{Reseña} Antología universal del relato fantástico (Atalanta)

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En 1940 se produjo en el ámbito editorial en lengua española un acontecimiento de gran importancia, toda vez que la editorial Sudamericana de Buenos Aires publicó el amplio volumen Antología de la literatura fantástica con selección a cargo de Jorge Luis Borges, Adolfo Bioy Casares y Silvina Ocampo. (En 1965 la Antología fue ampliada con otros textos adicionales). Este libro supuso una profunda reflexión y reivindicación de la literatura fantástica —especialmente el cuento—, género históricamente muy menor, casi marginal dentro de las letras hispanas. Muchas generaciones de aficionados hispanohablantes al género fantástico hemos tenido como punto de partida esta antología que alcanzó una tremenda relevancia desde el momento de su publicación. Naturalmente, hay otras antologías de literatura fantástica que han tenido gran repercusión, como Racconti fantastici dellOttocento (Mondadori, 1983), de Italo Calvino o Anthologie du Fantastique (Gallimard, 1958), de Roger Caillois; precisamente, esta última la pretendió traducir y editar Atalanta pero la dificultad de hacerse con los derechos de autor llevó a Jacobo Siruela a realizar su propia antología personal, libro que finalmente vio la luz en 2012 con el título de Antología universal del relato fantástico y que ahora llega a su tercera edición. (https://www.edicionesatalanta.com/catalogo/antologia-universal-del-relato-fantastico/

«Existen dos maneras de acercarse a lo fantástico —escribe Jacobo Siruela en el Exordio que abre el libro—. La primera es centrípeta, y tiende a delimitar su campo de acción dentro de una estructura narrativa determinada y unos períodos históricos bien definidos. La segunda es centrífuga, y se extiende más allá de los géneros, al entender que, por su enorme variedad de temas y tratamientos estilísticos, lo fantástico no puede quedar circunscrito al cuento de terror y sus variantes, sino que debe referirse a un fenómeno literario más amplio, cuyo rastro multiplica sus huellas en todas las literaturas del mundo. La primera clasifica y pertenece al ámbito de la crítica. La segunda, desclasifica y proviene del desenvolvimiento del arte mismo. La presente antología es afín a esta última perspectiva». Ciertamente, este Exordio de setenta páginas constituye, junto con la Historia natural de los cuentos de miedo de Rafael Llopis, uno de los más interesantes ensayos que han aparecido en nuestra lengua sobre el relato fantástico, un texto que intenta sistematizar desde una perspectiva amplia la confusa caracterización de este género.

En primer lugar, y siguiendo a Tzvetan Todorov (Introduction à la littérature fantastique, 1970), conviene distinguir entre lo maravilloso, que se da cuando lo sobrenatural es aceptado y no se pone en duda (habitualmente este género se aplica al cuento de hadas, el cuento oriental y la Fantasy), y lo fantástico, cuando lo maravilloso o sobrenatural se produce en la realidad cotidiana e inevitablemente surge la duda del protagonista y del lector, exigiendo entonces las leyes narrativas otro rigor en la trama, indispensable para dar credibilidad al relato. (Por cierto, que está por publicar una antología del relato maravilloso para adultos, algo que desconozco si se ha hecho). Hay que situar el nacimiento del género fantástico moderno con E.T.A. Hoffmann, en cuyas obras se empiezan a establecer uno de los elementos más característicos del cuento fantástico, que es la ambigüedad («Lo que hizo Hoffmann fue introducir el elemento sobrenatural y macabro en el contexto cotidiano. Pero, a diferencia del tormentoso y confuso paroxismo gótico inglés, el escritor alemán optó por jugar con la ambigüedad de los acontecimientos fantásticos»). Sigue un repaso cronológico, biográfico y geográfico por los hitos más importantes del cuento fantástico. Finalmente, el editor enumera los temas recurrentes en el género fantástico («Sus variantes son enormes, tal vez inabarcables, pero no sus temas medulares»): El fantasma, La personificación de la muerte, El pacto con el diablo, Vampiros, Hombres lobo, Las casas o lugares hechizados, Metamorfosis, El doble, Monstruos, La estatua, el autómata o la armadura, Magia, Otras dimensiones, Paradojas del tiempo, Temas bíblicos, La inmortalidad, Sueño y realidad, y por último, Alucinaciones. Seguramente el lector experto encontrará ejemplos de otros temas novedosos que añadir a los antes expuestos, aunque es muy probable que sean una actualización de esos temas o una hibridación de varios de ellos. Como escribe Italo Calvino, «el elemento sobrenatural en el centro de estas historias aparece siempre cargado de sentido, como la rebelión de lo inconsciente, de lo reprimido, de lo olvidado, de lo alejado de nuestra atención racional. En esto se ve la modernidad de lo fantástico, la razón de su triunfal retorno en nuestra época. Notamos que lo fantástico dice cosas que nos tocan de cerca, aunque estemos menos dispuestos que los lectores del siglo pasado a dejarnos sorprender por apariciones y fantasmagorías».

