{Reseña} Alejo Carpentier: Visión de América (Verbum)

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Alejo Carpentier fue durante algún tiempo mi escritor favorito, y aún hoy sigue siendo uno de mis preferidos, al que vuelvo de vez en cuando. Leí —mas bien devoré— todas sus novelas y cuentos pero me quedaron sus libros de ensayos pendientes. Ahora, aprovechando esta nueva edición de Editorial Verbum de una de sus antologías de textos periodísticos sobre el alma americana, retomo al gran Carpentier, uno de los escritores fundamentales del siglo XX en lengua española y Premio Cervantes en 1977.

Visión de América es una colección de 29 crónicas y artículos escritos entre 1947 y 1981 que tienen en común el tratar diferentes aspectos del continente americano, sus hombres, historia, cultura y naturaleza, todos temas fundamentales en la cosmovisión del escritor cubano. La primera parte la constituyen las seis crónicas de sus viajes a algunas zonas poco conocidas de Venezuela (Alejo Carpentier vivió en Venezuela de 1945 a 1959) de una grandeza y belleza natural espectacular. Se muestra fascinado por la extensa región de La Gran Sabana (sureste del país, hasta la frontera de Brasil y Guyana) con los extraños e imponentes tepuyes (mesetas abruptas y planas) y que contiene el Salto Ángel, la cascada más alta del mundo descubierta en 1927 por los exploradores españoles Félix Cardona y Juan María Mundó. También escribe sobre la vida de Lucas Fernández Peña, boticario y colonizador que se estableció en un valle de Gran Sabana fundando ciudades y fijando la soberanía venezolana en esa zona en litigio (Carpentier, en su novela Los pasos perdidos, se inspiró en Fernández Peña para el personaje del Adelantado). Nuestro autor también viaja a la ciudad más importante de la región, Santo Tomás de la Nueva Guayana en la Angostura del Orinoco (prosaicamente rebautizada en 1846 como Ciudad Bolívar), casi en la frontera con Brasil. Abandonando esa región decide conocer la parte de los Andes venezolanos, al sur del lago Maracaibo, y que conservaba todavía numerosas poblaciones de fuerte sabor colonial. Estas crónicas —lo más interesante del volumen— muestran el interés de Carpentier por el valor imponente de la naturaleza primigenia e indómita, cuna de culturas ancestrales hasta ese momento ignoradas y despreciadas.

Luego de cerrar un anchísimo viraje en especial que casi nos ha conducido a las fronteras del Brasil, el avión vuela, ahora, al nivel de las mesetas. Las nubes pesadas que demoraban en la cumbre del Auyan-Tepuy comienzan a levantarse. El sol desciende al fondo de quebradas y desfiladeros. Y, de pronto, los flancos de los cerros se empavesan de cascadas –largos estandartes, con flecos de neblina, colgados de las cimas. Mundo de las rocas, la Gran Sabana es también el tono de las aguas vivas; de aguas nacidas a increíbles altitudes, como las de Kukenan, paridas por el Roraima, o las del Surukún, de arduas riberas. A los prestigios de la piedra, de lo inamovible y bien encajado en el planeta; a la dureza de los cuarzos, de las rocas ígneas, de los pórfidos, sucede ahora la magia de lo fluyente, de lo inestable, de lo nunca quieto, en saltos, juegos y retozos de ríos arrojados a los cuatro vientos de América por las Mesetas Madres, y que, en su mayoría, van a engrosar luego de muchos vagabundeos y desapariciones –recogíanse de paso el oro y algún diamante– el fragoroso y salvaje Caroní. Comprendemos ahora como, caído de tanto alto, rico de tantas aventuras, el Caroní se rehúsa a toda disciplina, rompiendo los cepos que quiso apretarle la dura y sofocante naturaleza de abajo.

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En la Gran Sabana, el agua de los ríos, en la proximidad de los altos, suele hacerse casi negra, de una negrura rojiza, de azúcar quemada, con una rugosa consistencia de asfalto a medio enfriar. Esto se explica por la acumulación, en tales lugares, de enormes cantidades de hojas muertas, venidas de lo hondo de la selva con su carga de tintes. Más, de pronto, el río se libera de su costra, saltando al vacío. En ese momento se opera el milagro de la transmutación: el agua se torna de oro. De un oro amarillo y ligero, cuya coloración se matiza hasta el infinito, entre el amarillo de azufre y el color de herrumbre. Ese oro que cae, canta, rebota y bulle, ardido por los esmaltes del espectro, es el que pudo soñar Milton para las cascadas de su Paraíso Perdido, ya que sólo las desmedidas imágenes del ciego visionario, con sus gigantes coronados de nubes, cabrían en estas “Tierras aún sin saquear”, cuya gran ciudad los hijos de Gerión llamaron “El Dorado”.

