{Reseña} Manuel Fernández Labrada: Al brillar un relámpago escribimos (Ediciones Trea)

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Al brillar un relámpago escribimos es el último libro del profesor y escritor jienense Manuel Fernández Labrada, autor del que ya reseñamos en su día su extraordinario volumen Ciervos de África, también publicado, como éste, por la asturiana Ediciones Trea. En Ciervos de África se descubría a un escritor de enorme cultura clásica, capaz de manejar con soltura una literatura grecolatina que constituía la materia prima de sus reescrituras y dotado de una inteligente y fina ironía que recorría todos los brevísimos textos que componían el volumen. Manuel Fernández Labrada, que es autor de varias novelas, parece que se está decantando en los últimos tiempos por las formas breves de escritura, quizás más adaptadas a los tiempos vertiginosos que vivimos.

Al brillar un relámpago escribimos, cuyo título proviene de un verso de Bécquer («Al brillar un relámpago nacemos/y aún dura su fulgor cuando morimos;/¡tan corto es el vivir!… »), es una colección de 226 minificciones en la que Fernández Labrada abandona con (alguna excepción) su querido mundo clásico para adentrarse en temas y argumentos mucho más cotidianos. El volumen está dividido en cinco secciones temáticas: Tipos de cuento, La feria de los machistas, Colgados del pentagrama, Heridos de tiza y El peor amigo del perro, dedicadas, respectivamente, al mundo de la escritura, al circo, a la música clásica, a la docencia y a los animales de compañía. Como se ve, los tres últimos temas no son los más usuales en este tipo de libros de microficción —por lo menos a mí me resultan extraños y exóticos—, pero en este caso derivan, sospecho, de la condición de profesor de Fernández Labrada (y posiblemente de melómano y dueño de una mascota).

En Tipos de cuento la irrupción de las redes sociales, de los influencers y de los computadores en el mundo literario son objeto de mofa, pero también de fatalista resignación. La feria de los machistas conjuga el imaginario del circo —¡esa inagotable fuente de minificciones!— con algunos tópicos desquiciados de la tiranía de la corrección política, como los micromachismos, por ejemplo. Son, quizás, las secciones del libro que más me han gustado.

Colgados del pentagrama incursiona, como señalé antes, en el mundo de la música clásica, los conciertos y sus intérpretes y divos. Resultan especialmente divertidas las piezas dedicadas a la música clásica contemporánea, un estilo de composición que recibe pullas sin compasión (y totalmente merecidas, añado). La enseñanza y la moderna pedagogía que la ha destruido sin remisión pueblan los microtextos de Heridos de tiza. Es muy posible que Manuel Fernández Labrada haya vivido en sus propias carnes alguno de estas estrambóticas ficciones. El peor amigo del perro, como se intuye, es el ser humano. En las invenciones de este apartado casi siempre se invierte la lógica de la realidad: las mascotas muestras más inteligencia e interés (incluso para los alienígenas) que sus dueños.

Todas estas historias están escritas con una ironía y mordacidad encomiables —también con su pequeña dosis de crueldad—, siempre mantenidas bajo un férreo control para que el microrrelato no desemboque en lo grotesco o en lo excesivamente surrealista. Especialmente lúcido, escéptico y precavido se muestra el autor frente a todos los avances tecnológicos que irrumpen en el mundo del libro y de la educación, una tecnología capaz de destruir completamente los cimientos de lo que hasta ahora entendíamos por creación literaria y por enseñanza de los más jóvenes.

Aunque todavía hay alguna critica literaria que abomina de la microficción, a mí me sigue asombrando el torrente de imaginación que requiere armar un volumen de microtextos como Al brillar un relámpago escribimos. En efecto, Manuel Fernández Labrada exhibe un ingente caudal de historias, ideas, procedimientos, temas y formas en este magnífico libro, que por si fuera poco está escrito con una prosa cuidada y límpida en extremo.

He leído ya bastantes volúmenes de microrrelatos de grandes autores de este género. Les puedo asegurar que Al brillar un relámpago escribimos está a la altura de todos esos libros. Un título que recomiendo plenamente.

