{Reseña} Antonio Diéguez: Transhumanismo (Herder)

81A6LIq3fvL

Transhumanismo, término no recogido aún por el Diccionario de la RAE, podría definirse como el «movimiento cultural e intelectual internacional que tiene como objetivo final transformar la condición humana mediante el desarrollo y fabricación de tecnologías ampliamente disponibles, que mejoren las capacidades humanas, tanto a nivel físico como psicológico o intelectual» (Nick Bostrom, 2005). Antonio Diéguez, cuyo primer objeto de estudio es la Filosofía de la Biología, es uno de los mayores estudiosos y expertos en lengua española sobre Transhumanismo. Este libro editado en 2017 por Herder constituye una síntesis perfecta para iniciarse en este tema que aunque a algunos pueda resultar exótico o ajeno constituye uno de los caballos de batalla del pensamiento contemporáneo.

Transhumanismo se divide en cinco capítulos. En el primero (¿Qué es el Transhumanismo?), Diéguez hace un recorrido breve por la historia de esta nueva filosofía. Aunque fue Julian Huxley el primero en utilizar el término transhumanismo en 1927 la palabra posthumanismo es empleada por vez primera en 1977 por el pensador posmodernista Ihab Hassan no fue hasta finales de los años 60 del pasado siglo cuando una serie de autores toman en serio un conjunto de especulaciones relacionadas con el deseo de mejora y alargamiento de la vida humana, o dicho de otra forma más acorde con las propuestas de los adalides del transhumanismo radical: supone el deseo de abolición del ser humano y la creación de nuevas entidades porque serían muchas y diferentes entre sí posthumanas (se les ha dado el nombre de Homo excelsius). Se establecen centros de estudios y difusión, especialmente en California, Harvard y Oxford, e incluso  se escribe en 1983 un Manifiesto Transhumano (1983) y se crea en 1998 la Asociación Transhumanista Mundial (posteriormente cambiaría en nombre por el de Humanity+). Una gran presencia en redes sociales y mass media ha contribuido a su expansión y popularidad.

¿Qué le parecería a usted tener una vida de duración indefinida y permanecer siempre joven y sano, hasta el punto de poder considerarse inmortal? ¿Qué le parecería tener una inteligencia millones de veces superior y ser completamente inmune a la depresión o a la simple falta de ánimo? ¿O poder disfrutar del sexo, de la comida o de la apreciación del arte con una intensidad inimaginablemente mayor que la que ahora está a su alcance? ¿Qué le parecería disponer de nuevas capacidades sensoriales que le permitieran captar aspectos de la realidad que han permanecido siempre ocultos para el ser humano, como tener visión en la banda del ultravioleta o del infrarrojo, o disponer de un sentido de ecolocalización mediante ultrasonidos que lo guíe en la más completa oscuridad, al modo en que lo hacen los murciélagos? ¿Le gustaría poder respirar bajo el agua u obtener nutrientes mediante la fotosíntesis, como las plantas? ¿Le gustaría aprender en cinco minutos a tocar el piano, o dominar ese idioma que necesita y siempre se le resistió, colocando un simple implante en su cerebro? ¿Y descargar todo el contenido de su mente en un ordenador que sustituya su cuerpo para viajar sin fin a lo largo de todo el universo, explorando mundos desconocidos? ¿O disponer de prótesis biónicas reemplazables, controladas directamente por su cerebro, que le permitan desplegar capacidades físicas y mentales muy lejos de las accesibles para cualquier ser humano? ¿O vivir en una sociedad compuesta por individuos moralmente mejorados, capaces de captar de forma inmediata el sufrimiento de los demás y de actuar eficazmente para erradicar su causa? ¿O disfrutar de espectáculos deportivos en los que las habilidades físicas de los participantes fueran muy superiores a las de los deportistas de élite actuales? ¿Y qué tal fundirse finalmente con todos los demás seres inteligentes del universo, incluidos los que crearemos nosotros, en una superinteligencia cósmica, omnipresente, que todo lo observe y ordene? Puede que todo esto le parezca fascinante, puede que le parezca inquietante y amenazador, o simplemente increíble, pero por extraño que le suene, son cosas que tenemos ya prometidas por los defensores del transhumanismo y del posthumanismo; y algunas de esas promesas, como la de las prótesis mecánicas controladas por el cerebro, son ya una realidad cumplida, al menos en sus fases iniciales. La muerte misma empieza a no ser vista como un destino, como una condición básica e inexorable de nuestra forma de estar en el mundo, de nuestra índole biológica, o como un referente de nuestra comprensión como seres humanos, tal como las religiones y la filosofía nos habían venido enseñando, sino que se está trans- formando en un problema técnico. Algo que tarde o temprano nuestro ingenio podría solventar.

El siguiente capítulo, Máquinas superinteligentes, cíborgs y el advenimiento de la singularidad, trata de uno de los mayores anhelos transhumanistas, a saber, la creación de la inteligencia artificial (IA) y la fusión del hombre-máquina (cíborg) que trascienda la soporte biológico de la vida. El autor toca algunos conceptos como «computación cuántica», «aprendizaje profundo» y «singularidad» (supuesto momento en el que la IA será capaz de crear otras IA mayores de forma autónoma). Sin embargo, el estado actual de la ciencia desinfla muchos de los objetivos de los más fanáticos: ni la IA está a la vuelta de la esquina como nos prometieron, ni el volcado de nuestra mente a una computadora es algo factible, ni los robots inteligentes sustituirán en breve a los seres humanos.

