{Reseña} Ignacio Gómez de Liaño: Athanasius Kircher. Itinerario del éxtasis o las imágenes de un saber universal (Siruela)

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Ignacio Gómez de Liaño publicó Athanasius Kircher: itinerario del éxtasis o las imágenes de un saber universal en el ya lejano 1985 y en la entonces jovencísima Ediciones Siruela, fundada tres años antes por Jacobo Fitz-James Stuart. En el panorama editorial de entonces debió resultar estrafalario y arriesgado la publicación de una obra tan ambiciosa, compleja y minoritaria como la del filósofo y poeta madrileño. Esta nueva edición, con nueva presentación en tapa dura, pone al alcance del lector una obra que se encontraba agotada desde hacía tiempo y era objeto de arduas búsquedas por los amantes de los libros raros.

Como he señalado, la edición es imponente y bellísima: tapa dura con sobrecubierta, papel de calidad, textos en tinta azul y, especialmente, un gran formato (35×25 cm) que permite disfrutar con gran lujo de detalle las más de 500 estampas (incluidas diez láminas desplegables) de Kircher que contiene y que constituyen el grueso de esta magna obra. Una auténtico tesoro bibliográfico.

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Ignacio Gómez de Liaño, uno de nuestros sabios más personales y originales, comenzó su actividad de escritor como poeta visual experimental. Esta faceta la fue abandonando pare centrarse en la narración, el ensayo y la investigación de ciertas disciplinas heterodoxas como la mnemotécnica, la memoria visual o los diagramas espirituales, y que dieron lugar a algunos importantes ensayos (El círculo de la Sabiduría, El diagrama del primer Evangelio y Filósofos griegos videntes judíos, todos publicados en Siruela). En cualquier caso, este interés por los aspectos esencialmente visuales del conocimiento encontró en la figura del jesuita alemán Athanasius Kircher a uno de sus máximos exponentes, cuando no el mayor. Athanasius Kircher: itinerario del éxtasis o las imágenes de un saber universal se ocupa de forma monográfica de este visionario humanista.

Gómez de Liaño escribe una amplia introducción sobre la vida Kircher y realiza un intento de interpretación de la obra y el pensamiento del sabio en relación con el entorno intelectual de su tiempo, caracterizado por la pasión por el conocimiento antiguo (incluido el esotérico), los descubrimientos geográficos (Extremo Oriente y las Indias) y los primeros avances importantes de las ciencias experimentales. Sin olvidar, tampoco, la extraordinaria eclosión de los estudios sobre emblemática que surgieron a raíz del desarrollo de las técnicas de impresión y grabado. Esto lo hace Gómez de Liaño sin avasallar al lector con erudiciones innecesarias, dejando que sea el propio Kircher a través de sus grabados los que muestren sus ideas, unas llenas de sensatez y otras estrambóticas, pero siempre interesantes e imaginativas. Igualmente, cada capítulo dedicado a una obra de Kircher va precedido de una breve introducción, y cada ilustración se acompaña con su título, descripción y tamaño original a pie de página.

