{Reseña} Akutagawa Ryūnosuke: El tabaco y el diablo y otros relatos cristianos (Satori)

978841741964

Prosigue la estupenda editorial asturiana Satori en su recorrido por la narrativa breve de Ryunosuke Akutagawa; en esta ocasión el nuevo título que llega a las librerías es El tabaco y el diablo y otros relatos cristianos, una colección de doce textos que el escritor japonés escribió entre los años 1916 y 1924, algunos de los cuales, me parece, se encontraban inéditos en español. La magnífica traducción del volumen ha corrido a cargo de Javier Rubiera y de Hidehito Higashitani, veterano hispanista japonés y uno de los mayores divulgadores de la cultura española en tierra niponas desde que pisó por primera vez nuestro país en 1963.

Tras la llegada de los primeros misioneros católicos mayoritariamente jesuitas, dominicos y franciscanos portugueses y españoles incluido san Francisco Javier, que permaneció más de dos años en tierras japonesas (1549-51), se produjo la lenta conversión de hasta unas 300.000 personas en las décadas siguientes, especialmente en la región de Nagasaki, inaugurando un amplio periodo de intercambio cultural entre Europa y Japón. Pero después de su toma del poder, el shōgun Tokugawa Ieyasu decide cerrar Japón al resto del mundo y prohibir el cristianismo en 1614, deportando a los misioneros y persiguiendo hasta la muerte a los cristianos japoneses (kirishitan) que se negaban a apostatarDesde entonces el país permanecería cerrado a toda idea extranjera hasta la apertura definitiva de Japón en el año 1873 cuando el nuevo gobierno de la restauración Meiji deroga la ley que prohibía el culto cristiano. (Esta época de persecuciones y martirio están tratadas admirablemente en la novela Silencio del escritor católico Shūsaku Endō). Como es natural, estos hechos históricos dejaron en el imaginario de la nación asiática una huella que ha sido ampliamente utilizada por numerosos artistas; de hecho, existe un género llamado kirishitanmono (literalmente «obras de asunto cristiano») en el que se pueden encuadrar estos relatos de Akutagawa.

Dicen que el padre Urugan era capaz de ver con sus ojos hasta las cosas invisibles para otras personas. Y en especial cuando se trataba de las figuras de los diablos del infierno que venía a tentar a los hombres, dicen que sus ojos eran capaces de captar el aspecto físico de los diablos hasta en sus últimos detalles. Parece que todos los que vieron los ojos azules de Urugan lo creían así. O por lo menos se puede decir que eso era una verdad que no dejaba lugar a dudas para los creyentes del cristianismo, adoradores de un «nyorai» llamado «Deusu» del templo «nanban».

Según nos dice un antiguo manuscrito, Urugan contó una vez a Oda Nobunaga cómo eran los diablos que había visto en la ciudad de Kioto. Se trataba de unos animales pequeños y curiosos con rostro humano, alas de murciélago y patas de cabra. Urugan había visto algunas veces estos animales: por ejemplo, había visto a uno bailar al son de sus propias palmadas subido encima de los adornos metálicos de una torre y también a otro acurrucado debajo del tejado del portón de cuatro columnas de un templo para ponerse a salvo de la luz solar. Y no sólo eso. Dijo que también había visto a uno agarrado a un bonzo del monte Hiei y a otro colgado del pelo de una dama cortesana de alto rango. (De «El diablo»)

Pues bien, aparte de las enconadas discusiones de los críticos literarios sobre la posible cercanía a la fe cristiana de Akutagawa, o si su interés fue meramente histórico y artístico, el hecho es que nuestro autor escribió una docena de narraciones, de variada extensión y estilo, que incluyen la participación de personajes y motivos cristianos, si bien no son en modo alguno historias de contenido apologético ni teológico profundo, sino que son textos en los que predomina la ironía y el buen humor. La literatura de Akutagawa se caracterizó por una constante reinterpretación de la tradiciones y la leyendas orientales. También en sus kirishitanmono toma determinadas leyendas o historias lejanas para adaptarlas a su manera de hacer literatura. En estos cuentos Akutagawa propone gran variedad de técnicas y voces narrativas, combinadas con un amplio despliegue imaginativo de personajes en el que no falta un difuso tono fantástico: diablos, mártires, sacerdotes (bateren), frailes (iruman) , viudas de samuráis, criminales, apóstatas, objetos que hablan, apariciones fantasmagóricas, libros inventados… De entre todos los relatos destacaría La muerte de un creyente (1918), quizás el más cristiano de todos los textos; La sonrisa de los dioses (1922), una confrontación histórico-teológica entre los viejos dioses del Japón y el jesuita italiano padre Organtino en la que salen vendedoras las antiguas creencias niponas sobre la fe en Esu Kirisuto (Jesucristo); y, especialmente, Crónica de un furor correspondido (1922), un magnífico relato escrito con la técnica de Rashomon, en el que varios personajes narran su parte de una enrevesada historia de robos y venganzas. (Aquí el apelativo de cristiano es sólo porque la familia protagonista es kirishitan).

Estamos, pues, ante una encantadora colección de relatos, posiblemente menos perfecta y cautivadora que otras antologías de Akutagawa de la misma editorial, pero cuya lectura proporciona, como siempre que hablamos de este escritor, muchos momentos felices.

Satori Ediciones (2021)
Traducción y prólogo: Hidehito Higashitani y Javier Rubiera
Colección: Maestros de la literatura japonesa, 40
272 págs.

Puntuación: 4 de 5.

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¿Qué se encontró el diablo al arribar a las costas de Japón? ¿Cómo reaccionaron los dioses nipones ante la llegada del dios cristiano? ¿Quién es en realidad ese joven y hermoso mártir que, despreciado por todos, realiza el más noble de los sacrificios? En estos doce relatos, obras maestras de la narrativa del siglo XX, Akutagawa injerta elementos y personajes de la realidad histórica japonesa en su ficción prodigiosa, que oscila entre la elegante ironía y el agudo escepticismo, para brindarnos su particular visión del cristianismo en Japón. No ofrece respuestas filosóficas ni históricas a las preguntas que sus relatos plantean, sino una respuesta irónica que, de manera más o menos consciente, sigue la senda abierta por Miguel de Cervantes trescientos años antes. (Sinopsis de la editorial)

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Akutagawa Ryunosuke (1892-1927) nació en Tokio en el seno de una familia burguesa. Desde niño desarrolló un apetito voraz por la literatura japonesa tradicional, que en la adolescencia compaginaría con la lectura de autores occidentales. Estudiante brillante, ingresó en la prestigiosa Universidad Imperial de Tokio y comenzó a publicar con éxito sus primeros relatos: «Rashomon» (1915) y «La nariz» (1916). Tras graduarse en la universidad en 1916 trabajó como profesor de inglés en la Escuela Naval de Yokosuka. En 1918 se casó con Fumi Tsukamoto y abandonó su trabajo para dedicarse en exclusiva a la literatura gracias a un contrato con el diario Osaka Mainichi. Comenzó una época de producción muy fecunda: «Lujuria», «El otoño» o «En la espesura del bosque». Tras un viaje a China como corresponsal en 1921, su salud, ya de por sí delicada, empeoró notablemente: insomnio, neurastenia, alucinaciones y un miedo cerval a la locura no le impidieron crear las que muchos consideran sus obras maestras: «Engranajes», «Kappa» o «Vida de un idiota». El 24 de julio de 1927, a los 35 años de edad, Akutagawa puso fin a la «vaga angustia confusa» que lo consumía ingiriendo una dosis letal de Veronal.

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