En cualquier caso, siempre fue difícil teorizar sobre lo fantástico, como bien apuntó Augusto Monterroso en un Congreso sobre el tema: «Cuando oímos las palabras literatura fantástica la mayoría de nosotros imagina saber de qué se trata, pero la verdad es que, por fortuna, hasta ahora no existen definiciones o, mejor pensado, a la fecha existen en el mundo tantas definiciones, limitaciones y condiciones para determinar la existencia de este género, que cada quien puede, si no formular la suya de manera universalmente aceptable, sí, por lo menos, llegar a un acuerdo consigo mismo y suponer que sabe de qué habla cuando habla de literatura fantástica». En esta estela, yo me atrevo a añadir una definición personal, tan inexacta como las demás y más subjetiva si cabe: fantástica es aquella narración que a un avezado lector del género le produce unas sensaciones específicas y difíciles de describir (extrañamiento) que no encuentra en la literatura realista.

 «LA ESTATUA DE SAL» (Leopoldo Lugones)

He aquí cómo refirió el peregrino la verdadera historia del monje Sosistrato:

-Quien no ha pasado alguna vez por el monasterio de San Sabas, diga que no conoce la desolación. Imaginaos un antiquísimo edificio situado sobre el Jordán, cuyas aguas saturadas de arena amarillenta, se deslizan ya casi agotadas hacia el Mar Muerto, por entre bosquecillos de terebintos y manzanos de Sodoma. En toda aquella comarca no hay más que una palmera cuya copa sobrepasa los muros del monasterio. Una soledad infinita, sólo turbada de tarde en tarde por el paso de algunos nómadas que trasladan sus rebaños; un silencio colosal que parece bajar de las montañas cuya eminencia amuralla el horizonte. Cuando sopla el viento del desierto, llueve arena impalpable; cuando el viento es del lago, todas las plantas quedan cubiertas de sal. El ocaso y la aurora se confunden en una misma tristeza. Sólo aquellos que deben expiar grandes crímenes, arrostran semejantes soledades. En el convento se puede oír misa y comulgar. Los monjes que no son ya más que cinco, y todos por lo menos sexagenarios, ofrecen al peregrino una modesta colación de dátiles fritos, uvas, aguas del río y algunas veces vino de palmera. Jamás salen del monasterio, aunque las tribus vecinas los respetan porque son buenos médicos. Cuando muere alguno, le sepultan en las cuevas que hay debajo a la orilla del río, entre las rocas. En esas cuevas anidan ahora parejas de palomas azules, amigas del convento; antes, hace ya muchos años, habitaron en ellas los primeros anacoretas, uno de los cuales fue el monje Sosistrato cuya historia he prometido contaros. Ayúdeme nuestra Señora del Carmelo y vosotros escuchad con atención. Lo que vais a oír me lo refirió palabra por palabra el hermano Porfirio, que ahora está sepultado en una de las cuevas de San Sabas, donde acabó su santa vida a los ochenta años en la virtud y la penitencia. Dios le haya acogido en su gracia. Amén.

[…]

Las 1233 páginas de apretado texto en papel biblia de la Antología contienen cincuenta y siete de los mejores relatos fantásticos de los siglos XIX y XX. Algunas piezas exceden la extensión del relato y casi son breves nouvelles que suelen aparecer publicadas como tales. Es el caso de El Wendigo, de Algernon Blackwood o El empapelado amarillo, de Charlotte Perkins Gilman, por ejemplo. Se ha intentado evitar la excesiva repetición de argumentos y, salvo ¿Quién sabe? de Maupassant, no repetir textos —sí algunos autores— de la antología de los argentinos con lo que se pueden adquirir los dos libros sin tener duplicidades indeseables. Naturalmente, hay nombres —algunos son mencionados en el Exordio— que por falta de espacio han quedado fuera de esta selección y que bien podrían integrar una hipotética Segunda Antología: Nodier, Mérimée, Wells, Schwob, Conan Doyle, Yeats, Fernández Flórez, Daphne du Maurie, Arreola, Felisberto Hernández, Eliade, Kobo Abe, Calvino… son autores que cultivaron con originalidad y éxito el relato fantástico y que podrían integrar cualquier selección.

