{Reseña} Nicolás Gómez Dávila: Textos (Ediciones Atalanta)

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A medida que se han ido publicando sus obras en varios países e idiomas la figura del pensador colombiano Nicolás Gómez Dávila ha pasado de ser casi absolutamente desconocida y marginal a convertirse en una especie de abanderado de la rebeldía contra la modernidad. Gómez Dávila, que fue un escritor autodidacta y políglota que forjó su erudición en la lectura profunda y sistemática de los grandes clásicos del pensamientos, es admirado fundamentalmente por su gigantesca producción aforística (¡unos 10.000 textos!) recogida en cinco volúmenes: Escolios a un texto implícito I y II (1977), Nuevos Escolios a un texto implícito I y II (1986) y Sucesivos Escolios a un texto implícito (1992). Como ocurre en numerosas ocasiones, sólo el interés de algunos intelectuales extranjeros (Ernst Jünger, Botho Strauss, Franco Volpi) y de Álvaro Mutis ha permitido a Gómez Dávila salir del olvido y casi convertirse en un autor de culto. Ediciones Atalanta, que tiene ya publicó toda la obra aforística del mismo autor en un volumen (Escolios a un texto implícito, 2009), rescató estos Textos (https://www.edicionesatalanta.com/catalogo/textos/) hace unos años, con lo que podemos acceder a la obra menos frecuentada de este apologista de la reacción.

En 1959 vio la luz Textos I, segunda obra de Gómez Dávila que al igual que la anterior, Notas. Tomo I, quedó inconclusa. Este breve y enjundioso ensayo filosófico tiene dos particularidades que merecen ser destacadas. Por un lado, es el único entre sus libros publicados que está escrito en prosa continua, en forma de tratado; por otra parte, ofrece además una clave esencial de su pensamiento, pues según Francisco Pizano de Brigard, la idea seminal de su teoría de la reacción, es decir, el «texto implícito» al que aluden los Escolios, encontraría su primer desarrollo completo entre las páginas 55 y 84 de la presente edición. La idea del reaccionario, el filósofo que cultiva la inteligencia, es tema recurrente en todos sus escritos con un objetivo muy claro: «El reaccionario no escribe para convencer. Meramente transmite a sus futuros cómplices el legajo de un pleito sagrado». A lo largo de breves capítulos Gómez Dávila hace en Textos un repaso por varios tópicos del pensamiento filosófico: conciencia, tiempo, historia, muerte, vejez, democracia, pensamiento reaccionario, progreso, vida, cultura, Iglesia, etc. Aunque de escritura continua el estilo aforístico y lacónico de estos Textos es evidente; cada fase, cada párrafo es como un fogonazo de ideas expresadas en una prosa exaltada e incluso lírica, de consistencia marmórea. (Como se observa, juzgo este ensayo más por su belleza estilística que por su contenido, quizá no comprendido totalmente.)

El hombre nace rebelde. Su naturaleza le repugna.
El hombre ansía una inmanencia divina. El mundo entero sería el cuerpo insuficiente de su implacable anhelo.
Pero el hombre no es la única ilimitable codicia de vida. Todo, en el universo, imperializa; y cada existencia singular ambiciona extenderse a la totalidad del ser. El animal más miserable, entregado sin prohibiciones a su fiebre, coparía el espacio y devoraría las estrellas. En los charcos de los caminos hay efímeros organismos que contienen la virtual posesión del cielo.
Ningún límite es interior al ser; ninguna ambición se recusa a sí misma. Toda renuncia nace de un obstáculo; toda abstención, de un rechazo. El universo es un sistema de limitaciones recíprocas, don de el objeto se construye como una tensión de conflictos.
La violencia, cruel ministro de la limitada esencia de las cosas, impone las normas de la existencia actualizada.
Pero si la intervención de ajenas presencias amputa y trunca infinitos posibles, nuestra alma escuálida sólo es capaz de una fracción de los actos con que sueña. Todo el mundo es frontera, término, fin. […]

***

Demonios y dioses nacen lejos de la mirada de los hombres, y su infancia se aletarga en moradas subterráneas. La religión democrática anida en las criptas medievales, en la sombra húmeda donde bullen las larvas de textos heréticos.