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Athanasius Kircher, cuya vida es digna de una novela, nos dejó un interesante escrito autobiográfico (Vita Admodum Reverendi P. A. Kircheri) que aporta datos fidedignos de su trayectoria intelectual. Kircher nació en la población de Geisa, cerca de Fulda (Hesse), el dos de mayo de 1602. Athanasius estudió en el colegio de los Jesuitas en Fulda entre 1614 y 1618, recibiendo clases de latín, griego y hebreo y manifestando gran facilidad para el aprendizaje de lenguas. En este colegio sintió su vocación hacia la Compañía de Jesús, ingresando ese año de 1618. Terminado el noviciado en 1620 empezó los estudios de Humanidades Clásicas, Filosofía Escolástica, Ciencias Naturales y Matemáticas en Paderborn, estudios que se interrumpen por la Guerra de los Treinta Años y Kircher, y que lo obligan a huir a Colonia; luego se traslada a Coblenza y finalmente al colegio de Heiligenstadt, donde enseñó en su laboratorio de Física. En 1625 inicia sus estudios de Teología en la Universidad de Maguncia siendo ordenado sacerdote en 1628. En esta época realiza estudios sobre magnetismo, tema sobre el que trataría su primer libro, Ars magnesia (1631). Ese mismo año fue nombrado profesor de la Universidad de Würzburgo, donde enseñaría escolástica, matemáticas y las lenguas hebrea y aramea. En esa ciudad pudo leer un libro sobre el Obelisco Sixtino de Roma y quedó fascinado por jeroglíficos egipcios, a cuya interpretación dedicaría muchas horas de trabajo. En 1630 pidió ser enviado a China como misionero pero le fue negado y hubo de conformarse con estudiar los materiales que le remitían otros misioneros. En 1631, debido al avance de la guerra, abandona Alemania y se establece en Aviñón. Allí desarrolla su afición a diferentes materias científicas y continuó intentando descifrar los jeroglíficos basándose en la lengua copta que conocía perfectamente. En 1633 recibió del Emperador Fernando II la invitación de ir a Viena para sustituir al matemático Kepler, muerto dos años antes. En un viaje rocambolesco llega a Roma, ciudad que le cautivó y que no abandonaría. Era el año 1635 y con permiso de sus superiores se instaló en el Colegio Romano como profesor. (Este Colegio, nacido por iniciativa de san Ignacio de Loyola para estudios de Filosofía y Teología, era también un importante centro científico y artístico.) A los ocho años de estar en el Colegio, Kircher fue liberado de sus obligaciones como profesor para dedicarse exclusivamente a sus investigaciones y publicaciones.

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En total su libros superan los cuarenta, ampliamente ilustrados con grabados. Los temas de los que se ocupó fueron de lo más variados: sobre música y acústica escribió Misurgia universalis y Phonurgia nova; sobre magnetismo Magnes sive de arte magnetica, Ars magnesia y el Magneticum naturae regnum; sobre geología Mundus subterraneus; sobre astronomía el Itinerarium exstaticum; la búsqueda de un lenguaje universal en Polygraphia nova et universalis; el estudio de la historia natural y la medicina en Scrutinium physicomedicum contagiosae luis quae pestis dicitur; el mundo antiguo fue estudiado en Latium y la conexión de la historia antigua con la Biblia en Arca Noe y Turris Babel; a Oriente dedicó la obra China Monumentis ilustrata y al estudio de la egiptología y de las religiones comparadas Oedipus Aegyptiacus; la interpretación de los obeliscos egipcios en Obeliscus Pamphilius.

Colaboró también Kircher con artistas del momento, como Bernini (trabajaron ambos en el proyecto de la Fontana dei Fiume), y contribuyó con sus conocimientos en la reconstrucción del obelisco traído del Circo Massimo. En sus aposentos en Roma había comenzado a coleccionar todo tipo de objetos con desmedido afán enciclopedista. La colección llegó a ser tan gigantesca (aumentada con donaciones, como la del noble Alfonso Donnini) que se buscó una amplia sala en el Colegio Romano en la que exponer todas las piezas, naciendo así el famoso Museum Kircherianum, que sería en el punto de encuentro de artistas, pensadores e investigadores. La gran galería del museo estaba completamente llena de cuadros, estatuas y objetos de arte. Además de obras de artistas italianos también tenían cabida la cábala hebrea y cristiana, la magia natural, la alquimia, ídolos mágicos egipcios, amuletos y talismanes exóticos, artefactos, máquinas, instrumentos musicales, curiosidades de historia natural, aparatos científicos, fragmentos de la antigüedad clásica, minerales, animales disecados, etc.

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Salvo, quizá, la figura gigantesca de Leonardo da Vinci, el Renacimiento y el Barroco dio muy pocas figuras dotadas de la capacidad de expresar un interés tan extraordinario por todo lo existente, en un intento titánico de conciliar el racionalismo y la ciencia incipiente con la metafísica platónico-pitagórica, la lógica combinatoria de Raimundo Lulio y la gnosis hermética, que constituyen el vértice del pensamiento kircheriano. Dentro de esta cosmovisión, el conocimiento visual representado por las ilustraciones era esencial. Como escribe Gómez de Liaño, para Athanasius Kircher «lo que puede representarse mediante imágenes ha de considerarse resuelto», de ahí el detalle y la «imaginería» que caracteriza estas obras.

