{Reseña} Patricia Esteban Erlés: Ni aquí ni en ningún otro lugar (Páginas de Espuma)

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Siempre supone un riesgo y una aventura enfrentarse con un escritor al que no se ha leído antes. Por muchas críticas favorables que haya cosechado, sólo cuando nos enfrentamos por primera vez a la lectura de su obra sabremos si hemos acertado de pleno, si es un libro pensado para un lector como nosotros y si seguiremos frecuentando otros libros del autor. Eso me ha ocurrido exactamente con la zaragozana Patricia Esteban Erlés, escritora de unos pocos libros de relatos y de una novela con los que ha irrumpido de manera fulminante en el ya muy nutrido gremio de escritoras hispanas de literatura goticista (por llamarla de alguna manera).

Ni aquí ni en ningún otro lugar es su nuevo libro de relatos publicado, como los anteriores, por Páginas de Espuma, la editorial capitaneada por Juan Casamayor con la que todos los aficionados al género breve tenemos que estar eternamente agradecidos. Son quince cuentos y un microrrelato que, con la excepción de tres piezas que se desarrollan en el tiempo contemporáneo —dos de ellas situadas en una Norteamérica también idealizada—, están ambientadas en ese tiempo nebuloso y mítico de los cuentos de hadas y folclóricos de la vieja Europa. «Me gustaría que quien lea el libro —escribe la autora— sienta que vive una experiencia antigua, que viaja a una casona del siglo XIX, se instala junto a una chimenea y lee, simplemente lee, un puñado de historias de aquellas que nos hicieron amar la literatura de forma irremediable». En efecto, Patricia Esteban consigue con este magnífico volumen que tengamos la sensación de volver a nuestras primeras lecturas, de las que posiblemente nunca nos hemos escapado del todo.

Patricia Esteban, siguiendo el magisterio de autoras tan influyentes como Angela Carter, se propone una reinterpretación radical de muchos de los arquetipos, personajes, motivos y desenlaces de los cuentos populares más conocidos. Sí, hay princesas y brujas como en las obras de Andersen, pero no aparecen como las conocemos, sino en nuevas facetas más actuales y sorprendentes. Temas como el amor, la muerte, la traición, la locura, la crueldad, la maternidad, la maldad o la crueldad recorren las historias con una intensidad hasta ahora inusitada. También la reivindicación de un papel más importante y menos pasivo de las mujeres —reinas, princesas y niñas— en los cuentos tradicionales constituye una de las señas de identidad de este libro.

LA VIEJA

La vieja solo se sabe un cuento, pero es el mejor de todos. Se relame de gusto mientras pela patatas duras como piedras, pensando que ella es la dueña de esa historia. La vieja da un puntapié al gato negro que se asoma a su cocina, sin dejar de evocar por un instante ese comienzo capaz de apresar cualquier alma. Ella, que apenas recuerda el día en que vive, se sabe un cuento letra a letra, palabra a palabra. Imagina los ojos de sus oyentes mientras remueve la sopa de gachas con el cucharón de madera, se felicita a sí misma porque nunca olvida una coma. Repite para sus adentros el momento en que el llanto de la niña rubia atraviesa el bosque oscuro tras ser abandonada por su propia madre. Paladea complacida ese instante en que la sombra del ogro surge ante ella y se la lleva a su castillo para cebarla bien y darse en solo unos meses un festín con ese bocado tan tierno; meses que al final se convierten en años, porque la niña crece y se hace hermosa de verdad y los ogros, créanme, los ogros también se enamoran, y muy ciegamente, algunas veces. La vieja de los ojos cubiertos de telarañas ve con toda claridad, como si acabara de estrenarlos ahora mismo, que a lo lejos ondea la capa de terciopelo azul del bello príncipe. Sabe que se acerca a lomos del inexcusable corcel blanco para rescatar a la muchacha presa y la vieja, feliz porque se siente la única propietaria de un tesoro, sonríe al esparcir en el suelo del corral el maíz que picotean rítmicamente sus gallinas. Disfruta de una inmensa dicha secreta cuando en la iglesia bisbisea la misma oración que recitan las otras viejas. Puede parecerse a las demás pero ella se sabe un cuento, el mejor de todos. Eso es así, eso la diferencia. Ella y solo ella puede hablar del enorme ojo ensangrentado del monstruo, perplejo, muy abierto, partido en dos por una flecha envenenada. Esa pupila de ciénaga que alcanza a ver, antes de que todo se vuelva oscuro, al borroso galán azulado llevándose lejos a la niña a la que él dejó crecer por puro amor. […]

