{Reseña} Ramón Gómez de la Serna: Retratos, semblanzas y caricaturas (Ediciones Ulises)

978841630093

Con los títulos de Retratos, semblanzas y caricaturas de escritores y Retratos, semblanzas y caricaturas variadas acaban de aparecer en Ediciones Ulises (Editorial Renacimiento) dos amplios volúmenes que recogen el grueso de esta categoría de textos de Ramón Gómez de la Serna aparecidos en el diario madrileño La Tribuna entre 1912 y 1920, esto es, durante la escasa década de vida de este periódico que contó con la colaboración asidua de escritores como Ramón Pérez de Ayala, Tomás Borrás y Alejandro Pérez Lugín, además del citado Gómez de la Serna. Son obras que en su mayoría permanecían inéditas y que sólo gracias al exhaustivo trabajo de recopilación y transcripción a cargo de Eduardo Alminos López han podido ver la luz en forma de libro. Constituye este lanzamiento, por tanto, un importante acontecimiento editorial que pretende revitalizar la figura de un Ramón Gómez de la Serna cuya importancia e interés no se ve acompañado con su adecuada presencia en las vitrinas de novedades de las librerías españolas.

En el largo y documentado estudio introductorio —quizás excesivamente prolijo para el lector corriente— el profesor Alminos López explica la gran importancia que el género biográfico tuvo en el conjunto de la obra de Gómez de la Serna. Aparte de sus famosos libros autobiográficos (Automoribundia, Cartas a mí mismo, Nuevas páginas de mi vida) y de sus grandes biografías de personajes importantes (El Greco, Lope Viviente, Quevedo, Don Diego Velázquez, Goya, Edgar Poe: el genio de América, Mi tía Carolina Colorado, Don Ramón María del Valle-Inclán, Azorín, José Gutiérrez Solana), Ramón Gómez de la Serna escribió numerosísimas semblanzas biográficas que agrupó en sus colecciones Efigies (1929), Retratos contemporáneos (1941) y Nuevos retratos contemporáneos (1945). Pero como se comprueba en estas recopilación de La Tribuna, su pasión por el trazo biográfico venía de más antiguo, casi desde los inicios de su carreta como periodista y escritor.

Fue el escritor madrileño Tomás Borrás (1891- 1976) quien introdujo a Gómez de la Serna en La Tribuna y fue allí donde nuestro autor inauguró secciones como Variaciones, La Vida y Poliorama, que continuará en otros periódicos hasta la década de los años treinta y en las que aparece su voluntad de ser el observador de la realidad urbana madrileña y de los protagonistas de la actualidad cultural del momento. Allí vieron la luz unos 750 artículos, la mayoría de los cuales están dedicados a temas sobre Madrid (315), seguidos en número de las Semblanzas, Varios, Guerra Mundial, Portugal, París, Greguerías, Circo, Relatos, y otros temas menores. En los textos de semblanzas aparecen, en número decreciente, escritores y periodistas (61 piezas); artistas, dibujantes y críticos (44); actores, actrices de variedades, toreros, gentes del circo, asesinos, raros y marginales (36); médicos, pensadores y científicos (8); personajes ilustres (6) y el propio escritor (2).

«Variaciones. José María Salaverría»

He aquí un caso de injusticia manifiesta, de verdadera conspiración del silencio fuera de su periódico. Parece que hay muchos que quieren callar el nombre de Salaverría y lo que significa. Yo ya estoy harto de eso.

Él, desde su categoría invariable y tranquila, desde su gran publicidad, pese a quien pese luce su actitud decente y sosegada. Muchos quisieran que fuese una sombra, una vaga sombra; pero él sabe opinar, y eso le destaca en este mundo de los que trabucan todas las opiniones.

Él ve el fondo sombrío del mundo; pero no como un pesimista, sino como un observador que tiene sitio para el optimismo en su corazón. Sólo tiene errores cuando se deja influir por esos vahos que salen de los sótanos de la burguesía y que provocan la exageración.

Salaverría, no sé por qué tiene un poco la actitud cabizbaja y de grave frente de un Ignacio de Loyola. […]

***

«Variaciones. Gutiérrez Solana»

A estos verdaderos hombres como Solana no les persigue la información. vivía en Santander, donde estaba perdido, brumoso, húmedo, entre la colección completa de sus estupendos cuadros, cuando se decidió a venirse definitivamente a Madrid, y se trajo sus cuadro, sus muebles, sus antigüedades, buscando y encontrando el caserón estupendo que le correspondía, en la calle Santa Feliciana, un caserón de un solo piso con varios balcones de grandes persianas y dos miradores, un caserón colocado sobre uno de esos pedestales que tenían las casas antes, y sobre los que se subía por una escalera que acababa en el portal.