El tercer capítulo (El biomejoramiento: eternamente jóvenes, buenos y brillantes) se dedica al empleo de la biotecnología para mejorar al ser humano (biomejoramiento), tanto intelectual como físicamente, siempre con la esperanza última en alargar la vida tanto como sea posible. Se discuten numerosos argumentos, tanto favorables como contrarios a estas tecnologías (como por ejemplo si existe una naturaleza humana inmutable), se trata de la nueva biología sintética, que superando a la ingeniería genética tradicional es capaz de crear nuevos genes y nuevos nucleótidos y abre la puerta al diseño a la carta de seres vivos. (El genoma de todos lo seres vivos está formado por secuencias de sólo cuatro nucleótidos: adenina (A), citosina (C), guanina (G) y timina (T). Por medio de modernas técnicas de síntesis se han creado dos nucleótidos que no existen en la naturaleza, el d5SICS y el dNaM). Muchas de estas tecnología son ya factibles y en absoluto serían criticables para el tratamiento de enfermedades (genética somática), aunque cualquier intento de actuación en la genética germinal, es decir, modificar el genoma para engendrar a un ser humano biológicamente diferente en aras de una hipotética mejora debería ser censurado de raíz, en mi opinión.

El capítulo cuarto (Hay que saber qué desear), que se aleja algo de los anteriores y que quizá hubiera merecido su publicación aparte, está dedicado al pensamiento de Ortega y Gasset relacionado con los avances tecnológicos, especialmente las ideas contenidas en su libro Meditación de la técnica (que deriva de un curso dictado en la Universidad Menéndez Pelayo de Santander en 1933). Este título ha tenido una deficiente atención de los estudiosos de la filosofía orteguiana a pesar de que se inscribe en las corrientes filosóficas europeas de la época. Afirmaciones como «Sin la técnica el hombre no existiría ni habría existido nunca» o «Hoy el hombre no vive ya en la naturaleza, sino que está alojado en la sobrenaturaleza que ha creado en un nuevo día del Génesis: la técnica» indican el esfuerzo anticipatorio de Ortega por intentar comprender la compleja relación que mantenemos con la tecnología.

El epílogo (Enfriando las promesas), escrito a modo de reflexión final, incide en dos aspectos que suelen pasarse por alto pero que son de gran importancia: por una parte, el propio proceso de investigación científica, que tras las guerra mundial se ha visto sometido a una presión creciente por captar los recursos públicos y privados, ha sucumbido en demasiadas ocasiones al sensacionalismo y a la creación de falsas expectativas en numerosos campos (la IA, por ejemplo); por otra parte, algo de vital importancia y previo a cualquier investigación y desarrollo posterior: qué queremos mejorar en el ser humano. Porque lo seguro es que no habrá consenso para responder a esa pregunta; y sin saber qué ni el para qué difícilmente se llegará a un acuerdo del cuándo y el cómo hacerlo. La conclusión final a que llegamos es que la mayoría de los proyectos transhumanistas son de muy difícil realización técnica a corto y medio plazo. Otros, como los derivados de la genética germinal, son plenamente factibles y habrá que estar muy vigilantes para evitar locuras y aberraciones propias de la ciencia ficción más aterradora.

Ensayo perfectamente planificado y escrito, Transhumanismo es un libro de lectura absolutamente necesaria para acercarse a uno de los grandes retos y debates a los que se enfrenta nuestra sociedad en este avanzado ya siglo XXI.

Editorial Herder (2017)
Colección: Ensayo
248 págs.

Puntuación: 5 (de 5)

Ver y Comprar este libro en Amazon: https://amzn.to/3cnDSfk

transhumanismo

El transhumanismo es uno de los movimientos filosóficos y culturales que más atención ha atraído en los últimos años. Preconiza el uso libre de la tecnología para el mejoramiento del ser humano, tanto en sus capacidades físicas, como en las mentales, emocionales y morales, trascendiendo todos sus límites actuales. Las tecnologías a las acude son la ingeniería genética y el desarrollo de máquinas inteligentes. Según los defensores del transhumanismo, con la ayuda de estas tecnologías podremos acabar con el sufrimiento, con las limitaciones biológicas que lo producen, e incluso podremos vencer al envejecimiento y la muerte.
Aunque muchos transhumanistas no ven deseable llevar estas mejoras hasta un punto en que el individuo mejorado ya no perteneciera a la especie humana, otros, designados como ‘posthumanistas’, consideran que este es precisamente el objetivo final: la creación de una o varias especies nuevas a partir de la nuestra.
Las promesas que realizan los defensores del transhumanismo son muy ambiciosas, y no todas están justificadas. Pero por otro lado, la crítica de que modificar la naturaleza humana pone en peligro las bases de la vida moral, la dignidad y los derechos humanos, encierra supuestos filosóficos discutibles y sus consecuencias son excesivamente radicales. Hay otros enfoques que permiten hacer una evaluación más equilibrada, sobre la que podría edificarse en el futuro un mayor acuerdo social. (Sinopsis de la editorial)

Clausura-Congreso-2-061117-ok

Antonio Diéguez es Doctor en Filosofía y Catedrático de Lógica y Filosofía de la Ciencia en la Universidad de Málaga. Hasta septiembre de 2015 presidió Asociación Iberoamericana de Filosofía de la Biología (AIFIBI). Ha sido profesor invitado en la Universidad Autónoma de México (UNAM) e investigador visitante en las universidades de Helsinki, Harvard y Oxford. Ha investigado en las áreas de la Filosofía de la Tecnología y de la Biología y, en los últimos años, se ha interesado por el tema del transhumanismo. Su posición al respecto es crítica, pero reconociendo los efectos positivos de la biotecnología e incluso de su posible uso para el mejoramiento humano. Ha publicado diversos libros y artículos sobre estos temas.

Deja una respuesta

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s