{Reseña} Robert Hugh Benson: Señor del mundo (Ediciones Palabra)

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Señor el mundo («Lord of the World», Londres, 1907) es, con toda probabilidad, la primera gran utopía negativa o distopía de la historia de la literatura. Aunque sólo fuera por este hecho ya merecería atención y el recuerdo de los muchos aficionados a este género (o subgénero) narrativo, que tantos títulos está dando en estos últimos tiempos. Sin embargo, casi ningún artículo o ensayo lo menciona siquiera, seguramente debido a los prejuicios que su autor y su argumento provocan en tantos abanderados de la modernidad. El que fuera aclamado en su tiempo como una de las más importantes figuras de la literatura inglesa es hoy un autor casi totalmente eclipsado que está, sin embargo, viviendo un cierto renacer gracias precisamente a Señor del mundo, una novela que muestra a un escritor meticuloso, profundo y conocedor de todos los resortes del arte narrativo y de la caracterización psicológica de los personajes. Lord of the World fue traducida al español muy pronto por el sacerdote Juan Mateos de Diego y publicada por primera vez en España en 1909 por la editorial Gustavo Gili de Barcelona.

R.H. Benson publicó en pocos años —murió prematuramente a la edad de cuarenta y tres años— unas quince obras narrativas, poesía, teatro, sermones religiosos y una autobiografía espiritual. Fue muy apreciado por sus novelas históricas (con el tema de fondo de la Reforma protestante en Inglaterra), pero la obra que le ha dado una relativa fama universal es su genial novela futurista o de teología-ficción apocalíptica Señor del Mundo, que merecería situarse junto a Un mundo feliz y 1984 como un clásico de la ficción distópica. De hecho, el tipo de dictaduras políticas soñadas por Orwell ya han tenido su correlación en la realidad; por el contrario, la novela pesadilla de Benson se está verificando en el presente.

Le reconfortaba pensar que aquella inmensa colmena de hombres y mujeres, que animaban el espacio abierto ante sus ojos, habían aprendido ya para siempre la verdad del nuevo Evangelio: la verdad de que no existía más Dios que el hombre, más sacerdotes que los políticos, ni más profetas que los maestros de escuela.

***

El himno de la Nueva Fraternidad contenía versos con hábil combinación de sentimiento y emociones: Señor que habitas tierra y mares … para exaltar la idea humanitaria. Desprendía cierto aire religioso. En realidad, si no se meditaba su contenido hasta un cristiano podía haberlo entonado sin escrúpulos de conciencia. Sin embargo, al reflexionar, su sentido resultaba bastante claro, porque allí se estaba sustituyendo a Dios por el hombre como destinatario de culto … El texto exponía que el reino de Dios se encontraba en el corazón del hombre y la caridad era la más grande las virtudes.

***

Llegaba más veloz que nunca el heredero de los tiempos alejados de la eternidad; el miserable príncipe de los demonios, la criatura que se sublevara contra Dios, más ciega que el sol pálido y la tierra estremecida. Y, a su alrededor, el círculo flotante de sus víctimas se agitaba como enjambre de insectos, que mueren instantáneamente al acercarse a la luz de la llama … Aquí se acercaba, al mismo tiempo que la tierra, que creía sometida y a su merced, se desgarraba y gemía en los últimos estertores de muerte. ¡Aquí llegaba el Anticristo orgulloso, Señor del mundo! Ya se proyectaba su sombra en la tierra y las alas blancas de su nave giraban para conducirlo hasta el lugar exacto, donde se aprestaba a asestar el golpe definitivo. Y en ese mismo instante, una inmensa campana sobrenatural comenzó a sonar, al mismo tiempo que millares de voces continuaban cantando suavemente, en delicado tono, que contrastaba con el estrépito de la tempestad, que los envolvía:

Genitori Genitoque
laus et iubilatio
salus, honor, virtus quoque,
sit et benedictio.
Procedente ab utroque
compar sit ladatio!

Benson escribió a propósito de la novela: «Soy plenamente consciente de que éste es un libro tremendamente sensacionalista […] Sin embargo, no he tenido otra forma de expresar los principios que deseaba transmitir (y en cuya verdad creo de manera apasionada), salvo llevando el argumento a un extremo sensacional». Realmente nos encontramos ante un fresco de dimensiones épicas: en el mundo descrito en Señor del Mundo, un agresivo secularismo y un humanismo materialista han triunfado sobre la religión y la moralidad tradicional. Es un mundo donde el relativismo filosófico ha triunfado sobre la objetividad; un mundo donde, en nombre de la tolerancia, no se tolera religión alguna. Una sociedad donde la cultura está encarnada en el más aséptico humanismo y empachada de vacío existencial.

Ambientada en un futuro, y través de las vivencias de los dos personajes principales, los sacerdotes Percy Franklin y el joven padre John Francis, se narra el ascenso al poder de Felsenburgh, un misterioso político de apariencia benéfica que traerá la paz a la tierra, reuniendo bajo de sí a todas las naciones. Felsenburgh está decidido a destruir la religión en nombre de la verdad aceptando solamente el culto a la Vida reconocida como “única verdad”, una especie de religión de Estado. Sólo resiste un pequeño y cada vez más disminuido de grupo de fieles, guiados por el papa Silvestre III, encerrado en Roma (la Iglesia ha cedido todas sus propiedades a cambio del Vaticano). Tras una serie de avatares y en un clima cada vez más angustioso, Felsenburgh da finalmente la orden de aniquilar hasta la raíz el último refugio de los pocos cristianos que sobreviven en Nazaret.

Señor del mundo es una novela adictiva, que atrapa desde las primeras páginas y mantiene al lector en tensión, a la espera de un fatal desenlace que intuye pero que desea que no se produzca. La recomiendo vivamente a los aficionados de la literatura distópica, pero también a cualquier lector de la mejor literatura reflexiva y filosófica.

Puntuación: 5 (de 5)
Ediciones Palabra (2016)
Colección: Astor
Traducción: Rafael Gómez López-Egea
320 págs.

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Es una novela sobre el Apocalipsis, una narración sobre un tiempo futuro, que en muchos aspectos ya es el presente de nuestra sociedad. Nos presenta un mundo globalizado y tecnológico que ha negado a Dios, y una religión que se ha difuminado en un humanitarismo sin alma. Una sociedad relativista y materialista en la que no cabe la Iglesia…
Cuando ya está todo preparado, un gran líder político, de apariencia humanista y solidaria, logra unificar casi todo el planeta hablando de paz… pero ocultando detrás un gran mal.
Un libro de lectura obligatorio para todo lector preocupado por la deriva de nuestra sociedad. (Sinopsis de la editorial)

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Robert Hugh Benson nació el 18 de noviembre de 1871. Era el hijo menor de Edward White Benson, Arzobispo de Canterbury, sede primada de Inglaterra. Después de realizar sus estudios teológicos recibió la ordenación como sacerdote de su padre en 1895. La muerte de este y un viaje por Tierra Santa le supuso una crisis que le alejó del anglicanismo.

En 1903 fue recibido en el seno de la Iglesia católica. En 1904 recibió la ordenación sacerdotal y posteriormente le fue concedido el título de Monseñor por el Papa san Pío X. Desplegó una intensa labor como conferenciante y escritor de ensayos, obras de teatro y novelas entre las que destacan Señor del Mundo, publicada originariamente en 1907 y ¡A la horca! en 1912. Falleció a los 43 años en 1914.

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