En su museo de la calle de Santa Feliciana, el gran pintor, que no ha vendido ni se ha desprendido de ninguno de sus cuadros, pinta y escribe, porque Solana, además de un gran pintor, es un gran escritor, y sus dos tomos sobre Madrid son de lo más fundamental que se ha dicho sobre nuestra ciudad, de sus cimientos y de sus sustancia. […]

La nómina de biografiados por Gómez de la Serna en La Tribuna es imponente (algunos de estos personajes no estaban todavía, ni mucho menos, en el apogeo de su fama): Silverio Lanza, Emilia Pardo Bazán, Azorín, Pío Baroja, Unamuno, Juan Ramón Jiménez, Blasco Ibáñez, Ángel Ganivet, Ortega y Gasset, Cansinos-Asséns, Mariano de Cavia, Anatole France, Ramón y Cajal, Marinetti, D’Annunzio, Gutiérrez-Solana, Julio Romero de Torres, Ignacio Zuloaga, Picasso, Ricardo Baroja, Joselito el Gallo, Sarah Bernhardt, Charlot, Rasputín… Naturalmente, también hay semblanzas de personajes que están hoy día totalmente olvidados: nombres como Victorio Macho, Julia Fons o Miguel Viladrich apenas dicen nada al lector actual; no obstante, como el resto de artículos, su lectura es igualmente amena e interesante.

A medida que vamos avanzando en la lectura de estos volúmenes advertimos varias cosas: en primer lugar, que frecuentemente Gómez de la Serna se muestra desconcertante en sus gustos y aprecios. Personajes que creeríamos afines a su forma de entender el mundo y el arte son objeto de crítica (también sucede lo contrario). Por ejemplo, un artista como Filippo Marinetti, padre del futurismo y, a priori, camarada de Gómez de la Serna en las vanguardias artísticas del momento, es tratado tanto él como su movimiento de forma desfavorable («un movimiento deslucido, anodino, lleno de estribillos: el movimiento futurista») Por contra, un escritor que se mantiene en la más pura tradición naturalista como Vicente Blasco Ibáñez es ponderado muy positivamente, tanto como novelista como personalmente. Una segunda característica reseñable es que, si bien nuestro autor siempre fue un consumado humorista, las semblanzas más cercanas a la caricatura me parece que son hoy menos eficaces ahora que cuando se publicaron por primera vez, debido fundamentalmente a que muchos de esos personajes no los conocemos ni están en nuestro imaginario actual, y el efecto del humor y las deformaciones queda muy atenuado. Sin embargo, las semblanzas más objetivas, más neutras e informativas, han resistido perfectamente el paso del tiempo. Un tercer aspecto apreciable es que vemos artículos más apresurados y redactados a vuelapluma, junto a otros de escritura más trabajada y ensayística (esto es totalmente lógico en un trabajo periodístico de esa amplitud). Pero incluso en los primeros, siempre hay ideas brillantes, metáforas novedosas o giros inesperados que salvan el artículo. En los últimos, tanto en forma como en fondo cercanos al ensayo literario, hay un buen número de piezas formidables (por ejemplo, las semblanzas de Eugenio Noel, Ganivet, Tagore, Chaplin o Gutiérrez Solana, entre otras), dignas de aparecer en cualquier antología general de Ramón Gómez de la Serna.

Por último, a la pregunta lógica sobre el sentido que pueda tener el rescate de estos textos periodísticos de hace más de un siglo creo que el editor da una respuesta certera: «Estos artículos tienen interés no sólo para los especialistas en Ramón Gómez de la Serna, sino también para los historiadores de la cultura, los estudiosos del periodismo, los profesores de literatura y, en general, para los lectores, sean o no ramonianos».

Para mí Ramón Gómez de la Serna es un gigante; quizás le faltó una obra de fama universal para ser considerado como tal —esto mismo le ha ocurrido a infinidad de escritores: Quevedo o Alfonso Reyes, por ejemplo—. Por eso cada pequeño texto, por modesto y circunstancial que sea, es una muestra de la mejor literatura, eso sí, una literatura juguetona, divertida y de una inteligencia fulgurante.

Puntuación: 5 (de 5)
Ediciones Ulises (2021)
Colección: Madrid, 7 y 8
Introducción y edición: Eduardo Alminos López
412 págs. + 376 págs.

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Ramón Gómez de la Serna Puig (Madrid, 1881 Buenos Aires, 1963) fue un prolífico escritor y periodista de las vanguardias, generalmente adscrito a la Generación de 1914 o Novecentismo, e inventor del género literario conocido como greguería. Posee una obra literaria extensa que va desde el ensayo costumbrista hasta la biografía, la novela, o el teatro. Su vida y obra es una ruptura contra las convenciones. Es así, una encarnación con el espíritu y la actuación de las vanguardias, a las que dedicará un libro llamado Ismos. Su obra es extensa y su eje central son las greguerías, que es un género iniciado por él, que son un conjunto de apuntes en los que encierra una pirueta conceptual o una metáfora insólita. Divulgó las vanguardias europeas desde su concurrida tertulia, en el Café de Pombo, inmortalizada por su amigo el pintor y escritor expresionista José Gutiérrez Solana. Escribió especialmente biografías donde el personaje reseñado era en realidad una excusa para la divagación y la acumulación de anécdotas verdaderas o inventadas.

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