{Reseña} Benjamin Farrington: Ciencia y Filosofía en la Antigüedad (Ariel)

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La editorial Ariel recupera un clásico de la divulgación humanística: Ciencia y Filosofía de la Antigüedad («Science in Antiquity», su título original, indica con mayor precisión el tema del libro, esto es, trata fundamentalmente la historia de la ciencia en sus orígenes) del historiador irlandés Benjamin Farrington, escrito en 1967 y que ya vio esta versión en español en 1984.

La interpretación tradicional de la historia de la ciencia vio en el extraordinario genio griego la causa de la aparición de la ciencia en Grecia (es tradicional hablar del «milagro griego» para referirse a este problema). Pero, a partir de las investigaciones de historiadores de la ciencia, basándose en el conocimiento de las culturas egipcia y babilónica, se ha vuelto a la postura ya expresada por los propios griegos que veían su ciencia como una continuación de las de esas culturas. Ahora bien, la mera acumulación de conocimientos empíricos y prácticos no es ciencia tal como la conocemos; es el esfuerzo para organizar, sistematizar y reinterpretar los conocimientos mediante la crítica de los modelos existentes, método que sí siguieron los pensadores griegos.

Hay muchos factores que resultaron determinantes para el nacimiento de la ciencia precisamente en el mundo heleno; se pueden citar la aparición y difusión del alfabeto, la expansión geográfica y comercial, la novedosa organización política de las ciudades griegas (polis), la religión griega o el desarrollo de la técnica, fueron el caldo de cultivo para que se desarrollara un tipo de pensamiento inquisitivo, primero en la ciudad de Mileto y posteriormente en el occidente helénico y la Magna Grecia, que buscaba encontrar la razón de las cosas y no su mera descripción.

Ha sido costumbre casi unánime hasta tiempos muy recientes negar la existencia de cualquier clase de ciencia antes de los griegos. Hoy en día esto ya no es posible mantenerlo. Es verdad que la ciencia actual puede hacerse derivar, a través de una tradición continua, del brillante florecimiento ocurrido en el siglo vi a. C., en la ciudad griega de Mileto en la costa de Anatolia. Pero es igualmente cierto que en fechas anteriores a la mitad del segundo milenio antes de nuestra era, o sea, mil años antes de los orígenes de la ciencia griega, se encuentran elementos claramente científicos, al menos en dos de las más antiguas civilizaciones orientales, las de Egipto y Mesopotamia. Aunque el puente que las unía con los comienzos de la ciencia griega haya desaparecido en parte por pérdida de la tradición histórica, no cabe duda de que existió una conexión, una influencia de esas antiguas civilizaciones sobre la griega. El objetivo principal de este libro es estudiar la historia de la ciencia griega desde sus orígenes, en el siglo vi a. C., hasta su desaparición virtual en el siglo v de nuestra era. Pero desaprovecharía uno de los más fascinantes resultados de la investigación moderna si no fuera capaz de situar el logro de los griegos en su contexto histórico, es decir, las más antiguas civilizaciones de Oriente Próximo.

Farrington divide su ensayo en diez capítulos. Comienza con una introducción a la ciencia egipcia y del Próximo Oriente, culturas que realizaron grandes avances en astronomía y matemáticas. Pasa a los orígenes de la ciencia helena en las ciudades jónicas e italianas. Repasa las teorías atomistas y los primeros avances de la medicina griega. Dedica sendos capítulos a Sócrates y su discípulo Platón, y a Aristóteles, pensadores cuya influencia se mantuvo hasta el Renacimiento. Termina con un capítulo dedicado a la ciencia alejandrina (Alejandría había tomado el relevo de Atenas en la investigación científica gracias a la fundación de su famosa Biblioteca, el primer centro multidisciplinar de estudios) y al mundo romano. Lamentablemente, ni la civilización romana ni sus pensadores mostraron ningún interés en la especulación científica y apenas hizo alguna aportación poco importante al desarrollo científico.

Obviamente, en apenas 200 páginas es imposible tratar en profundidad este periodo seminal de la historia de la ciencia; necesariamente el autor se limita a trazar las líneas básicas de los hallazgos científicos y a citar a los personajes clave y más influyentes. Las figuras eminentes y casi míticas de Tales, Anaximandro, Heráclito, Pitágoras, Parménides, Demócrito, Leucipo, Hipócrates, Anaxágoras, Sócrates, Platón, Hiparco, Aristóteles, Aristarco, Eratóstenes, Euclides, Galeno y Lucrecio, entre otros, aparecen junto a sus mayores contribuciones al pensamiento científico. En cualquier caso, en los tiempos actuales de saturación de información —que no de conocimiento— este tipo de síntesis breves pero rigurosas son cada vez más necesarias y útiles. ¡Ojalá pudiéramos tener de cada disciplina del saber un libro como éste!

Ignoro si en los muchos años que han transcurrido desde su primera edición se han producido nuevos descubrimientos documentales o arqueológicos que aporten datos novedosos sobre la ciencia en Egipto, Mesopotamia o el mundo griego. En cualquier caso, no creo que eso implicara un cambio sustancial en nuestras consideraciones de los orígenes de la ciencia occidental. El atractivo de este libro, por tanto, no se ha perdido y sigue siendo de lectura tan provechosa como el primer día.

Puntuación: 4 (de 5)
Editorial Ariel (2020)
Colección: Filosofía
Traducción: P. Marset y E. Ramos | Prólogo: José Ignacio Latorre
216 págs.

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Benjamin Farrington, uno de los pensadores más originales de nuestro tiempo, traza en este libro la historia de la ciencia y la filosofía de Egipto, Mesopotamia, Grecia y Roma, desde sus orígenes en el siglo VI a. C. hasta su desaparición virtual alrededor del siglo VI d. C. En este extraordinario libro, el autor nos revela las aportaciones de la Grecia clásica en su marco histórico, entre la ciencia de las viejas civilizaciones de Oriente Próximo y los tiempos modernos. (Sinopsis de la editorial)

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Benjamin Farrington (Cork, Irlanda 1891-1974) fue profesor de Filosofía Clásica en la Universidad de Ciudad del Cabo y la Universidad de Swansea. Reconocido como uno de los más destacados historiadores del mundo antiguo, se dedicó al estudio del desarrollo de la ciencia en la Antigüedad clásica, el evolucionismo, el epicureísmo y la filosofía de Francis Bacon.

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