***

El pueblo revolucionario no se alza contra el estado omnipotente, sino contra sus posesores momentáneos. El pueblo no protesta contra la soberanía que lo oprime, sino contra sus detentadores envidiados. El pueblo reivindica la libertad de ser su propio tirano.

***

La democracia no es atea porque haya comprobado la irrealidad de Dios, sino porque necesita rigurosamente que Dios no exista.

***

El hombre adosado a la nada afronta la nada infinita.

El asunto principal de ese misterioso «texto implícito» es la democracia, que aquí se entiende como una especie de «religión antropoteísta», no como un sistema de gobierno. Esta teología atea y progresista, otorga al ser humano el papel de transformar la historia de acuerdo a la medida de sus propios anhelos. Tal declaración universal del hombre como centro de todas las cosas supone la negación de la autonomía de los valores, tema central de su pensamiento, pues para Gómez Dávila los valores no dependen de la historia ni de los vaivenes del juicio humano: son inmutables y autónomos, como los arquetipos platónicos. Para Gómez Dávila este antropoteismo supone una confusión de la historia humana; y como consecuencia de ello, su rechazo total a la doctrina democrática del mundo moderno («En nuestro tiempo, la rebeldía es reaccionaria, o no es más que una farsa hipócrita y fácil»). El crítico germano-colombiano Ernesto Volkening, uno de los estudiosos de la obra de Gómez Dávila expresa la actitud de nuestro pensador frente al principio de la democracia moderna: «Sólo el reaccionario, tal como lo pinta Nicolás Gómez Dávila, sería capaz de adoptar frente al acontecer histórico una actitud serena e inteligente, y al mismo tiempo moralmente inobjetable, sin caer en el servilismo ante el fait accompli del cual raras veces escapa el marxista habituado a justificar post festum el rumbo que tomaron los eventos, sin pretender tampoco dictar leyes a la historia, como lo hace el liberal cuando, cayendo en el otro extremo, sueña con el derrotero que ella ha debido seguir en su concepto».

Cierra este volumen El reaccionario auténtico, artículo póstumo publicado en Revista de la Universidad de Antioquia (abril-junio de 1995) y que constituye una apasionada síntesis de su visión del mundo. Plantea que frente a los progresismos liberal o radical existe una alternativa solitaria y heroica, la del reaccionario filosófico. Así lo expresa el autor al final de este ensayo: «El reaccionario no es el soñador nostálgico de pasados abolidos, sino el cazador de sombras sagradas sobre las colinas eternas».

Como ocurre con otros autores muy diferentes —pienso en Cioran, por ejemplo— lo importante al acercarse a estos Textos no es si se está de acuerdo o no con las ideas expuestas, sino el dejarse arrastrar por su escritura visionaria y casi matemática, de una extraña perfección.

Puntuación: 4 (de 5)
Ediciones Atalanta (2010)
Colección: Memoria Mundi, 43
Nota introductoria: Jacobo Siruela
160 págs.

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Tras la publicación de los aforismos completos de su obra magna, Escolios a un texto implícito, Atalanta presenta ahora el segundo libro que apareció en vida de Nicolás Gómez Dávila. Publicado en 1959 en Bogotá, bajo el sobrio título de Textos I, este volumen tiene la particularidad, dentro del conjunto de su obra publicada, de ser el único escrito en prosa continua. Así pues, el lector puede aquí saborear en toda su extensión la eficaz calidad de su estilo. (Sinopsis de la editorial)

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Nicolás Gómez Dávila (1913-1994) nació en Bogotá. A los seis años su familia se trasladó a París. Allí adquirió un gran dominio del pensamiento, de las lenguas clásicas y la literatura europea. A los veintitrés años volvió a Bogotá. Con el paso del tiempo, atesoró en su mansión una imponente biblioteca, en la que se recluía a diario para leer y escribir. A lo largo de su vida trabajó en una sabia destilación de todas sus lecturas, que tituló Escolios a un texto implícito (1977-1986). Su obra comenzó a ser reconocida gracias al impulso que recibió en Alemania de Botho Strauss y Ernst Jünger, y a la edición italiana de Adelphi.

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