{Reseña} Zbigniew Herbert: Naturaleza muerta con brida (Acantilado)

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Completo con Naturaleza muerta con brida (Breslavia, 1993) la lectura y el comentario de los cuatro tomos de prosas del poeta polaco Zbigniew Herbert publicados por Acantilado. Ni que decir tiene que, como me referí a propósito de Un bárbaro en el jardín El laberinto junto al mar, Zbigniew Herbert es un ensayista excepcional, ameno y dotado de esa rara virtud que todos los escritores desean poseer: encanto.

En su larga vida de viajero Zbigniew Herbert visitó los Países Bajos en varias ocasiones: en 1967, 1971, 1976, 1988 y 1991. Los textos que componen el volumen Naturaleza muerta con brida —última parte de una trilogía dedicada a la cultura europea— se publicaron en las revistas polacas Zeszyty Literackie, Kultura y en la prensa alemana. Finalmente, la edición polaca se enriqueció con apócrifos, textos breves inspirados en episodios de la historia holandesa. El título proviene de una pintura de Johannes Torrentius (Jan Simonsz van de Beeck) de 1614 y se corresponde al quinto de los seis ensayos que integran la primera parte del volumen. Como el lector comprobará y el propio Herbert afirmó, el héroe colectivo de este libro es la burguesía de los Países Bajos en su época de esplendor, el siglo XVII.

Como he señalado, si en los anteriores libros de viajes Herbert se ocupó de Grecia, Italia y Francia fundamentalmente, en éste se centra exclusivamente en Países Bajos. Zbigniew Herbert fue un magnífico divulgador histórico y del arte —era un gran amante y conocedor de la pintura y la arquitectura— que huía de las rutas y los temas más trillados, acercándose siempre a aspectos desconocidos pero fascinantes de la cultura y lugares objeto de su atención. Así ocurre con los seis ensayos que abren este libro. Por ejemplo, en El precio del arte nos habla del extraordinario mercado de pinturas en Holanda (cuya oferta superaba a la demanda), de los precios —muy variables en función del artista y el género pictórico— habituales del mercado y del afán coleccionista de parte importante la opulenta sociedad burguesa y comercial. Tulipanes de amargo aroma trata de la conocida tulipomanía (tulpenmanie), fenómeno de euforia especulativa sobre los bulbos de tulipán que tuvo lugar en los años anteriores a 1637 y que provocó una importante burbuja y crisis financiera. En Gerard Terborch: el discreto encanto de la burguesía se hace un recorrido, más que por la biografía, por las principales obras de este retratista y pintor de género que supo reflejar a la perfección la vida de las clases burguesas y acomodadas de su época. 

Empezó de la siguiente manera: hace años, cuando visité por primera vez el Museo Real de Ámsterdam, al pasar por la sala donde se encontraba la excelente Pareja de esposos de Hals y el bello El concierto de Duyster, di con un cuadro de un pintor que me era desconocido.

Comprendí en el acto —aunque sería difícil de explicar racionalmente— que algo trascendental, relevante, había sucedido, algo significativamente más importante que un hallazgo fortuito entre una multitud de obras maestras ¿Cómo se puede definir ese estado interior? De repente, se despierta una aguda curiosidad, una atención tensa; sentidos en estado de alerta, la esperanza de una aventura, el consentimiento de una revelación. Tuve un sentimiento casi físico, como si alguien me llamara, me hiciera señas. El cuadro se me grabó en la memoria durante años (clara, insistentemente), pero no era en absoluto la imagen de un rostro de mirada intensa, ni tampoco una escena dramática, sino una tranquila y estática naturaleza muerta.

He aquí el inventario de los objetos representados en la pintura: a la derecha, un jarro barrigudo, de barro, de un marrón intenso y cálido; en el centro una copa de vidrio macizo, llamada «römer», llena de líquido hasta la mitad; a la izquierda, un jarro de estaño de un color gris plata con tapa y pitorro. Y en el estante donde están estos recipientes, dos pipas de loza y una hoja de papel con notas musicales y texto. Encima de todo lo anterior, objetos metálicos que no pude identificar.

El elemento más fascinante era el fondo. Negro, profundo como un precipicio y a la vez plano como un espejo, tangible y a punto de perderse en las perspectivas del infinito. La tapa transparente de un abismo

El otro ensayo interesantísimo es Naturaleza muerta con brida, dedicado a la figura enigmática de Johannes Torrentius (1589-1644), autor del cuadro de ese título expuesto en el Rijksmuseum de Ámsterdam. La vida de este pintor, «una vida tempestuosa, extraordinaria, dramática, completamente diferente de las biografía banales de la mayoría de sus colegas de gremio» está escrita como si de un relato de misterio esotérico se tratara, toda vez que el protagonista estuvo acusado y condenado a cárcel por comportamiento indecoroso, satanismo e impiedad, desterrado a perpetuidad Inglaterra y finalmente muerto al ser sometido a un segundo proceso judicial tras su vuelta a Holanda. Escándalos, torturas en prisión, probable pertenencia a la orden de los rosacruces y una posible explicación secreta y alegórica del cuadro completan este fascinante texto.

Aparte de estos ensayos históricos y artísticos, el volumen se completa con diez Apócrifos, miniaturas que a la manera de las Vidas imaginarias de Marcel Schwob ofrecen la revisión de unos hechos y personajes de existencia no siempre demostrable. Son historias truculentas y trágicas: naufragios, ajusticiamientos en el cadalso, violencia en las colonias holandesas de las Indias Orientales, el asesinato de un gigante de feria, la desgraciada vida del fundador de la entomología, el descubrimiento de una carta inédita de Johannes Vermeer, o el extraño litigio del joven Baruch Spinoza para hacerse con la herencia de su padre forman estas fantasiosas páginas apócrifas.

En definitiva, les recomiendo plenamente Naturaleza muerta con brida —así como los demás libros de Zbigniew Herbert publicados por Acantilado—, una obra estupenda para encontrarnos con una interesante parte de la gran historia y la tradición cultural europea, una tradición que muchos nos resistimos a olvidar y nos negamos a sustituir.

Puntuación: 5 (de 5)
Acantilado (2008, 1ª reimpresión 2021)
Colección: El Acantilado, 172
Traducción: Xavier Farré
224 págs.

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El único cuadro que se conserva del heterodoxo y vital Torrentius—Jan Simonz van de Beeck—, que llegó a ser pintor del rey de Inglaterra y murió en la ignominia, su Naturaleza muerta con brida, da nombre a esta iluminadora colección de ensayos y apócrifos que Zbigniew Herbert, uno de los mayores poetas europeos del siglo xx, dedica a Holanda o, para ser más precisos, al esplendor de una región que en su momento concentró a muchos de los más grandes artistas de la historia. Este extraordinario libro es celebración del arte y de la vida a través de la mirada libre y entusiasta de quien sabe poner en transparencia poética la magia, la intensidad y el detalle de las obras pictóricas que se le ofrecen y la curiosidad por aquellos que las hicieron posibles y su mundo, para, al cabo, acompañarnos por los territorios de la más honda verdad humana. (Sinopsis de la editorial)

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Zbigniew Herbert (Lvov, 1924 – Varsovia, 1998). Poeta, ensayista y dramaturgo. Estudió Derecho, Bellas Artes y Filosofía. Entre muchos otros reconocimientos, recibió el premio Herder en 1973. En Acantilado hemos publicado Naturaleza muerta con brida (2008), Un bárbaro en el jardín (2010), El laberinto junto al mar (2013) y El rey de las hormigas (2018).

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