{Reseña} Bernard Quiriny: Cuentos carnívoros (Acantilado)

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Con toda seguridad el nombre de Bernard Quiriny (Bastogne, Bélgica, 1978) no se conocería en España si no fuera porque la editorial barcelonesa Acantilado lo incluyó en su catálogo hace una década con estos Cuentos carnívoros («Contes carnivores», Éditions du Seuil, 2008), primera obra publicada en español del escritor belga. Bernard Quiriny, cuyo trabajo principal es como profesor de Derecho Público en la Universidad de Borgoña, es autor de apenas cuatro obras además de la que nos ocupa: L’Angoisse de la première phrase (2005), Les assoiffées (2010), Une collection très particulière (2012) y Monsieur Spleen: Notes sur Henri De Régnier (2013). Cuentos carnívoros supuso una bocanada de aire fresco para el cuento imaginativo escrito en Europa, gozando de excelentes críticas desde el momento de su publicación; mostró que todavía es posible, partiendo de formas y temas de la más contrastada tradición fantástica, escribir literatura del mayor interés y calidad.

Un excelente prólogo de Enrique Vila-Matas —donde apenas se cita la obra y el autor prologado, como sería de esperar—, que funciona asimismo como un artefacto fantasioso adicional, abre esta magnífica colección de catorce cuentos mayoritariamente catalogables dentro del género fantástico. La escritura de Quiriny en esta obra se caracteriza, a mi modo de ver por tres aspectos: el primero, por un clasicismo manifiesto en las formas que hace la delicia de cualquier lector hedonista; en segundo lugar, por el uso de la ironía y de un humor negro siempre bajo control para no devenir en lo grotesco o macabro; y tercero, por presentar influencias —más bien homenajes— más que evidentes de algunos maestros como Jorge Luis Borges, Thomas de Quincey, Dino Buzzati, Juan Rodolfo Wilcock y Marcel Schwob, por citar algunos. En todas estas piezas se muestra Bernard Quiriny como un escritor imaginativo, cerebral y excéntrico, dotado de una imaginación tan grande como estrafalaria, lo que lo emparenta con los escritores más raros del género, con los que comparte una visión de la realidad anómala y sorprendente.

EL CUADERNO

Tenía diecinueve años cuando conocí a Bastian Picker. Era un muchacho soberbio y fanfarrón, siempre de punta en blanco, con el bello rostro coronado por una cabellera abundante de la que no se ocupaba. No tenía más años que yo, pero a mí me parecía que no éramos totalmente de la misma generación, de la misma manera que, en la escuela, uno ve muy diferentes a los del curso superior cuando en realidad sólo tienen un año más.

Joven brillante, Bastian había puesto fin prematuro a los estudios en favor de su pasión por la literatura: cuando conocía a alguien se presentaba como «escritor en proceso» y fue así como se presentó conmigo. No había publicado nada pero decía que estaba trabajando desde la adolescencia en una larga novela, mezcla de fantasía y autobiografía, que cuando se publicara, si había que creerle, tenía todas las posibilidades de causar sensación. Entretanto procuraba hacerse una reputación escribiendo sobre libros de otros y se esforzaba por frecuentar la alta sociedad; pasaba las noches en los cafés de artistas y rondaba los círculos de los hombres de letras más estimados del momento.

Debo decir que se desenvolvía bastante bien; no había velada literaria a la cual no lo invitaran, exposición ni inauguración donde uno no lo encontrase, periodista que no lo llamara por el nombre o se deleitara en descalificar con él a otros escritores de su edad, deporte este en que sobresalía aunque él mismo no hubiera demostrado nada aún. Yo a menudo le preguntaba cómo entre tantas mundanidades encontraba tiempo para consagrarse a su obra. Él, petulante, contestaba que no dormía casi nunca y que un talento inmenso le permitía obtener mucho trabajando poco.

[…]

El lector de Cuentos carnívoros se sumerge inmediatamente en un extraño universo, un gabinete de curiosidades donde ni costumbres ni la lógica son normales: en Sanguina una mujer recubierta con piel de naranja se deja mondar y beber por su atónito amante; El episcopado de Argentina aborda el tema del doble —tan querido a Borges— con el extraño caso del obispo de San Julián, poseedor de «dos cuerpos y una sola alma»; Mareas negras presenta una secreta cofradía de estetas aficionados a los derrames de petróleo en el mar; en Qui habet aures un oficinista es capaz de escuchar las conversaciones que hablan de él aunque se produzcan lejos; Quidproquopolis narra cómo la improbable tribu amazónica de los yapus posee el lenguaje más extraño, incongruente e indescifrable del mundo —todo esto es también muy borgeano, naturalmente—; El cuaderno es una magnífica sátira sobre un aspirante a escritor cuyo problema es que no tiene imaginación, por lo que decide robarle los argumentos a un escritor consagrado que los tiene anotados en un cuaderno; Recuerdos de un asesino a sueldo son las hazañas más significativas de un profesional de la eliminación de personas; los relatos Unos cuantos escritores, todos muertos y Crónicas musicales de Europa y otros lugares muestran una galería de escritores y compositores estrambóticos que parecen salidos del Gog de Papini o de las delirantes obras de Juan R. Wilcock; El pájaro raro cuenta cómo la más extraña obra de un artista que realiza sus pinturas sobre la superficie de huevos de todas las especies es la pintada en un huevo puesto por una muchacha; Extraordinario Pierre Gould presenta a este personaje pintoresco que en sí mismo es una fuente de historias inverosímiles; Una borrachera perpetua habla de una fantástica bebida, el zveck, que es capaz de provocar una borrachera eterna si se ingiere en estado de embriaguez; la último pieza del volumen, Un cuento carnívoro, narra la historia de un botánico que se obsesiona con sus plantas carnívoras hasta la locura y que finalmente termina despedazado por ellas.

De modo que sólo me queda recomendarles que se dejen devorar sin miedo por estos peligrosos y divertidos Cuentos carnívoros.

Puntuación: 4 (de 5)
Acantilado (2020)
Colección: El Acantilado, 170
Traducción: Marcelo Cohen | Prólogo: Enrique Vila-Matas
224 págs.

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portada

«Si estos hechos pasmosos son reales, voy a volverme loco; si son imaginarios, ya lo estoy». He aquí el epígrafe de Ambrose Bierce que Bernard Quiriny escogió para este volumen de catorce relatos (quince con el de Vila-Matas que abre el libro y que, a decir del autor español, es tanto prólogo como «un relato que comunica con el resto de cuentos del libro»), todos ellos teñidos por la magia y por un mundo de fuerzas ignotas, en el que sus personajes se encuentran como por casualidad en el vértigo de una simetría desasosegante, el ápice de un deseo o, como los yapus, en el constante malentendido que es incluso provocado por ellos mismos. El lector se verá llevado, de la mano de un escritor iluminado por un poético y volátil humor negro, hacia un vertiginoso torbellino. (Sinopsis de la editorial)

Bernard Quiriny

Bernard Quiriny (Bélgica, 1978) publicó en 2005 su primer libro de relatos, L’Angoisse de la première phrase, que le hizo merecedor del premio Vocation. Cuentos carnívoros es su primer libro editado en castellano.

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