{Reseña} Emil Cioran: En las cimas de la desesperación (Tusquets)

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Con En las cimas de la desesperación inicia la editorial Tusquets su nueva colección Biblioteca Emil Cioran que recuperará en un nuevo formato los diferentes títulos del escritor rumano, algunos de los cuales se encontraban agotados o eran de difícil acceso desde hacía tiempo. Pe culmile disperarii (1934) es el primer libro de Cioran escrito en Transilvania cuando el autor tenía 22 años y se encontraba aquejado de insomnio crónico («Fue durante esas noches infernales cuando comprendí la inanidad de la filosofía»). En las cimas de la desesperación es seguramente su título más filosófico y contiene básicamente todo lo que vendrá después. El propio Cioran afirmó que la escritura de esta obra le supuso una liberación y, muy probablemente, lo salvó del suicidio. Tras este primer libro vendrían El libro de las quimeras, La transfiguración de Rumanía, Lágrimas y santos, El ocaso del pensamiento y Breviario de los vencidos, todos en lengua rumana. Con Breviario de podredumbre (1949) adoptaría el francés como idioma de escritura hasta el final de su vida. (Hay que advertir que esta edición se ha traducido de Sur les cimes du désespoir, su versión francesa.) Previamente, en 1946 renunció a la nacionalidad rumana y se declaró apátrida.

«Salvo la poesía, la metafísica y la mística nada tiene valor alguno. Toda participación en las agitaciones temporales es tiempo perdido y malgasto inútil». Con estas palabras expresaba Cioran en una carta de 1947 dirigida a su hermano las inquietudes fundamentales de su vida. Y ciertamente, todos sus escritos son, en esencia, poesía, metafísica y mística; eso sí, poesía, metafísica y mística del abismo, de las tinieblas y de la destrucción. Sus obras representan una atmósfera de tormento, un estado que Cioran mismo experimentó muy frecuentemente. Acosado toda su vida por un infinito e incurable taedium vitae, el simple hecho de vivir, de estar en el tiempo, le parece a Cioran algo insufrible e inaudito. Con En las cimas de la desesperación (y en toda su obra, de una sombrosa coherencia) da buena cuenta de ello.

«No poder ya vivir»

Hay experiencias a las que no se puede sobrevivir. Experiencias tras las cuales se siente que ya nada puede tener sentido. Después de haber conocido las fronteras de la vida, después de haber vivido con exasperación todo el potencial de esos peligrosos confines, los actos y los gestos cotidianos pierden totalmente su encanto, su seducción. Si se continúa, sin embargo, viviendo, es únicamente gracias a la escritura, la cual alivia, objetivándola, esa tensión sin límites. La creación es una preservación temporal de las garras de la muerte.

Siento que me hallo al borde de la explosión a causa de todo lo que me ofrecen la vida y la perspectiva de la muerte. Siento que muero de soledad, de amor, de odio y de todas las cosas de este mundo. Los hechos que me suceden parecen convertirme en un globo que está a punto de estallar. En esos momentos extremos se realiza en mí una conversión a la Nada. Se dilata uno interiormente hasta la locura, más allá de todas las fronteras, al margen de la luz, allí donde ella es arrancada a la noche; se expande uno hacia una plétora desde la que un torbellino salvaje nos proyecta directamente en el vacío. La vida crea la plenitud y la vacuidad, la exuberancia y la depresión; ¿qué somos nosotros ante el vértigo que nos consume hasta el absurdo? Siento que la vida se resquebraja en mí a causa de un exceso de intensidad, pero también de desequilibrio, como si se tratase de una explosión incontrolable capaz de hacer estallar irremediablemente al propio individuo. En las fronteras de la vida, sentimos que ella se nos escapa, que la subjetividad no es más que una ilusión y que bullen en nosotros fuerzas incontrolables, las cuales rompen todo ritmo definido. ¿Hay algo entonces que no ofrezca la ocasión de morir? Se muere a causa de todo lo que existe y de todo lo que no existe. Lo que se vive se convierte, a partir de ese instante, en un salto en la nada. […]

Según declaró en varias entrevistas, Cioran adoptó una escritura fragmentaria porque el pensamiento del autor era, así mismo, fragmentario; las ideas le llegan a destellos compactos que presentan una total autonomía (lo que le permite contradecirse dentro de un mismo libro, ya que no tiene que seguir una línea inalterada y lineal de pensamiento). Su escritura breve y lapidaria, desesperada y nihilista logra, no obstante, atrapar al lector con la incomparable y adictiva brillantez de su escritura. Puede decirse que casi cada frase de sus textos es un aforismo que contiene, en germen, toda la filosofía cioraniana, que se expande como un fractal (un par de ejemplos: «Las lágrimas sólo son ardientes en la soledad », o también «Toda existencia que no contenga una gran locura carece de valor»).

No hay que estar de acuerdo con la filosofía de Cioran —yo no la comparto en absoluto— para saborear estos pensamientos, tan sombríos y abisales como maravillosamente escritos y sentidos. Un libro totalmente recomendable.

Puntuación: 5 (de 5)
Tusquets Editores (2020)
Colección: Biblioteca Emil Cioran
Traducción: Rafael Panizo
224 págs.

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«El insomnio es una lucidez vertiginosa que convertiría el paraíso en un lugar de tortura. … Fue durante esas noches cuando comprendí la inanidad de la filosofía. Las horas de vigilia son, en el fondo, una declaración de guerra, un ultimátum que se da el espíritu a sí mismo.»

El genial autor rumano reflexiona aquí, con su apasionado estilo, sobre la melancolía y el éxtasis, la soledad y el sufrimiento, el instante y la eternidad, la miseria de la sabiduría o el entusiasmo como forma de amor. (Sinopsis de la editorial)

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Emil Cioran (Rășinari, Rumania, 1911 – París, 1995), hijo de un pope de la iglesia ortodoxa. Cursó estudios secundarios en Sibiu y después estudió filosofía en Bucarest. Se licenció en 1932 con un trabajo sobre Bergson. Durante el año 1933, escribió su primer libro, En las cimas de la desesperación, publicado al año siguiente en Rumania. En 1936-1937 fue profesor de filosofía en un liceo de Brasov y en 1937 obtuvo una beca del Instituto Francés de Bucarest para hacer el doctorado en París, donde residió desde entonces. En 1939 viaja por última vez a su país. Durante años llevará una vida de «seudoestudiante» matriculado en la Sorbona y se dedicará a leer, escribir y recorrer Francia en bicicleta. En 1946 renuncia a su nacionalidad y adopta el estatuto del apátrida. Un año después abandona el rumano y, con Breviario de Podredumbre, inicia la serie de sus obras escritas en francés, lengua que llegaría a hacer tan suya como el propio rumano.

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