 160 y 170 d. C. y fue uno de los miembros más importantes de la Segunda Sofística griega. Su principal obra son las Eikones, imágenes que componen una galería antigua en la que describe sesenta y cuatro cuadros. Murió en tiempos de Filipo el Árabe (244- 249).

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