{Reseña} Ernst Jünger: Titanes venideros (Página Indómita)

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Los titanes venideros es el título de una de las últimas obras protagonizadas por Ernst Jünger. Digo protagonizadas y no escritas porque, en realidad, se trata de una serie de entrevistas realizadas por el periodista Antonio Gnoli y el filósofo Franco Volpi a Jünger en 1995, año en el que el escritor alemán se convertía en hombre centenario. Es problemático afirmar a qué género pertenecen las Conversaciones, si al periodístico, al biográfico o al de crítica literaria; en cualquier caso, usualmente estos libros de entrevistas muestran mejor las ideas y la personalidad del entrevistado que muchos ensayos sesudos de crítica. (Ejemplos de lo dicho se encuentran en las muchas entrevistas publicadas de Jorge Luis Borges o de Joseph Ratzinger, por poner dos personajes muy diferentes).

Los titanes venideros («I prossimi Titani. Conversazioni con Ernst Jünger», 1997) fue posible gracias a la amistad de Jünger con Volpi y Gnoli, ya que, en principio, el pensador alemán decidió no realizar ninguna entrevista ni aparición pública —tuvo infinidad de solicitudes— ese año de su centenario. Las entrevistas fueron realizadas en marzo y octubre (las dos últimas) de 1995 en la apartada casa de Jünger en Wilflingen (Alta Suabia) en la que se retiró a vivir y a continuar sus estudios en 1950. La primera conversación, muy breve, sirve de primera toma de contacto y nos muestra a un Ernst Jünger en pleno dominio de sus facultades intelectuales, incluida una portentosa memoria que le permite rememorar con casi total exactitud hechos acaecidos ochenta años antes.

El 29 de marzo de 1995 Ernst Jünger cumplió 100 años. Desde hace tiempo vive apartado en la soledad de Wilflingen, en la Alta Suabia, sustrayéndose a la curiosidad de periodistas, admiradores, lectores y estudiosos de su obra. El único hilo que lo ata a muy pocos íntimos es un número de teléfono secreto.

Para su centenario se habían preparado en todas partes festejos y celebraciones. Helmut Kohl, François Mitterrand y Felipe González, que ya anteriormente lo habían visitado en Wilflingen, se proponían otorgarle los máximos galardones honoríficos de sus respectivos países. Pero Jünger, con discreción, siempre había dejado claro que no se proponía ir a ninguna parte. La perturbación que el jubileo amenazaba provocar en su ritmo de vida y de trabajo le preocupaba hasta tal extremo que habría preferido refugiarse en algún atolón perdido en los mares del Sur, aguardando la terminación de los festejos por su centenario. A los organismos de prensa y a las televisiones del mundo entero que le solicitaban entrevistas les había hecho saber que no concedería ninguna.

Hemos tenido la suerte de ser la excepción a esta regla. El motivo del privilegio que Jünger nos concedió se debe a la buena relación que se ha instaurado entre nosotros. Nuestro primer encuentro se remonta unos años atrás, a la época de la preparación de «Sobre la línea», el breve volumen en que se reunieron por primera vez los textos de su controversia con Heidegger sobre el nihilismo, de la que incluso en Alemania solo existían ediciones por separado. Queríamos discutir directamente con él los detalles del texto, evocar las circunstancias de su redacción y reconstruir la relación con Heidegger. El recibimiento fue inmediatamente jovial. Gozábamos por anticipado de la consideración que Jünger ha tenido siempre hacia sus traductores.

En la segunda conversación Jünger repasa algunos autores que conoció y han influido en su escritura y en su pensamiento, desde Alfred Kubin hasta Martin Heidegger, pasando por Hugo Fischer, Gerhard Nebel, Valeriu Marcu, Walter Benjamin, Carl Schmitt y Armin Mohler, entre otros. Jünger da algunas pinceladas de en qué circunstancias los conoció y qué relación mantuvo con ellos. (También se cita a Ortega y Gasset, aunque no llegó a conocerlo personalmente). Un aspecto controvertido es su relación con la jerarquía nacionalsocialista que siempre intentó —sin éxito— atraerlo a su causa. Goebbels dijo de él: «A Jünger le hemos tendido puentes de oro, pero nunca ha querido cruzarlos». La charla se traslada hacia el tema de la búsqueda de la paz y sobre la previsible disolución de las naciones en un Estado Universal, del que Jünger se declara favorable. A continuación aporta algunas informaciones de su experiencia como oficial de la Wehrmacht en el París ocupado, en especial sus cordiales relaciones con la intelectualidad francesa.