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Y no se me diga que hablar de la virginidad de América es lugar común de una nueva retórica americanista. Ahora me encuentro ante un género de paisaje que “veo por vez primera”, que nunca me fue anunciado por paisajes de Alpes o de Pirineos; un género de paisaje que sólo había intuido en sueños, y del que no existe todavía una descripción verdadera en libro alguno. Ante la Gran Sabana no hubiera cabido nunca la desconsoladora frase de Paul Valéry, llevado por un amigo, luego de larga excursión, a contemplar un alabado panorama europeo:
Pero… ¿por qué se empeñan en mostrarme siempre el mismo paisaje en todas partes?
Aquí hubiera enmudecido el autor de Eupalinos. («El Salto del Ángel en el reino de las aguas»)

El resto de textos son breves artículos escritos en su mayoría para su sección «Letra y Solfa» de El Nacional de Caracas, y abarcan numerosos temas, todos relacionados con la cultura de América: música criolla, recientes hallazgos arqueológicos, poesía popular, arte indígena, mitología prehispánica, etc. La tercera parte del libro, dedicada al Caribe, muestra cómo el crisol de las tierras antillanas, con su gran aporte de población negra, sus diferentes influencias europeas (españoles, franceses, ingleses, holandeses) constituye, en sí, un pequeño universo dentro del ya de por sí complejo y abigarrado mundo cultural americano (Carpentier, como cubano, siente un especial sentimiento de pertenencia a esa entidad supranacional y multicultural que es el Caribe). El volumen se completa con Conciencia e identidad de América, discurso pronunciado en la Universidad Central de Venezuela en 1975, donde se incide en la búsqueda de una definición sobre el «ser íntimo» del hombre latinoamericano. Ni que decir tiene que la escritura de Carpentier, también en todas estas piezas circunstanciales y modestas, es una de las más exuberantes, exactas y portentosas de entre los prosistas de idioma español del siglo XX.

En definitiva, creo que sin ser la faceta más más importante de su producción, estos textos de Visión de América nos muestran que las fuentes y preocupaciones de las que se nutre la escritura de Carpentier son siempre las mismas, ya den lugar a sus obras narrativas o a su abundante obra periodística.

Puntuación: 4 (de 5)
Editorial Verbum (2019)
Colección: Ensayo
Prólogo y edición: Yuri Rodríguez
168 págs.

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Visión de América recoge un grupo de textos en que Alejo Carpentier, desde una mirada interdisciplinaria, interpreta aspectos de la historia, los mitos, los hombres, la naturaleza, la cultura de los pueblos al sur del río Bravo. Este volumen, iniciado con la serie periodística que atestigua los recorridos del escritor cubano por recónditos territorios venezolanos –experiencias que significaron la consolidación de su percepción sobre la América continental y el germen de su novela Los pasos perdidos–, se complementa asimismo con otros textos empeñados en caracterizar el área caribeña.

Resultan todos testimonios de un pensamiento integrador identitario sobre la región, desarrollado en artículos, conferencias e intervenciones públicas. Son, sin duda, muestra del activo y continuado proceso de aprehensión del continente americano que mantuvo Carpentier durante toda su vida, nutrido por estudios pertenecientes a saberes diversos. Artífice de la palabra en cualquier género, la garra del narrador se filtra sutilmente en estos materiales, permeados de múltiples recursos literarios que ofrecen una lectura enriquecedora y placentera, ajena a la erosión del tiempo. (Sinopsis de la editorial)

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Alejo Carpentier Valmont (Lausana, Suiza, 1904 - París, Francia, 1980) es considerado por la crítica como uno de los escritores más importantes del siglo xx en lengua española y su influencia es decisiva en la renovación literaria lationamericana. Hijo de un arquitecto francés y de una profesora rusa, empezó los estudios de arquitectura en 1922, aunque los abandonó más tarde para ejercer como periodista en las revistas Hispania, Social y Carteles. En 1927 es encarcelado por su oposición al dictador cubano Gerardo Machado y un año más tarde abandona la isla para establecerse en París. En la capital francesa se desempeña como corresponsal de varias revistas culturales cubanas y entra en contacto con corrientes literarias vanguardistas, principalmente el surrealismo. En 1933 publica en Madrid su primera novela ¡Écue-Yamba-Ó! y en 1939 regresa a Cuba, donde continúa su labor periodística en revistas como Tiempo Nuevo y Orígenes. Sus novelas más reconocidas son El reino de este mundo (1949), Los pasos perdidos (1953) y El siglo de las luces (1962).

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