No voy a desgranar el argumento de los diferentes relatos porque, más que las tramas metamorfoseadas de los antiguos cuentos, es de destacar y admirar el importante trabajo metaliterario y de escritura que ha realizado Patricia Esteban, con un excelente estilo literario que se antoja perfecto para este tipo de historias ya que conserva el aroma de la escritura de los viejos relatos pero con la contundencia, el descaro y las maneras de la narrativa contemporánea. Casi todos los tópicos de este tipo de cuentos tradicionales europeos aparecen en Ni aquí ni en ningún otro lugar: castillos, bosques, lagos, reyes viudos, princesas, reinas, hermanastras, caballeros, brujas, monstruos (enanos y gigantes), espejos mágicos, hadas, hechizos, venenos… Asimismo, personajes universales como Hansel y Gretel o La Bella Durmiente protagonizan historias alternativas como nunca nos las contaron antes. Por poner un ejemplo, una Bella Durmiente despertada por el Príncipe Azul pero eternamente somnolienta y agotada debido a las secuelas de cien años de hechizo, provoca que el Príncipe huya de ella a la primera oportunidad (los finales felices no abundan aquí, precisamente).

Resaltar, por último, la magnífica edición empastada de Páginas de Espuma que ha contado con las ilustraciones y el diseño de la cubierta, guardas y letras capitulares de la conocida artista chilena Alejandra Acosta. Un hermoso libro con el que se asegurarán una lectura gozosa e inquietante.

Puntuación: 4 (de 5)
Páginas de Espuma (2021)
Colección: Voces/Literatura, 314
Ilustraciones: Alejandra Acosta
248 págs.

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Érase una vez una puerta custodiada por hadas y dragones. Érase un reino de bosques encantados y casas embrujadas, de castillos y palacios habitados por princesas y príncipes, brujas y hadas, gigantes y enanos. En este libro Patricia Esteban Erlés se acerca a esas historias, esos cuentos de la niñez, con una mirada y una reinvención personales de la tradición literaria y popular de la narrativa infantil. Un bello y estremecedor catálogo humano de gestos y de personajes marcados por el amor, la muerte, la traición, el miedo, la locura o la crueldad ilustrado por la artista chilena Alejandra Acosta para no olvidar que, en realidad, somos los libros que hemos leído y los relatos que nos han contado. (Sinopsis de la editorial)

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Patricia Esteban Erlés ha publicado tres libros de cuentos. El primero de ellos, Manderley en venta (2008), reeditado por Páginas de Espuma en 2019, obtuvo el Premio de Narración Breve de la Universidad de Zaragoza en 2007. Su segundo libro, Abierto para fantoches (2008), ganó el XXII Premio de Narrativa Santa Isabel de Aragón, Reina de Portugal. En 2010 publicó su tercer libro de cuentos, Azul ruso, y en 2012 su primer libro de microcuentos, Casa de Muñecas, ambos en Páginas de Espuma.

Una veintena de sus cuentos han sido antologados en volúmenes colectivos como Pequeñas Resistencias 5: Antología del nuevo cuento español (2010), Cuento español actual (1992-2012) (2012), Madrid Negro (2016), Las otras y Las mil caras del monstruo (2018), entre otros. En 2017 ganó el Premio Dos Passos con su primera novela, Las madres negras.

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