La tercera conversación comienza con preguntas en torno a su pasión por la zoología (especialmente el estudio de los coleópteros) y la botánica, que no son simples aficiones sino parte de sus intereses junto a la literatura. Se comentan algunos de los escritores favoritos de Jünger, como Hermann Hesse y León Bloy. Escribe favorablemente sobre la religión, aunque se siente incapaz de adherirse a una confesión concreta («Para mí, en la naturaleza, en el cosmos, hay una dimensión divina, sacra»). Un tema inevitable cuando se trata de Jünger son sus experiencias como psiconauta con el recién sintetizado LSD por Hofmann. También habla de su relación con los escritores Karl Kraus y Mircea Eliade (con quien fundó la revista Antaios en 1959). El tiempo, la muerte, la pasión por la escritura de sus Diarios y sus rutinas diarias cierran los temas de estar conversaciones con este pensador polifacético que «se siente más literato que filósofo». Como conclusión, añadir que la lectura de Los titanes venideros me confirma en mi fascinación por la figura de Ernst Jünger, quizá el último representante de la aristocracia de espíritu en Europa.

Termino con un premonitorio comentario de Jünger sobre el futuro —nuestro presente— al final de la primera conversación: «No tengo una idea demasiado feliz y positiva […] Los actos serán más importantes que la poesía que los canta y que el pensamiento que los refleja. Será una edad muy propicia para la técnica, pero desfavorable para el espíritu y la cultura». Queda dicho.

Puntuación: 4 (de 5)
Página Indómita (2016. 1ª reimpresión, 2020)
Traducción: Atilio Pentimalli
128 págs.

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Los titanes venideros es el testamento intelectual de Ernst Jünger, escritor, soldado en las dos grandes guerras, viajero, psiconauta, hombre de ciencia y uno de los pensadores más lúcidos y polémicos de nuestro tiempo.

El volumen recoge la serie de entrevistas realizadas por el periodista Antonio Gnoli y el filósofo Franco Volpi en 1995, tres años antes de la muerte de Jünger, en las que el autor no solo analiza los episodios fundamentales del siglo XX (la Belle Époque, las dos guerras mundiales…) y retrata a las figuras que han marcado la cultura y el pensamiento (Picasso, Gide, Céline, Yourcenar, Heidegger…), sino que también arroja luz sobre nuestro presente, «un momento de transición nebuloso» dominado por la técnica y el nihilismo que la acompaña, en el que «las fronteras ya no tienen validez». Al mismo tiempo, Jünger vislumbra los nuevos mitos e ideales en el horizonte: «los titanes venideros». (Sinopsis de la editorial)

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Ernst Jünger (Heidelberg, 1895-Wilflingen, 1998), cultivador de la crónica, el ensayo y la novela, soldado en las dos grandes guerras, viajero, psiconauta y hombre de ciencia volcado hacia el estudio de la naturaleza, es una de las figuras más lúcidas y polémicas del siglo XX.

Tras pasar su infancia en Hannover, huye del hogar familiar en 1913 y se alista en la Legión Extranjera francesa. Voluntario en la Primera Guerra Mundial, narra su experiencia en Tempestades de acero (1920), obra que obtiene un éxito inmediato y le vale la fama. En 1923 comienza sus estudios de Ciencias Naturales, y a finales de la década se traslada a Berlín, donde colabora en publicaciones del movimiento revolucionario conservador. Aunque su producción escrita, en especial obras como La movilización total (1930) y El trabajador (1932), suscita el interés de los nacionalsocialistas, Jünger rechaza varias veces la oferta para ocupar un cargo parlamentario y les prohíbe usar su obra con fines propagandísticos. Publica Sobre los acantilados de mármol (1939), su respuesta al totalitarismo, y al estallar la Segunda Guerra Mundial es destinado al mando alemán en París, donde conoce a diversas personalidades de la cultura. La publicación de Jardines y carreteras (1942) le vale la censura por parte del régimen y, tras el atentado contra Hitler en 1944, el mando alemán de París, involucrado en los hechos, es disuelto y Jünger es licenciado del ejército. Para entonces ya ha comenzado a circular de forma clandestina La paz, que verá la luz en 1946 fuera de Alemania, ya que inicialmente también el gobierno militar británico de la zona ocupada prohíbe que el autor publique.

En la década de los 50 se traslada a Wilflingen, en la Alta Suabia, donde vivirá retirado hasta el final de sus días, compaginando la entomología y los viajes por Europa, Asia y África con su actividad como escritor, en la que destacan sus diarios.

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