{Reseña} Thomas Mann: Las cabezas trocadas (Edhasa)

30217617225.jpgSin duda, para muchas personas es difícil “hincarle el diente” a las grandes novelas de Thomas Mann; La montaña mágica o Doktor Faustus son obras maestras que, sin embargo, debido a su longitud y densidad suelen hacerse prolijas —cuando no aburridas— a ciertos lectores, incluso a muy buenos lectores. Sin embargo, hay extraordinarias obras cortas del escritor alemán que no desmerecen a sus grandes creaciones y que resultan inolvidables: Tonio Kröger (1903), La muerte en Venecia (1912) o Las cabezas trocadas (1940) pertenecen a ese género tan germano de la novela corta o nouvelle que tantas obras maravillosas ha dado a la literatura. Esta bella edición de Edhasa de Las cabezas trocadas —bien traducida por Francisco Ayala— nos permitirá disfrutar del arte de Mann sin perder el placer de la pura evasión con ambientes legendarios y exóticos.

Las cabezas trocadas («Die vertauschten Köpfe – Eine indische Legende») está escrita en la etapa final de Thomas Mann («el último gran escritor burgués», según Lukács) cuando el escritor alemán iría acentuando su tendencia hacia lo mítico, aunque manteniendo en todo momento los temas burgueses. Mann insistió en quitarle importancia a esta obra refiriéndose a ella como una «broma metafísica», un divertimento sin gran trascendencia. En cierto sentido, Las cabezas trocadas constituye el reverso de La muerte en Venecia en su acercamiento al Eros y la Belleza, pero debido a su propia naturaleza —ambientación legendaria, personajes tipo, intervención de la divinidad— no consigue la trágica profundidad de esta última.

Quien conozca y guste la obra de Thomas Mann y se encuentre familiarizado con su peculiar manera de ordenar la intuición poética bajo las exigencias de una labor concienzuda y paciente, en encajar la gracia espontánea del espíritu en la precisión comprobada del detalle, advertirá sin duda en esta “leyenda india” que ahora nos ofrece algo de juguetona escapatoria al campo de la libre fantasía, del humor y de una creación más suelta. No es que falte bajo ella el andamiaje de una preparación cuidadosa, que todo escritor ducho en su técnica presta a cualquiera de sus producciones; tampoco es que este librito pueda pasar por un capricho literario sin precedentes en las anteriores obras de Mann: al contrario, resultan más que evidentes sus conexiones de inspiración y de estilo con muchas de ellas y, sobre todo, la profundidad de su intención simbolizadora y expresiva debe referirse al nervio mismo del pensamiento del autor. Pero, con todo, aparece indiscutible este resultado: siendo un escrito lleno de meditación y alcance, el cuerpo tenso y ágil de la fábula rebasa con su gracia cualquier otro elemento y deja en el lector la alegre impresión de lo fácil. Si no se conforma con detenerse en su divertida superficie apreciará pronto cuánta dificultad, qué dolorido esfuerzo del alma oculta en su fondo.

En efecto: “Las cabezas trocadas” puede satisfacer bien al distraído lector de obras de ficción; pero, al mismo tiempo, ofrece muy particulares incentivos a aquel otro, más exigente, que se interesa por los problemas de la literatura. Esos incentivos aparecen en todos los estratos de la creación poética a lo largo de sus páginas, desde el más externo (con cuestiones de estilo tales como el juego de grabaciones y contrastes del lenguaje, a veces lírico, tirando al arcaísmo de la leyenda, y a veces –precisamente cuando es una Divinidad quien habla– despojado de toda solemne andadura y quebrándose en el sesgo humorístico de una rebuscada vulgaridad) hasta la más profunda capa de la obra: su metafísica, el sentido de la vida que en ella palpita y que eleva la anécdota hasta los planos de la universalidad del espíritu. (Del prólogo de Francisco Ayala)

