{Reseña} Antonio Fernández Palacios: Los cantos de Maldoror (Ponent Mon)

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Escribe Luis Alberto de Cuenca en el epílogo de este libro que su primer contacto con la obra de Antonio Hernández Palacios fue con la lectura de los Episodios Nacionales de Galdós en unos volúmenes de la editorial Aguilar cuyos cortes y guardas habían sido dibujados por Palacios. Muchos años después Luis Alberto —que como muchos saben es un fanático de las historietas— pudo conocer a Hernández Palacios y entablar una amistad que duró hasta la muerte del ilustrador y pintor en al año 2000. Y pondera Cuenca especialmente el trabajo de Hernández Palacios en la ilustración de algunos extractos del canto primero de Los cantos de Maldoror, ilustraciones que han sido reeditadas por Ponent Mon recientemente en un magnífico álbum en gran formato (Ponent Mon tiene publicados también otros libros de Palacios: El Cid, Eloy, Manos Kelly, Bolívar, La paga del soldado y la serie Mac Macoy).

«El escaso tiempo vital le fue suficiente a Isidore Ducasse —señala Hebert Benítez en el prólogo— para escribir y firmar bajo seudónimo de Conde de Lautréamont uno de los títulos más revulsivos y controvertidos de la modernidad occidental[…] La encendida imaginación desborda los límites de una representación de tipo realista, incluso romántica. Su monstruosidad moral es el resultado de una humanidad monstruosa». Además, las vicisitudes de su publicación y la prematura muerte de su autor con tan sólo veinticuatro años han contribuido a la fama de Los cantos de Maldoror como de libro maldito, impío y perturbador. Fue en el verano de 1869 cuando el editor belga Albert Lacroix imprime, pagado por el autor, Los cantos de Maldoror, obra firmada por un desconocido Conde de Lautréamont (seudónimo del montevideano Isidore Ducasse), edición que se retiene en la imprenta por miedo a la censura dado su innegable el carácter blasfemo, hecho que contribuyó a que no alcanzara notoriedad alguna en su momento. Pero esta fascinante obra de prosa poética, que entusiasmó y fue alabada por personajes tan dispares como el católico León Bloy o el surrealista André Bretón, llegó a convertirse con el tiempo en una de las cumbres del pesimismo y el malditismo decimonónico. (Recientemente se ha comprobado que Ducasse plagió extensos fragmentos de artículos del periodista Émile Blavet publicados en Le Figaro; de cualquier forma, nadie le va a restar ahora fama ni reconocimiento por este hecho).

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Volviendo al aspecto gráfico de este libro, hay que decir que el trabajo de Antonio Hernández Palacios ilustrando algunos fragmentos del canto primero constó únicamente de dieciséis dibujos a plumilla en blanco y negro —la edición coloreada publicada en Metal Hurlant en 1982 no satisfizo a nuestro autor, por lo que se ha elegido la original—. Son ilustraciones barrocas, complejas, detallistas, con un aura de satanismo y horror que se ajusta perfectamente al tema. Parece ser que el objetivo del editor era publicar tres cantos en un álbum compacto, pero por diversos motivos sólo se finalizó el primer episodio. Fue publicado en su versión francesa en la revista Metal Hurlant en 1981, y en el año siguiente en versión española por la misma revista.

Es una pena que Antonio Hernández Palacios —que firmaba sus trabajos simplemente como Palacios— no pudiera completar su visión de Los cantos de Maldoror, una obra, por otra parte, muy difícil de ilustrar dado su extraño y a veces abstracto argumento. En cualquier caso, podemos disfrutar al máximo de este puñado de soberbias láminas gracias a esta bella edición de Ponent Mon. Un libro indispensable para cualquier aficionado al cómic español y a la ilustración en general.

Puntuación: 4 (de 5)
Ponent Mon (2021)
Prólogo: Herbert Benítez | Epílogo: Luis Alberto de Cuenca
48 págs.

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El 16 de junio de 1921 nació en Madrid A. H. Palacios. En el año del centenario de su nacimiento, este volumen recoge por vez primera en España sus ilustraciones originales de Los cantos de Maldoror, los poemas publicados en 1869 por Isidore Ducasse, más conocido como el Conde de Lautréamont. En este volumen se publican los dibujos en blanco y negro, tal como fueron concebidos por el autor, sin los colores utilizados en la versión aparecida en Francia, en Metal Hurlant en 1982. (Sinopsis de la editorial)

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Antonio Fernández Palacios (Madrid, 1921-2000). Se formó en la Escuela de Bellas Artes de San Fernando, donde recibió clases de Vázquez Díaz, junto con otros artistas como Jorge Oteiza, Pedro Mozos o Francisco Cossío. Es uno de los grandes maestros del cómic español y europeo. Creador de una abundante y original obra, como las series como Manos Kelly o El Cid, que empezó a publicar en la revista Trinca, las que le abrieron las puertas del mercado europeo y en 1974 comenzó a dibujar la serie del oeste Mac Coy para la editorial francesa Dargaud. Paralelamente realiza diversos trabajos para la colección Imágenes de la Historia de la editorial Ikusager, iniciando  una serie sobre la guerra civil española que había pensado desarrollar en unos veinte volúmenes, de los que sólo vieron la luz finalmente cuatro, titulados respectivamente Eloy, uno entre muchos (1979), Río Manzanares (1979), 1936, Euskadi en llamas (1981) y Gorka Gudari (1987). Fue el primer autor que dibujó superhéroes en España (un remedo del primer Captain Marvel en la colección El Capitán Maravillas, en 1944).

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