{Reseña} Francisco López de Gómara: La Historia de las Indias y conquista de México (Biblioteca Castro)

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Creo que fue el historiador e hispanista británico Hugh Thomas quien escribió que el conjunto de las Crónicas de Indias constituyen uno de los monumentos más formidables que nos ha legado la cultura humanista del Renacimiento. Pues bien, dentro de esta corriente de reivindicación de esta faceta de nuestra historiografía hay que enmarcar las recientes recuperaciones de la Biblioteca Castro de algunos títulos imprescindibles, a los que ahora se une La Historia de las Indias y conquista de México, de Francisco López de Gómara. Esta cuidada edición ha corrido a cargo de la doctora y profesora peruana de la Universidad de Ginebra Belinda Palacios, que también se ocupó de la primera edición moderna de la novela Historia del Huérfano, de Andrés de León (Biblioteca Castro, 2017). Como es norma de la casa, Belinda Palacios ha actualizado la ortografía, la puntuación y los nombre propios, y también se ha prescindido de notas a pie de página y finales con el fin de agilizar la lectura y no ahuyentar al lector.

Más allá de los rumores de que fue capellán de Hernán Cortés y que escribió su principal obra por encargo de éste poco se conocía de Francisco López de Gómara (ambas cosas seguramente son erróneas). En los últimos tiempos la figura de López de Gómara ha sido estudiada con más detenimiento —hasta se ha propuesto como posible autor del anónimo Viaje de Turquía de Pedro de Urdemalas— y nos muestra a un típico humanista español del Renacimiento que casi merecería una novela biográfica: nacido en la pequeña villa soriana de Gómara en 1511, estudió en Soria, donde tuvo como maestro a Pedro de Rúa, y en Alcalá de Henares, para ordenarse como sacerdote. Se trasladó a Italia en 1531, donde estuvo en Roma, Bolonia y Venecia al servicio del embajador español Diego Hurtado de Mendoza. Conoció a Hernán Cortés en su primer viaje entre 1529-1530.​ Luego volvieron a encontrarse en 1541 en la campaña de Argel. Finalmente, ambos coincidieron en Valladolid y Madrid entre 1544-1546. Las fuentes documentales principales utilizadas por López de Gómara para escribir esta Historia fueron las Décadas de Pedro Mártir de Anglería, las Cartas de relación de Hernán Cortés y la Historia general y natural de las Indias de Fernández de Oviedo. A esto hay añadir las informaciones derivadas de sus abundantes relaciones de amistad, entre ellas el entorno más cercano a Cortés y del Consejo de Indias. No obstante, no podemos exigir una completa exactitud histórica en este tipo de escritos casi contemporáneos a los hechos narrados; para ello debemos acudir a la abundantísima historiografía contemporánea.

Era Vasco Núñez de Balboa hombre que no sabía estar parado, y aunque tenía pocos españoles para los muchos que menester eran, según don Carlos Panquiaco decía, se determinó ir a descubrir la mar del Sur, porque no se adelantase otro y le hurtase la bendición de aquella famosa empresa, y por servir  y agradar al rey, que de él estaba enojado. Aderezó un galeoncillo que poco antes llegara de Santo Domingo, y diez barcas de una pieza. Embarcóse con ciento y noventa españoles escogidos, y dejando los demás bien proveídos se partió del Darién, lº de setiembre año de 13. Fue a Careta; dejó allí las barcas y navío y algunos compañeros. Tomó ciertos indios para guía y lengua, y el camino de las sierras que Panquiaco le mostrara. Entró en tierra de Ponca, que huyó como otras veces solía. Siguiéronle dos españoles con otros tantos caretanos, y trajéronle con salvoconducto. Venido, hizo paz y amistad con Balboa y cristianos, y en señal de firmeza dióles ciento y diez pesos de oro en joyuelas, tomando por ellas hachas de hierro, cuentezuelas de vidrio, cascabeles y cosas de menor valor, empero preciosas para él. Dio también muchos hombres de carga y para que abriesen camino; porque, como no tienen contratación con serranos, no hay sino unas sendillas como de ovejas.