Dos amigos que realizan un viaje se enamoran de la bella Sita al verla bañarse desnuda en el río. El primero de ellos, Chridaman, es de más alto rango, posee un rostro aristocrático y espiritual pero un cuerpo más débil que el del atlético Nanda, persona de rostro ordinario y modales rústicos. Chridaman, enfermo de amor, encarga a Nanda que organice su boda con Sita. Una vez verificada la boda, Sira siente atracción por la fuerza simple de Nanda en contraste con su más enfermizo marido. En un viaje de los tres a visitar a la familia de la novia, Chridaman no puede soportar el dolor y se decapita a sí mismo; cuando Nanda va a buscarlo lo encuentra muerto y del remordimiento se decapita también. Al verlos muertos Sita intenta ahorcarse pero la burlona diosa Kali le propone que vuelva a unir las cabezas mediante un conjuro. Sita lo hace pero confunde (¿o no?) las cabezas, que quedan cambiadas: Chridaman en el cuerpo robusto y Nanda en el de su amigo. Incapaces de determinar quién es el verdadero esposo de Sita consultan al sabio asceta Kamadamana que dictamina que es la cabeza de Chridaman el legítimo marido de Sita. Todo parece ir bien ya que Sita tiene al mismo tiempo el cuerpo fuerte que anhelaba en la cabeza espiritual de Chridaman. Pero los deseos humanos son un misterio y pasado un tiempo Sita huye con su hijo Samadhi-Andhaka para buscar a Nanda que vive como eremita en el bosque. Chridaman los encuentra, e incapaces los amigos de continuar viviendo de ese modo se dan muerte recíprocamente de manera ritual. La viuda Sita los acompañará, según la tradición, en la pira funeraria. Final dramático para un conflicto irresoluble, cual es el de la dicotomía cuerpo-espíritu en sus más variadas representaciones.

Las cabezas trocadas plantea de forma casi despreocupada profundos problemas filosóficos relacionados con el amor, la belleza, el deseo y la moral. Aunque no es tan conocida como otras novelas suyas no es una obra menor dentro del catálogo de Mann. Muy recomendable.

Puntuación: 4 (de 5)
Edhasa (2002)
Colección: Edhasa literaria
Traducción y prólogo: Francisco Ayala
144 págs.

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Bajo la forma de una ingenua y encantadora narración de aires hindúes, se esconde una reflexión recurrente en la narrativa de Thomas Mann: los conflictos entre el arte y la vida. La anécdota de la que parte es bastante sorprendente: dos jóvenes enamorados de la misma chica intercambian sus cabezas por la intervención de una divinidad hindú, ya que ella ama la interioridad de uno y el cuerpo del otro. Esta solución no resolverá los problemas de los tres personajes. Esta obra es considerada una de las obras breves más importantes de Mann por las muchas lecturas que sugiere y por las diversas reflexiones a las que induce al lector. (Sinopsis de la editorial)

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Thomas Mann (1875 – 1955) es un clásico indiscutible de la literatura alemana. Hizo del ser humano, condicionado por su contexto político y social, y del conflicto que puede surgir entre la vida y el arte o la inteligencia, el centro de buena parte de su extensa obra narrativa, en la que destacan, entre otros títulos, Los Buddenbrook (1901); Tonio Krôger ( 1903); La muerte en Venecia (1912); La montaña mágica (1924); considerada a menudo su obra más importante, Mario y el mago (1930); Carlota en Weimar (1939); Doktor Faustus (1947); El elegido (1951) y Confesiones del estafador Félix Krull (1954), todas ellas publicadas en la colección Edhasa Literaria. En 1929 obtuvo el Premio Nobel de Literatura, principalmente por su novela Los Buddenbrook, que ha conquistado un reconocimiento cada vez mayor como una de las obras clásicas de la literatura contemporánea. Su propio compromiso con la época que le tocó vivir lo llevó a perder la nacionalidad alemana en 1936. Desde 1933 se exilió de Alemania, con la llegada de Adolf Hitler.

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