Selecciono a modo de muestra algunos textos de Al brillar un relámpago escribimos extraídos del blog del autor:

De la misma manera que es posible matar a una persona sin herirla en ningún punto vital, aquella malevolente crítica logró acabar con el libro sin acertar en ninguna de sus valoraciones. (Palos de ciego)

Su macabra costumbre de desenterrar textos perdidos de segunda categoría para insuflarles nueva vida y ponerlos luego al alcance de los despiadados lectores y críticos contemporáneos tuvo su merecido castigo a manos del encolerizado fantasma del olvidado escritor. (Frankenstein, Ph. D.)

Dado que la esperanza es el gran sostén de la felicidad humana, podemos vanagloriarnos con justicia de mantener suspendidas, durante larguísimos espacios de tiempo, las infundadas ilusiones de todos aquellos ingenuos autores que han confiado en nosotros enviándonos sus originales. (The Facts in the Case of M. Valdemar)

Basilisco fue un célebre profesor al que le bastaba con dirigir su imponente mirada a los jóvenes para mantenerlos inmóviles y atentos en sus pupitres. Su mujer, Medusa, alcanzó la excelencia profesoral gracias a similares virtudes. (Profesores famosos)

En realidad, la famosa obra de John Cage que pudimos escuchar ayer en el recital solo pretende recuperar para su arte al público más conservador: aquel que se confiesa incapaz de escuchar reiteradas estridencias en los conciertos de música contemporánea. (4′33″ de descanso)

De la misma manera que alzamos la voz cuando nos fallan los argumentos, aquel perspicaz director de orquesta siempre tocaba fortissimo los pasajes más aburridos de las obras que interpretaba. (La mejor defensa)

Nadie puede negar que nuestro instituto ha sido el primero en desarrollar un currículo académico inspirado en principios estrictamente ecológicos y sostenibles. Gracias a una innovadora práctica docente, fundamentada en la callada labor de nuestros profesores, los alumnos terminan su ciclo sin haber aprendido nada de nada, viéndose obligados así a cursarlo de nuevo al año siguiente. A este proceso sin fin, que nos garantiza un alumnado siempre estable y perfectamente integrado, lo denominamos «reciclaje escolar»: un escenario educativo de economía circular donde las calificaciones deseables son, obviamente, los ceros. (Formación continua)

Puntuación: 5 (de 5)
Ediciones Trea (2022)
Colección: Narrativa
140 págs.

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Desde el momento en que los hombres descubrieron el fuego como consecuencia del rayo, el relámpago ha simbolizado el poder generativo de la Naturaleza. Posible agente inductor de la vida sobre la Tierra, el relámpago es un emblema de la luz que disipa los errores, así como el impulso que precisamos para renovarnos y avanzar en nuestro devenir diario. No cabe duda de que la literatura encarna a la perfección esos dos valores -por su capacidad desveladora y transformadora de la realidad-, pero es en el texto breve, ya sea aforismo o minificción, donde su semejanza con el relámpago se percibe de manera más inmediata. Y no porque la lectura o la scritura sean labores de un instante, sino porque la idea original, cuando es fecunda, nos asalta con la celeridad y contundencia del rayo. Es aquello que generaciones más ingenuas que la nuestra denominaron inspiración. Era entonces cuando las musas susurraban a los poetas y Zeus escribía con el trueno sus designios en el cielo.

Amparado por el fulgurante verso de Bécquer, Al brillar un relámpago escribimos despliega ante el lector cinco diferentes nubes de tormenta, preñadas de relámpagos de muy diversa índole, pero coincidentes todos en abatirse sobre dominios cercanos a la experiencia del autor. Queda invitado el lector, pues, a disfrutarlos en su compañía, a evaluar, desde su ventajosa posición de observador, cuáles aciertan y cuáles fallan en su sinuoso camino hacia la meta.  

Aunque inocuos en su intención, no estará de más que el lector sepa acogerse, a modo de infalible pararrayos, a la misma mirada irónica y tolerante con la que fueron escritos. (Sinopsis de la editorial)

Manuel Fernández Labrada

Manuel Fernández Labrada es doctor en Filología Hispánica. Desde 1996 reside en Granada, donde ha colaborado con la Universidad en el estudio y edición del Teatro Completo de Mira de Amescua. Es autor de diversos trabajos de investigación sobre literatura española del Siglo de Oro.
Entre sus últimos libros de narrativa publicados figuran: El refugio (2014), La mano de nieve (2015) y Ciervos en África (Trea, 2018).
También escribe en su blog de literatura, Saltus Altus http://saltusaltus.com y en la revista digital de cultura El Cuaderno.

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