{Reseña} Rosalía de Castro: El primer loco (Editorial Eneida)

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Me he acercado a El primer loco de Rosalía de Castro sin gran conocimiento sobre esta obra y su autora, libre de cualquier prejuicio, por tanto. Esta es una forma de leer libros clásicos que depara más de una sorpresa ya que, en numerosas ocasiones, comprobamos que no coincidimos con la crítica más académica en la valoración de determinados títulos. Sirva esta consideración como presentación de una novela que debería figurar entre las de obligada lectura dentro de la literatura decimonónica española.

Rosalía de Castro, que es venerada en el ámbito de la poesía en lengua a gallega con obras esenciales como Cantares gallegos y Follas novas, fue también una novelista interesante que es recordada especialmente por El caballero de las botas azules (1867), una enigmática fantasía satírica en la que la escritora gallega expone un surtido de relatos de corte lírico-fantástico con trazos costumbristas, y por El primer loco. Cuento extraño, una nouvelle en la que Rosalía obvia la moda realista y naturalista del momento para retornar a las fórmulas románticas de su etapa más juvenil. Fue publicada en Madrid en 1881 por Imprenta y Librería de Moya y Plaza.

Como he indicado antes, El primer loco significa abandonar el realismo más testimonial y volver a la narración lírica y fantasmagórica, con claras huellas de Hoffman o de Poe —no es casual que la amada por la que el protagonista enloquece se llame Berenice—. Pero la autora da una vuelta de tuerca tan macabra como inesperada: el protagonista decide financiar la construcción de un manicomio y ser él mismo el primer internado.

¡Ya puedo respirar libremente… ya me encuentro en mi verdadera atmósfera! Sólo aquí, en este lugar de mis predilecciones, en mi quinta abacial, tan llena de encantos y de misterio, puedo calmar en parte la inquietud que me devora el alma… ¡pero, qué inquietud, Dios mío!

-¿Tu quinta has dicho…? Nunca he sabido…

-Sí, Pedro; tiempo hace ya que este hermoso retiro, con sus verdes frondas, su claustro y su silencio me pertenece de derecho. Espero que muy pronto ha de pertenecerme también de hecho, a no ser que la adversidad o el destino hayan dispuesto otra cosa.

-Pues quiera el cielo se cumplan sus votos y seas por largos años el único dueño de tan bella posesión, aunque la crea más útil para ti, por los placeres ideales que te proporciona, que por lo que de ella hayas de lucrarte.

-¡Lucrarme…! Siempre esa palabra, siempre el tanto por ciento; ¿qué me supone a mí el lucro?

-Quizá nada, por más que la ganancia y el tanto por ciento hayan de ser, como quien dice, temas obligados en las realidades de la vida. Dichoso el que puede prescindir de semejantes pequeñeces; mas de lo que tú no podrás prescindir, es de un buen capital con el cual te sea fácil y decoroso dar más honesta apariencia a esas ventanas y puertas desvencijadas, por las que penetran la lluvia y el frío como huéspedes importunos; reparar esos paredones por todas partes agrietados y, en fin, levantar los techos medio hundidos que al menor soplo amenazan desplomarse.

-Lo de menos son los techos ruinosos, ventanas destrozadas y muros que se derrumban. Bien fácil cosa será, con unos cuantos puñados de oro, volver lo viejo nuevo, y convertir en cómodo asilo lo que en este momento semeja una triste ruina, a propósito únicamente para nido de búhos y ratas campesinas. Me cuido poco al presente (ya que espero mejores días) del interior de mi monasterio, y apenas si dirijo alguna mirada a sus desiertos corredores cuando subo a visitar al cura, que habita solo en donde tantos pueden caber a gusto y con desusada holgura. En cambio no pierdo de vista la iglesia y las bellas imágenes que pueblan los altares, y ante los cuales me postro cada día. Adoro de la manera más pagana los altos castaños y los añosos robles y encinas del bosque, bajo cuyas ramas suelo vagar día y noche con el recogimiento con que podría hacerlo el antiguo druida, cuando el astro nocturno estaba en su plenilunio, y amo este claustro y profeso a estos arcos, a estas plantas y piedras, el mismo apego que el campesino tiene a su terruño o a la casa en donde ha nacido, se ha criado, y enamorado quizá por primera vez y última vez de la que con él comparte las estrecheces de una vida de privaciones.

La estructura de esta novela es bastante simple. Se presenta como una larga conversación entre dos amigos en el claustro del semiderruido monasterio del bosque de Conjo, en los alrededores de Santiago de Compostela. Luis, el protagonista principal, hombre trastornado e imbuido por un exacerbado idealismo, relata su enamoramiento delirante y obsesivo de Berenice, una joven que acabará casándose con un norteamericano rico a quien padre había conocido en Madrid. También narra su posterior relación con Esmeralda, una pastora adolescente que acabará muriendo tras la decisión de Luis de no volver a verla. La aparición fantasmal de la difunta marca el punto culminante de la inestabilidad mental del joven. En estas confidencias Pedro representa el contrapeso racionalista y sensato a las reflexiones e ideas de su amigo. El primer loco se aleja totalmente de las nuevas corrientes naturalistas que se imponían en la novela europea desde mediados de siglo y supone uno de los mejores ejemplos españoles de narrativa de lo insólito y lo extraño. En cuanto a la escritura, hay que decir que la prosa de Rosalía de Castro es magnífica y no ha envejecido casi nada; su lectura resulta fluida y muy placentera, algo que no siempre se puede decir de muchos escritores del siglo XIX español.

Resumiendo, El primer loco es una obra más que interesante y recomendable para cualquier tipo de lector. Indicar también que, como caracteriza toda la colección Confabulaciones de Editorial Eneida —una de las colecciones más atractivas del mundo editorial español—, la presentación es magnífica.

Puntuación: 4 (de 5)
Editorial Eneida (2008)
Colección: Confabulaciones, 3
132 págs.

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Biografía-21

Cuando la Unesco decidió reunir en sólo cien volúmenes a los autores más importantes de la literatura universal, no vaciló en dedicar uno de ellos a la gallega Rosalía de Castro. El primer loco, subtitulado Cuento extraño, transporta al lector a un mundo fantástico y sobrenatural, misterioso y telúrico, a caballo entre la realidad y la fantasía. Obra de madurez, fue publicada por primera vez en 1881, y más de un siglo después, El primer loco conserva intacto su poder de seducción y su capacidad para atraparnos en su red, cual si de una tela de araña se tratara, desde sus primeras palabras. (Sinopsis de la editorial)

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ROSALIA DE CASTRO (1837-1885) es, junto con Eduardo Pondal y Curros Enríquez, la figura más importante del primer Renacimiento gallego conocido como O Rexurdimento. Su obra en prosa, fecunda aunque posiblemente eclipsada por el esplendor de su creación poética, comprende las novelas La hija del mar (1859), Flavio (1863), Ruinas (1863) y El caballero de las botas azules (1867), además de El primer loco. Cuento extraño (1881). A pesar de que Rosalía nunca buscó ni la fama ni la inmortalidad, su reconocimiento literario en vida fue inevitable. Más de un siglo después de su muerte está considerada como la personalidad más relevante, emblemática y universal de la literatura gallega. Se despidió de la vida a los 48 años, en su Galicia natal, con estas palabras:
Abre la ventana, que quero ver o mar.

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