Con ayuda, pues, de aquellos hombres hicieron camino los nuestros, a fuerza de brazos y hierro, por montes y sierras, y en los ríos puentes, no sin grandísima soledad y hambre. Llegó en fin a Cuareca, donde era señor Torecha, que salió con mucha gente no mal armada a defender la entrada en su tierra si no le contentasen los extranjeros barbudos. Preguntó quiénes eran, qué buscaban y dónde iban. Como oyó ser cristianos, que venían de España y que andaban predicando nueva religión y buscando oro, y que iban a la mar del Sur, díjoles que se tornasen atrás sin tocar a cosa suya, so pena de muerte. Y visto que hacer no lo querían, peleó con ellos animosamente. Mas al cabo murió peleando, con otros seiscientos de los suyos. Los otros huyeron a más correr, pensando que las escopetas eran truenos, y rayos las pelotas; y espantados de ver tantos muertos en tan poco tiempo, y los cuerpos unos sin brazos, otros sin piernas, otros hendidos por medio, de fieras cuchilladas. En esta batalla se tomó preso a un hermano de Torecha en hábito real de mujer, que no solamente en el traje, pero en todo, salvo en parir, era hembra. […] («Descubrimiento de la mar del Sur»)

La Historia de las Indias y conquista de México siempre gozó de merecida fama, tanto dentro como fuera de España (tuvo tempranas traducciones al italiano, al francés y al inglés). La obra vio la luz en 1552 en Zaragoza, en la imprenta de Agustín Millán. La segunda edición de 1553 realizada por Guillermo de Millis en Medina del Campo llevó el épico título de Hispania Victrix, nombre que mostraba bien el contenido y el espíritu general del libro. La novedad de la obra residía en que en el momento de su publicación era el libro más completo sobre la conquista de América, ya que la primera parte de la Historia general y natural de Oviedo, publicada en 1535, sólo cubría la conquista del Caribe y la expedición de Narváez.

La Historia de las Indias y conquista de México está dividida en dos partes bien diferenciadas; en la primera (La Historia de las Indias), dividida a su vez en dos libros, se tratan las expediciones colombinas y el descubrimiento de las Antillas, las primeras entradas en el continente, así como la conquista del imperio inca por Pizarro (la sección dedicada al Perú es la más desordenada, quizá debido al difícil acceso de testimonios fiables). En esta parte los protagonistas son más los territorios que los hombres (se dedican capítulos a La Española, Cuba, La Florida, Nueva Castilla de Oro del Reino de Tierra Firme, etc.); por contra, en la Conquista de México el protagonista absoluto, casi de forma hagiográfica es Cortés, al que se considera un héroe providencial (en esta apreciación exagerada difiere con Bernal Díaz del Castillo, testigo presencial de la conquista, que en su Historia verdadera de la conquista de la Nueva España, escrita en 1568, enmienda a Gómara en numerosas afirmaciones). No se ocultan ni minimizan las continuas disputas e insubordinaciones que tuvieron lugar dentro del bando español que acababan usualmente con el ajusticiamiento de los rebeldes (recordemos que la mayoría de estas expediciones de conquista fueron iniciativas personales). Tampoco se esconde el afán de codicia como el causante de muchos males posteriores. Estas veladas críticas, que sólo figuran en la primera versión del texto (que se ha utilizado aquí) y que Gómara atenuó en las posteriores ediciones, puede ser la causa de la prohibición que sufrió la obra en 1553 pero que no impidió su extraordinaria difusión.

Esta obra de López de Gómara también quiere ser una somera Historia Natural de las Indias, de modo que la inclusión de todo tipo de informaciones sobre la geografía, flora y fauna de las tierras recién exploradas, así como por las costumbres, creencias religiosas y estructura social de los naturales es amplia, continua y sumamente interesante, a la vez que contribuye a la variedad del texto. Un ejemplo:

Hay árboles de fruta muchos y buenos, como son mamais, guanábanos, hobos y guayabos. Mamai es un hermoso árbol, verde como nogal, alto y copado, pero algo ahusado como ciprés; tiene la hoja más larga que ancha, y la madera fofa. Su fruta es redonda y grande; sabe como durazno; parece carne de membrillo; cría tres, cuatro y más cuescos juntos, como pepitas, que amargan mucho. Guanabo es alto y gentil árbol, y la fruta que lleva es como la cabeza de un hombre; señala unas escamas como piñas, pero llanas y lisas y de corteza delgada; lo de dentro es blanco y correoso como manjar blanco, aunque se deshace luego en la boca, como nata; es sabrosa y buena de comer […]