Yo he releído la mayoría de los cuentos que tenía en otras ediciones y la totalidad de las piezas que desconocía. Tengo que decir que el placer estético e intelectual que me ha producido su lectura es difícilmente descriptible o comparable a otras lecturas convencionales. Obviamente, es absurdo comentar los autores y obras de la Antología ¿acaso se puede añadir algo nuevo sobre Poe, Borges, Kafka?—, pero sí voy a señalar algunas reflexiones que me ha producido la lectura de este volumen. En primer lugar, la confirmación de la fecundísima tradición del cuento de fantasmas (ghost story) en las letras angloamericanas, un subgénero siempre continuista y siempre revitalizado desde su nacimiento en la época victoriana. En segundo lugar, a vindicación del relato fantástico en lengua española, cuyo cultivo ha sido bastante tardío pero muy vigoroso, sobre todo en tierras argentinas y mexicanas. Tercero, la constatación de que algunos autores realistas que cultivaron esporádicamente el género lo hicieron con maestría —Turguénev, Rosa Chacel, Paul Bowles—. Y por último, la certidumbre de que las tradiciones literarias no occidentales pueden contribuir decisivamente a la renovación de un género que puede parecer en ocasiones agotado o tendente a un excesivo manierismo.

Para terminar y como información, indico los autores incluidos en la Antología por orden de aparición: Hoffmann, Honoré de Balzac, Alexander Pushkin, Edgar Allan Poe, Nathaniel Hawthorne, Théophile Gautier, Villiers de L’Isle-Adam, Wilkie Collins, Bulwer-Lytton, Fitz James O’Brien, Charles Dickens, Iván Turguéniev, Sheridan Le Fanu, Vernon Lee, Guy de Maupassant, Rudyard Kipling, Arthur Machen, Ambrose Bierce, Charlotte Perkins Gilman, Margaret Oliphant, Henry James, Robert Hichens, O. Henry, M. R. James, Leonid Andréiev, Leopoldo Lugones, Hanns Heinz Ewers, Algernon Blackwood, Giovanni Papini, Junichiro Tanizaki, Oliver Onions, Saki, E. F. Benson, Gustav Meyrink, Kafka, H. P. Lovecraft, Lord Dunsany, May Sinclair, Hugh Walpole, Ann Bridge, María Luisa Bombal, Jorge Luis Borges, Dino Buzzati, Francisco Tario, Alejo Carpentier, Adolfo Bioy Casares, Shirley Jackson, Rosa Chacel, Julio Cortázar, Silvina Ocampo, Robert Aickman, Paul Bowles, Danilo Kiš, Javier Marías, Cristina Fernández Cubas y Naiyer Masud. 

A la pregunta típica y un poco tonta de qué cinco libros rescataría de mi biblioteca particular en caso de necesidad o me llevaría a una isla desierta, tengo que afirmar sin dudarlo un instante que esta Antología universal del relato fantástico es uno de ellos. Es obvio, por tanto, que mi recomendación es ABSOLUTA.

Puntuación: 5 (de 5)
Ediciones Atalanta (3ª edición, 2022)
Colección: Ars Brevis, 79
Edición y prólogo: Jacobo Siruela
1256 págs.

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The Mask of the Red Death 1883

La totalidad de estos cuentos demuestra sobradamente que la literatura fantástica es mucho más que un mero género literario. Su vasto abanico de temas, complejidad narrativa y continuidad en el tiempo, y el hecho de que tal vez los mejores relatos de los dos últimos siglos ya transcurridos sean fantásticos –pensemos en Poe, Maupassant o Henry James en el XIX, y en Borges o Kafka en el XX–, es ya una prueba cabal de que constituyen una categoría literaria universal de primer orden e inagotable potencia.

Jacobo Siruela, editor de dos celebradas colecciones de literatura fantástica en la editorial Siruela y autor de la más completa y documentada antología de cuentos sobre vampiros publicada en español (Atalanta, n.º 48), rinde con este libro su personal tributo a toda una vida de lecturas sobrenaturales. (Sinopsis de la editorial)

(Nota: The Mask of the Red Death, de Odilon Redon)

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