Tras la introducción general, el volumen está dividido en nueve capítulos (más dos anexos) se corresponden aproximadamente con otros tantos libros de Kircher cuyas ilustraciones se reproducen. El Arca de Noé («Noe Arca», Ámsterdam, 1675) y La Torre de Babel («Turris Babel», Ámsterdam, 1679) son un intento de reconstruir el origen de la historia humana partiendo el Génesis bíblico. El Lacio o el Reino de Saturno («Latium», Ámsterdam, 1671), libro netamente descriptico, se centra en los paisajes y ruinas romanas. La China ilustrada o el viaje a Oriente («China Monumentis, qua sacris qua profanis», Ámsterdam, 1667) es el mayor compendio sobre sinología de su tiempo: paisajes, etnografía, fauna, arquitectura y los misteriosos sinogramas centran este libro. Itinerario del éxtasis («Itinerarium extaticum», Roma, 1657) es la explicación kircheriana de cómo el alma se precipitó del Cielo a la Tierra. El enigma de la esfinge y el Edipo egipcio («Œdipus Ægyptiacus», Roma, 1656) está centrado en la antigua cultura de Egipto y supone el mayor e infructuoso esfuerzo de descifrar los jeroglíficos egipcios y que se mantuvo vigente hasta Champollion. De la música pitagórica a la magia fonocámptica («Musurgia universalis», Roma, 1650) supone el tratado de música es instrumentos más completo de su época y el que gozó de mayor difusión. El magnetismo del mago y el arte de la luz y de la sombra («Ars Magna Lucis et umbrae in mundo», Roma, 1646; «Magnes sive de arte magnética», Colonia 1641) se centra en lo estudios predominantemente empíricos sobre óptica y magnetismo. Por último, El mundo subterráneo («Mundus subterraneus», Ámsterdam, 1665) es un imaginativo recorrido por la geología, la vulcanología y otros misterios del mundo natural.

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Como señalé al inicio, todas los dibujos son magníficos y la calidad de las reproducciones es inmejorable. No merece la pena insistir más; simplemente disfrutar del placer de pasar lentamente las páginas de este volumen y admirar la inventiva de sus estampas.

Volumen impresionante, Athanasius Kircher: itinerario del éxtasis o las imágenes de un saber universal es, con toda seguridad, la joya de mi biblioteca. Absolutamente imprescindible para todos los interesados en el pensamiento hermético, la historia de las ideas y los libros de arte ilustrados.

Puntuación: 5 (de 5)
Editorial Siruela (2019)
Colección: El Ojo del Tiempo, 114
468 págs.

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Admirada en toda Europa, la colosal obra de Kircher se desglosa en una impresionante sucesión de representaciones visuales del saber. Esta nueva edición con 520 ilustraciones, a cargo de Ignacio Gómez de Liaño, recoge el corpus casi completo de la iconografía kircheriana junto con las notas explicativas y las introducciones a la obra y a la vida de Kircher, y no es sólo una perfecta iniciación a los más diversos y curiosos conocimientos intelectuales del Barroco, sino también una verdadera delicia para el ojo y la imaginación. (Sinopsis de la editorial)

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Ignacio Gómez de Liaño (Madrid, 1946) ha sido profesor en universidades de Madrid, Pekín y Osaka. Ha cultivado la novela, el ensayo, el teatro, la historia, el diario y la poesía, además de la filosofía, en numerosos libros, algunos traducidos a varias lenguas. Destacan especialmente El círculo de la sabiduría, Filósofos griegos, videntes judíos o Contra el fin de siglo.

2 comentarios sobre “{Reseña} Ignacio Gómez de Liaño: Athanasius Kircher. Itinerario del éxtasis o las imágenes de un saber universal (Siruela)

  1. ¡Estupenda reseña para un libro de atractivo sobresaliente! Tuve la suerte de recibirlo como regalo de Reyes hace algunos años. Hay una edición en tapa dura de 2001 (azul con sobrecubierta) que es la que tengo, y que mejoraba otras anteriores en dos volúmenes con tapa blanda y estuche. Su lectura me deparó muy buenos momentos. De vez en cuando lo saco del estante (¡pesa lo suyo!) para hojearlo. También leí una edición de Noe Arca que anda por ahí en Octo, aunque muy regularmente editada. Un saludo.

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  2. Precisamente la edición que tú tienes la tuve en mis manos en su día, pero no pude hacerme con ella. Por suerte, Siruela va reeditando las joyas de su catálogo (aunque con cuentagotas). Un saludo Manuel.

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