Hay muchos papagayos y de muchos tamaños, grandísimos y chicos como pájaros, verdes, azules, negros, colorados y manchados, que parecen remendados. Tienen lindo parecer, gorjean mucho y son de comer. Hay muchos gallipavos caseros y monteses, que tienen grandes papos o barbas, como gallos, y las mudan de muchos colores. Murciélagos hay tamaños como gangas, que muerden reciamente a prima noche; matan los gallos, que pican en la cresta, y aun dicen que hombres. El remedio es lavar la llaga con agua de la mar o darle algún botón de fuego […] («Frutas y otras cosas que hay en el Darién»)

He comentado en alguna ocasión que soy buen aficionado y lector de las Crónicas de Indias. Pues bien, pocas obras de este género tan entretenidas como esta Historia de las Indias y conquista de México, creo que debido a que una de las mayores virtudes de López de Gómara es su sabrosa lengua renacentista de estilo sencillo y sintaxis clara, irónica en numerosas ocasiones, mucho más accesible para nosotros que otras obras similares («el romance que lleva es llano y cual agora usan; la orden concertada e igual; los capítulos cortos para ahorra palabras; las sentencias claras, aunque breves»). No necesito, por tanto, insistir en mi recomendación total de este libro.

Para finalizar, y a modo de anécdota, en el capítulo CCXII de la segunda parte de la Historia General de las Indias se detalla la expedición a las fabulosas siete ciudades de Cíbola (Sibola), hechos que dieron lugar al nacimiento del mito del que este blog toma el nombre: «y anduvo en muchos días trescientas leguas de tierra, hasta llegar a Sibola. Volvió diciendo maravillas de siete ciudades de Sibola, y que no tenía cabo aquella tierra, y que cuanto más al poniente se extendía, tanto más poblada y rica de oro, turquesas y ganados de lana era».

Puntuación: 5 (de 5)
Biblioteca Castro (2021)
Introducción y edición: Belinda Palacios
LXX + 924 págs.

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En 1552 Francisco López de Gómara publicó La Historia de las Indias y conquista de México con la pretensión de abordar la crónica más completa sobre el descubrimiento y colonización del Nuevo Mundo. Una obra que alcanzó un éxito arrollador durante el siglo XVI y que, frente a otros textos que abordan momentos puntuales de la conquista, se remonta al primer desembarco de Colón en La Española y avanza hasta su propio tiempo de escritura en el año 1551.

En la primera parte, el clérigo soriano trata de situar geográficamente este Nuevo Mundo apoyándose en autores clásicos que sustentan sus conocimientos náuticos y cosmográficos, sin olvidar las pintorescas costumbres de los pueblos indígenas y otras muchas curiosidades sobre sus lenguas. Tras ello, Gómara dirigirá el relato hacia la conquista de México, partiendo de la biografía de Cortés como hilo conductor para delinear poco después su itinerario hacia la toma de Tenochtitlan y concluir con su muerte.

Con esta minuciosa edición de Belinda Palacios, ilustrada por varios mapas con los enclaves más relevantes y los recorridos de los conquistadores, ponemos a disposición del lector la crónica íntegra de López de Gómara después de muchos años de difícil acceso. Una oportuna lectura para este año en el que se cumple el V Centenario de la toma de Tenochtitlan. (Sinopsis de la editorial)

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Hasta hace relativamente poco tiempo, no era mucho lo que se sabía acerca de Francisco López de Gómara, más allá del repetido prejuicio de que había sido «capellán de Cortés» y de que había escrito La Historia de Indias y conquista de México «por encargo». Hoy en día, sabemos que Francisco López nació en febrero de 1511 en Gómara, una villa situada a treinta kilómetros de Soria. Hijo de Juan López y Mari Rodríguez, ambos «cristianos viejos», fue concebido fuera del matrimonio. Francisco López inició sus estudios temprano, pues recibió clases de gramática desde los siete u ocho años en su pueblo natal, y luego se trasladó a Soria donde tuvo como maestro al bachiller Pedro de Rúa, humanista con quien aprendió a leer y escribir en latín. Estudió en Soria, donde tuvo como maestro a Pedro de Rúa, y en Alcalá de Henares, para ordenarse como sacerdote. Se trasladó a Roma en 1531, y a su regreso hacia 1540 conoció a Hernán Cortés. Fue humanista e historiador, profesor de letras clásicas en la Universidad de Alcalá. En los años que siguieron a la muerte de Cortés, Gómara se desplazó entre Valladolid, Madrid y Flandes, acompañando los vaivenes de la corte y dedicándose al trabajo historiográfico. En 1552 público su célebre Historia de las Indias y durante los primeros días de febrero de 1559 falleció en Soria, aparentemente víctima de un tumor cerebral.

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